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	<title>La ciudad &#8211; Bonjour Séville</title>
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	<description>Un proyecto sobre Sevilla hecho desde París</description>
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		<title>Howards Antiques</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Nov 2022 09:51:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
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<p><em>The eye has to travel</em> (El ojo debe viajar), pienso cada vez que entro en una tienda de antigüedades. La célebre frase de Diana Vreeland no hace referencia a lugar alguno: la editora estadounidense señalaba más bien el deber que tienen las revistas especializadas, de moda y estilo en su caso, de guiar al lector en un viaje estimulante a través de las páginas. De ilustración en fotografía y de fotografía en artículo, la lectura debe llevarnos, según Vreeland, en un vagabundeo por otros mundos e ideas. Una evasión reconfortante. Algo parecido ocurre en los buenos anticuarios. Uno visita estos espacios abigarrados y la mirada divaga entre objetos de otras épocas, revoloteando sobre la madera, el óleo y los tejidos. A medio camino entre el museo, el gabinete de curiosidades y el interior burgués, la puesta en escena juega allí un papel esencial. Todo parece estar dispuesto con el objetivo de seducir, de despertar la sorpresa, la sugestión aterciopelada, <em>baudelariana</em>, a veces abrumadora. Como en las iglesias, teatralidad y artificio dominan, envuelven y vencen. «Lo más importante es que la tienda tenga un recorrido, que esté despejada y vaya guiando al cliente en su visita. Las piezas fuertes deben estar repartidas para dosificar la intensidad». Ismael Páez creció en una familia de anticuarios. A los 4 años ponía con su padre un pequeño puesto en el mercadillo de la Alameda, los domingos por la mañana, fraguándose así en el peculiar círculo de los amantes de lo viejo. Su madre, Susi, se especializó en los tejidos de otras épocas. Madre e hijo ocupan hoy dos espacios contiguos en la calle Bustos Tavera, esa zona del casco histórico discreta y liviana, recogida frente al desmán del turismo que arranca a pocos metros. </p>



<p>Visito Howards Antiques, la tienda de Ismael, una mañana de octubre. Un apretón de manos firme y decidido, una sonrisa franca, un <em>Me alegro de verte</em> lanzado con sabroso acento de barrio. Nos sentamos al fondo. Ismael lleva una perla a modo de pendiente en la oreja derecha y un tatuaje del <em>Ángel Caído</em> de Alexandre Cabanel en uno de los brazos. Bebe de una botellita de San Pellegrino. La puesta en escena personal también cuenta, pienso, aunque en este caso contraste con el entorno (¿o no tanto?) y con la idea del anticuario anticuado. «Yo soy un <em>chamarilero fino</em>. Un anticuario estudia en profundidad la pieza y la conserva expuesta durante meses, años si es preciso, hasta que se vende. Aquí compramos y vendemos con el objetivo de que las piezas circulen, que esto sea dinámico. Tengo que divertirme». Miro a mi alrededor. Toda una comunidad de santos, Vírgenes y Cristos pueblan la tienda encerrados en vitrinas o sobre peanas. Marcos, tulipas, molduras, incluso cubiertos de plata se esparcen con soltura por los expositores. Al fondo una cortina adamascada a medio recoger, como en un escenario; por el suelo, alfombras y esterillas. Howards comparte el espíritu de una tienda de antigüedades sevillana como Dios manda y lo sofistica con el desaliño propio de una <em>brocante</em> francesa. Víctima propicia, el hechizo empieza a apoderarse de mí. «No estudié historia del arte ni nada parecido. He aprendido mirando, tocando. Funciono por el pálpito: cuando una pieza me da <em>pellizco</em>, tengo que conseguirla como sea. A veces son impulsos casi físicos, el objeto o la obra te llama. Luego hay otras cosas que compras porque son comerciales, se van a vender fácilmente».</p>



