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Un pequeño Grand Tour andaluz (II)

Mi madre y yo estamos sentados en la iglesia de los Descalzos, maravilla del barroco andaluz. La mañana del miércoles toca a su fin y tres señoras están también sentadas bajo las exuberantes yeserías y los angelotes que revolotean por todas partes, diríase que ensimismadas ante la visión del altar, donde hoy está expuesto el Santísimo en su custodia de oro. Las tres lucen peinados similares, cabello montado a punto de nieve a base de secador y laca. Van vestidas con la sobriedad característica de los pueblos de la campiña sevillana. Ninguna habla, han venido solas. Mi madre y yo hemos visitado la iglesia con sigilo, conscientes de lo solemne de la situación, intentando pasar desapercibidos. Al levantarnos y dirigirnos a la salida, un señor salido de ninguna parte se nos acerca malencarado para recordarnos que no se le puede dar la espalda al Santísimo y que debemos, por tanto, salir caminando hacia atrás. Empequeñecidos por el alarde de autoridad del desconocido, además de por la situación (un lugar sagrado en un pueblo extraño), cogidos de improvisto en una tesitura inédita, sin tiempo para reaccionar, los dos obedecemos con mansedumbre y abandonamos el templo reculando, como dos idiotas. Una vez en la calle me vienen al recuerdo mis visitas a las iglesias de París y de Sevilla, lugares que frecuento desde siempre con fruición. Y me hago de nuevo las mismas reflexiones acerca de las diferencias abismales que existen entre ambas, siendo la más importante el restringido horario de los templos sevillanos, abiertos solo para la misa, frente a los parisinos, que es posible visitar en cualquier momento del día. Qué diferencia también, me digo mientras caminamos en busca de un restaurante donde almorzar, entre la atmósfera distendida y hospitalaria de las iglesias en París, auténticos lugares de acogida, con esas personas que pasan horas dormitando en una silla, leyendo o charlando en susurros con quien se tercie, y las iglesias españolas, donde las expresiones adustas cargan el ambiente y las miradas de reojo hacen que uno se sienta constantemente bajo sospecha de herejía.

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Un pequeño Grand Tour andaluz (I)

Al igual que aquellos europeos del norte que recorrían Italia y Grecia, mi madre y yo hemos hecho un viajecito por Andalucía durante los primeros días del año. Solo que nosotros, en vez de visitar Padua o Rávena, hemos estado en varias ciudades medianas del… Leer más

Libreros de Sevilla: Antonio Bosch

Mi experiencia de Sevilla es particular. Me crié en la ciudad, estudié en su Universidad y después la abandoné para instalarme en París. A pesar de que vuelvo a ella con frecuencia durante varios días, sigo su actualidad desde la distancia, a través de la… Leer más

Autoentrevista

Esto no tiene mucho sentido. ¿Quién soy yo para hablar de Sevilla, o de lo que sea? El hecho de hablar así ya suena a egotrip, a despertar la conmiseración y atraer la atención. Te estás haciendo una autoentrevista, miarma. No debes tener tan baja… Leer más

Howards Antiques

The eye has to travel (El ojo debe viajar), pienso cada vez que entro en una tienda de antigüedades. La célebre frase de Diana Vreeland no hace referencia a lugar alguno: la editora estadounidense señalaba más bien el deber que tienen las revistas especializadas, de… Leer más

Libreros de Sevilla: Yerma

En París me cuesta salir a las afueras de la ciudad, visitar a amigos que se han mudado al otro lado del périphérique. Aunque los precios de los alquileres se disparen, el auténtico parisino no concibe vivir, ni pasar demasiado tiempo, en un lugar que… Leer más