<p>Francia y España se acercan a lo antiguo desde perspectivas muy alejadas. Si la primera celebra la circulación de cosas del pasado en innumerables mercadillos y <em>vide-greniers</em>, España ha dado la espalda durante décadas a todo lo viejo y usado, cautivada por el desarrollo y la modernidad. El francés conserva, el español tira a la basura y va al Corte Inglés. «Es verdad, pero Sevilla es una excepción. Aquí existe mucha afición a la antigüedad, a cierta antigüedad al menos. En otras ciudades, cuando se desmonta una casa por fallecimiento, los descendientes intentan venderlo todo (muebles, tejido, arte, vajilla) y se reparten las beneficios. El sevillano trata de mantenerlo todo en el seno de la familia. Creo que existe una mayor conciencia del valor de todos esos objetos reunidos a lo largo de varias generaciones. Por eso resulta difícil comprar en Sevilla. De hecho, a menudo me avisan desde Barcelona de que una familia de aquí está vendiendo, como si fuera una operación secreta, a escondidas. Hay algo de deshonra en el hecho de deshacerse del patrimonio familiar». Quizás la devoción a la familia no sea la única que explique la inclinación del sevillano hacia lo antiguo. Los franceses llaman <em>bondieuseries</em> (<em>quincalla de Dios</em>, <em>baratijas divinas</em>) a esos objetos de la piedad popular que uno puede llevarse a casa: estampas, figuritas, velas, rosarios&#8230; La modernidad parisina utiliza este merchandising religioso para decorar algún rincón de su apartamento, pero siempre con ironía. Así, una <em>sainte Thérèse de Lisieux</em> de cerámica se coloca en una estantería de la cocina, un grabado del martirio de <em>saint Sébastien</em> sobre las cremas y los perfumes en el cuarto de baño. No hay lugar para la veneración, ni para el apego sentimental, al contrario de lo que suele ocurrir en Sevilla. En París el objeto piadoso se ha desprendido de su función original, en Sevilla la sigue cumpliendo. Howards tiene algo para ambos clientes. «Además aquí están las hermandades, tanto las jóvenes como las de solera, que buscan siempre renovar o mejorar su patrimonio. De todas formas, en Sevilla se vende lo que se vende. Intentamos vender mueble industrial y no funcionó. Tengo varias litografías de Warhol en un cajón porque nadie las quiere. Objetos pop de los años 70, tampoco&#8230;».  </p>



<p>¿Y el Jueves? «Probablemente sea el mercadillo más antiguo de Europa pero actualmente no está en su mejor momento. Creo que el Ayuntamiento debería cogerlo y renovarlo. Siempre fue un punto de encuentro de profesionales: ahí están las fotos de principios del siglo XX, con el cristalero, el cacharrero, el anticuario&#8230; En algún momento todo eso se diluyó en un revoltijo de baratura y de cosas encontradas en los contenedores. Nosotros intentamos cambiar el género todas las semanas, hacer algo digno. Habría que replantearse el Jueves como una vitrina para la gente de la profesión, para los artesanos también. Cualquier ciudad importante tiene un buen mercadillo de antigüedades. En Sevilla es muy difícil». Un conocido, tal vez del barrio, entra y pregunta a Ismael el precio de tres Niños Jesús. Tiene uno en su casa, quiere saber cuánto podría obtener deshaciéndose de él. En mi siguiente visita, otro hombre pasa por la tienda hablando de una Dolorosa que está dispuesto a vender. Tomo conciencia entonces de cómo el negocio está aquí imbricado en la vida de la gente y su patrimonio, sus recuerdos quizás, su supervivencia a veces. Las obras de arte, el mobiliario, los objetos de la vida cotidiana, más allá de la fascinación novelesca que puedan despertar, son gajos de historias dispersados según el capricho del tiempo. </p>



<p><a href="https://www.instagram.com/howardsantiques/?hl=es">https://www.instagram.com/howardsantique</a>s</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0381-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-6807" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0381-768x1024.jpeg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0381-225x300.jpeg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0381-1152x1536.jpeg 1152w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0381-1536x2048.jpeg 1536w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0381-360x480.jpeg 360w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0381-scaled.jpeg 1920w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



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<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0380-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-6813" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0380-768x1024.jpeg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0380-225x300.jpeg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0380-1152x1536.jpeg 1152w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0380-1536x2048.jpeg 1536w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0380-360x480.jpeg 360w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/11/IMG_0380-scaled.jpeg 1920w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure></div>
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		<title>Libreros de Sevilla: Yerma</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Oct 2022 11:13:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En París me cuesta salir a las afueras de la ciudad, visitar a amigos que se han mudado al otro lado del périphérique. Aunque los precios de los alquileres se disparen, el auténtico parisino no concibe vivir, ni pasar demasiado tiempo, en un lugar que&#8230; <a class="read-more" href="https://bonjourseville.com/es/libreros-de-sevilla-yerma/">Leer más</a></p>
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<p>En París me cuesta salir a las afueras de la ciudad, visitar a amigos que se han mudado al otro lado del <em>périphérique</em>. Aunque los precios de los alquileres se disparen, el auténtico parisino no concibe vivir, ni pasar demasiado tiempo, en un lugar que no sea <em>Paris intramuros</em>. ¿Qué se me ha perdido a mí por ahí fuera? Algo parecido me ocurre en Sevilla: el centro me absorbe y no soy capaz de traspasar la barrera psicológica de las antiguas murallas. Por mucho que el casco histórico, irreconocible ya, pierda su savia, que las calles y plazas sean pasto del turismo y la baratura, uno se empeña en transitarlas una y otra vez, por inercia, en un gesto estéril. La batalla, por ahora, está perdida, me digo al fin. ¿Por qué seguir insistiendo? ¿Por qué no aventurarse en otras zonas de la ciudad? Deponer las armas: os entregamos el centro para que mercadeéis con él, dejadnos el resto. Por el ver el lado positivo, la muerte de los centros históricos de las ciudades empuja a snobs como yo a romper sus hábitos, a concebir la ciudad más allá de lo monumental y pintoresco. </p>



<p>La librería Yerma no está en el centro, pero tampoco muy lejos de él. Tampoco está en un arrabal de solera. Abrió sus puertas en 1993, poco tiempo después de la construcción del edificio que la alberga, en un entorno a medio hacer, desligado de la ciudad explotable, sin el poso histórico de ésta pero rodeado de facultades y colegios. Eso debe de ser el progreso: que un barrio tenga una librería en su seno desde el principio. «Yerma siempre ha estado muy unida al vecindario. Nuestra historia corre pareja a la del barrio, así como a la vida académica que se respira por esta zona de ciudad. Mi tía Rosa, lectora voraz y <em>aspersiva</em> en sus recomendaciones, siempre quiso ser librera y no dudó cuando se le presentó la oportunidad. Estuvo al frente de Yerma hasta hace tres años, cuando se jubiló. Entonces nosotros cogimos la librería». Sergio Rojas-Marcos hizo el viaje inverso a la mayoría: de la edición, en Athenaica, al oficio de librero. Recogiendo un legado de casi 30 años de actividad, de vinculación al instituto Murillo y a las facultades de psicología, filosofía y ciencias de la educación, de enfoque feminista, asumió el mando del espacio con un respeto absoluto por su espíritu. «Se da la paradoja de que estamos en un barrio joven pero somos una librería veterana. Treinta años es una cifra respetable en estos casos. Cuando me hice cargo del negocio, sabía muy bien que era necesario conservar lo conseguido. No se trataba de reinventarlo, de adaptarlo a los tiempos, sino de mantenerlo fiel a sí mismo».</p>



<p><strong>¿Cómo fue el paso del mundo de la edición al de la venta?</strong></p>



<p>Yo no conocía en su justa medida el poder que puede tener una librería para fidelizar al lector. La gente viene y a menudo espera que le recomiendes algo, que le digas qué tiene que leer. En esa situación ayuda tener criterio y cierta seguridad. Se crea entonces una relación de confianza, casi de intimidad, muy curiosa, por intensa y efímera. Al principio yo no poseía esas dotes, dudaba, no me sentía legitimado para asumir tal responsabilidad. Con todo, creo que no hay que ser demasiado firme a la hora de aconsejar, puede ser contraproducente. La prudencia y la humildad son las mejores aliadas. Yo suelo pedir a los clientes que vuelvan y que me digan si les ha gustado el libro que les recomendé. </p>



<p><strong>Porque evidentemente un librero no puede leer todo lo que se publica.</strong></p>



<p>Es imposible. En España se publica mucho desde hace al menos 20 años. Actualmente el mercado del libro se encuentra en una especie de vorágine. Nunca han existido tantas pequeñas editoriales de calidad y nunca han tenido tanto poder los grandes grupos. Puede sonar contradictorio pero es que hoy es muy fácil montar una editorial. Existe un menudeo de títulos publicados en tiradas cortísimas y, en paralelo, <em>superventas</em> diseñados con el objetivo de reventar el mercado. Debido a esa enorme cantidad de libros publicados, los libreros podemos hacer de prescriptores, es algo propio de España. En otros países, con niveles de lectura más latos y con mayor número de habitantes, todo lo que se publica se vende sin casi mediación del librero. Aquí hay mucha devolución y mucho libro destruido: sale más a cuenta que almacenarlos. Realmente es una cadena poco efectiva. </p>



<p><strong>No se piensa en esa vertiente técnica cuando se fantasea con el oficio de librero.</strong> </p>



<p>Ese trasfondo es esencial, es la base de todo. La gestión, la rutina, suponen la mayor parte del trabajo. Luego evidentemente existe un lado más amable, más humano, que te permite hablar de libros con la gente. </p>



<p>Sergio y yo estamos sentados en la entrada de la librería, en una mesa dispuesta para la ocasión. La luz y el aire suave entran a raudales por la puerta y las cristaleras abiertas. El fondo musical y los libros alrededor, recubriendo estantes y expositores, nos arropan con benevolencia. Huele a papel y a madera. A pesar de lo que acabo de escuchar, me cuesta escapar de esa visión romántica del trabajo en una librería. </p>



<p><strong>¿Tú cómo empezaste a leer?</strong></p>



<p>Mi madre y mis hermanos son grandes lectores. En casa siempre hubo libros. Para mí también fue muy importante la asignatura de literatura española del siglo XX en COU, así como el profesor que me la impartió, Manuel Fernández Alonso. Ahí empecé a leer cosas con más enjundia. Después en la facultad recuerdo empezar a frecuentar librerías con mis compañeros de clase. </p>



<p>En Francia, los alumnos de algunos institutos están obligados a leer 20 minutos al principio de la primera clase después del recreo. Cada uno trae consigo de casa el libro que esté leyendo en ese momento y, durante esos minutos, todos, incluido el profesor, leen en silencio. De hecho la iniciativa se llama <em>Silence, on lit !</em> (¡Silencio, se lee!). Luego, la clase puede comenzar. La participación en esta actividad no cuenta en el expediente académico, no existe un objetivo cuantitativo. Simplemente se trata de reservar un espacio para la lectura, también para la concentración y el respeto, cada alumno sumergido en su pequeña edición de bolsillo, algunos adormilados. Me hubiera gustado participar en ese ejercicio durante mis años de instituto en el Colegio Aljarafe. Empecé a leer por imitación de mi familia y por mi dificultad para las relaciones sociales. Cuanto más leía, más lo necesitaba, pero también más diferente del resto me sentía. Leer junto a mis compañeros de clase, normalizar la lectura (una asignatura pendiente en España, según algunos de los libreros entrevistados en esta serie), habría sido reconfortante. </p>



<p><strong>¿Qué relación tiene Sevilla con la lectura?</strong></p>



<p>Esa pregunta tiene difícil respuesta. Te puedo decir que una gran parte de los clientes de Yerma tiene más de 60 años. Son asiduos a la librería desde hace mucho tiempo. Con frecuencia pido libros pensando en ellos, en sus gustos que conozco tan bien. ¿Los mayores leen más que los jóvenes? Me suena a cliché. Creo que se trata sobre todo de un problema de poder adquisitivo. De hecho me encanta cuando viene algún cliente joven, tal vez estudiante de la facultad de filosofía, a comprar una edición de bolsillo haciendo un gran esfuerzo económico. Esa pequeña venta me produce un enorme placer. </p>



<p><strong>El libro de bolsillo no se vende tanto en España como en otros países.</strong></p>



<p>Sería una buena forma de estimular la lectura: ampliar y dar más promoción a ese tipo de ediciones. Resulta incomprensible que esas estupendas colecciones no reciban la atención debida. En comparación con otros países, en España el libro es un producto caro. ¿Por qué no hacer hincapié en los formatos asequibles? </p>



<p><strong>En Yerma tienen mucho protagonismo. </strong></p>



<p>El espacio lo diseñó mi tía y, al ser todo de madera, parece el interior de un barco. Es algo poco frecuente en Sevilla, más propio de regiones del norte. La galería que recorre el espacio sirve para proponer más libros. Además las estanterías son correderas: el espacio es doble. Ahí es podemos mantener las colecciones de bolsillo de Cátedra, de Alianza, que siempre han estado en el meollo del proyecto. Yerma funciona como una libería de barrio, generalista, y al mismo tiempo especializada, con sus secciones de filosofía, educación, psicología&#8230; </p>



<p><strong>Antes has hablado de la relación tan estrecha con el barrio. ¿Y con el resto de la ciudad?</strong></p>



<p>También es muy importante y se materializa cuando organizamos actividades. Tenemos varios clubes de lectura, programamos a menudo charlas con especialistas, presentaciones&#8230; Es esencial para que esto funcione. Una librería no sobrevive tan solo abriendo sus puertas cada mañana: es necesario organizar actividades. Quizás es algo de aquí, esa necesidad de comunicar, de abrir el espacio, de dinamizarlo con encuentros sociales. Tal vez en otros lugares la librería sigue siendo un lugar dedicado a la experiencia individual. Pero estamos en Sevilla&#8230; En cualquier caso se trata de un debate interesante: ¿la lectura es un gesto íntimo o social?  </p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" width="683" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/10/F3FD8D69-5A6C-4377-8390-78332D166E63_1_201_a-683x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-6586" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/10/F3FD8D69-5A6C-4377-8390-78332D166E63_1_201_a-683x1024.jpeg 683w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/10/F3FD8D69-5A6C-4377-8390-78332D166E63_1_201_a-200x300.jpeg 200w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/10/F3FD8D69-5A6C-4377-8390-78332D166E63_1_201_a-768x1152.jpeg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/10/F3FD8D69-5A6C-4377-8390-78332D166E63_1_201_a-1024x1536.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/10/F3FD8D69-5A6C-4377-8390-78332D166E63_1_201_a-1365x2048.jpeg 1365w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/10/F3FD8D69-5A6C-4377-8390-78332D166E63_1_201_a-scaled.jpeg 1707w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure></div>
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		<title>Taller de encuadernación Sebastián Rodríguez</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 May 2022 07:11:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artesanía]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Made in Séville]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Como siempre me pasa cuando visito el taller de un artesano, me siento ridículo. ¿Qué pinto yo aquí, tratando de entender en un rato un savoir faire pulido a lo largo de los siglos? Qué inconsistente mi móvil, mi cámara de fotos, mi cuaderno para&#8230; <a class="read-more" href="https://bonjourseville.com/es/taller-de-encuadernacion-sebastian-rodriguez/">Leer más</a></p>
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<p>Como siempre me pasa cuando visito el taller de un artesano, me siento ridículo. ¿Qué pinto yo aquí, tratando de entender en un rato un <em>savoir faire</em> pulido a lo largo de los siglos? Qué inconsistente mi móvil, mi cámara de fotos, mi cuaderno para tomar notas. Uno tiene que quitarse el sombrero cuando escucha hablar a alguien como Sebastián Rodríguez, encuadernador desde hace casi 60 años. Hoy todos amamos la artesanía, lo hecho a mano. Instagram, las revistas de tendencias y las guías de viaje se extasían ante esos talleres más o menos escondidos donde se afanan artesanos anclados en otra época. Las imágenes de esos lugares, hermosos y pintorescos, junto a la idea del trabajo manual, nos seducen al plantearnos una alternativa a la vida hiperconectada que llevamos. Pero realmente ¿quién de nosotros sería capaz de encerrarse durante años para perfeccionar una técnica artesanal, casi siempre en soledad y con una retribución económica más que fluctuante? A mí me costaría mucho. Admiro a los que eligen ese camino y cuando los visito en su lugar de trabajo, siempre me presento con reverencia y humildad. </p>



<p>Hace años que paso por delante del taller de encuadernación de la calle Amparo. Cuando por fin un día decido entrar, Sebastián está terminando un trabajo sobre el mostrador. Le hablo de Bonjour Séville, de mi interés por escribir un texto sobre su historia. Él se muestra sorprendido ante la posibilidad de que su vida y su oficio puedan interesar a alguien. A lo largo de nuestra conversación, percibo en él cierta incredulidad: ¿quién es este extraño que se presenta en mi taller y que me pide que le hable mi actividad? ¿Para qué todo esto? Por mi parte, vacilo: ¿no debería dejar tranquilo a este señor? ¿Qué necesidad hay de escudriñar los rincones de la ciudad, de exponer en las redes sociales lugares como este, felizmente ajeno a tecnologías y tendencias? Mi determinación flojea más que nunca. Me siento un mercader, un <em>influencer</em>, lo peor. Pero es Sebastián quien me saca de mis dudas. Me invita a entrar en la casa, a atravesar el patio y visitar la parte trasera del taller. Qué privilegio, pienso. ¿Cómo rechazar semejante amabilidad? Después comprenderé que se trata también de desapego. Sebastián me abre las puertas de su casa y de su oficio desde la libertad que da la modestia. «En mi casa siempre hubo libros, cajas llenas debajo de las camas. Mi padre era librero de viejo y compraba y vendía constantemente. Cuando compró esta casa, instaló aquí el negocio, en la planta baja, donde estamos ahora mismo. Al poco tiempo tuvo la oportunidad de comprar toda la maquinaria y los instrumentos del antiguo taller de encuadernación Márquez, que estaba en la calle Mateos Gago, y se lo trajo todo aquí». Sebastián me muestra su colección de hierros para marcar las pieles que se utilizan en la encuadernación: letras, escudos, coronas, símbolos&#8230; Todos los estilos están representados, desde el mudéjar al romántico, pasando por el plateresco. «Yo ya había comenzado, a los 14 años, a trabajar en la imprenta y en el taller de los Salesianos. Hay que tener en cuenta que entonces, en los años 60, había muchas imprentas por toda Sevilla. Los comerciantes recurrían mucho a ellas para imprimirlo todo: facturas, cartas, libros de cuentas&#8230; En paralelo, encuadernar era bastante más frecuente que hoy; se encuadernaban las tesis doctorales, por supuesto, pero también las colecciones de varios números de una revista. Hoy se ha convertido en algo minoritario».  </p>



<p></p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" width="683" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_0737-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-6174" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_0737-683x1024.jpg 683w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_0737-200x300.jpg 200w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_0737-768x1152.jpg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_0737-1024x1536.jpg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_0737-1365x2048.jpg 1365w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_0737-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure></div>



<p></p>



<p>En la librería paterna, Sebastián utiliza los conocimientos adquiridos en los Salesianos para encuadernar y restaurar libros antiguos. Por el momento, su trabajo reproduce lo que ha aprendido en Sevilla de la mano de viejos artesanos: labores repetitivas, sin demasiada proyección artística. «Entonces me fui a Barcelona a completar mi formación. Cuando volví, empecé a emplear una técnica más cuidada y más en la corriente de la encuadernación artística moderna. Resulta curioso: tuve que salir de Sevilla para perfeccionar y para actualizar mi oficio». Volvemos al espacio principal del taller, el que da a la calle. Una hilera de hermosos papeles de aguas cuelga al fondo, todos confeccionados aquí. Sebastián me muestra entonces algunas de las operaciones que intervienen en la encuadernación de un libro, un proceso rico y complejo, lleno de posibilidades. Acepto que no voy a comprender ese proceso en estos pocos minutos. Lo que sí hago es sumergirme en el vocabulario técnico del oficio. Descubro que un objeto en apariencia sencillo como un libro está compuesto por numerosas partes, cada una con un nombre evocador: gracias, cabezadas, cofia, media caña, nervios&#8230; «El oficio ha evolucionado mucho. Hoy hay gente que hace cosas totalmente nuevas, muy interesantes. Yo también he introducido innovaciones en la técnica, como el uso del metal en las tapas y guardas. Cuando uno encuaderna un libro clásico, es necesario adaptarse a la época, al estilo; sin embargo, cuando se trata de algo moderno, el libro es como un lienzo en blanco que permite una gran libertad al encuadernador. Ahí es donde se puede experimentar». </p>



<p>Lo antiguo, lo moderno: conceptos que, lejos de limitar, parecen liberar el trabajo de Sebastián. Con su mirada pragmática y libre, la nostalgia le es ajena. Por más que intento arrancarle alguna queja, algún suspiro por el pasado, él no cae en la trampa. «Todo va cambiando. Ya casi no quedan imprentas en el centro. Todo el mundo imprime por Internet. Tampoco talleres de encuadernación. El paisaje de la ciudad ha cambiado enormemente en ese aspecto. ¿Era mejor antes? A mí hay cosas en la Sevilla de hoy que no me gustan, pero antes también las había. Las cosas son así y hay que aceptarlas». Yo, a través de mi iPhone y de mi cámara, me aferro a la melancolía; Sebastián, trabajando con sus manos, rodeado de herramientas más que centenarias, está anclado en el presente, desprendido y ligero. Tal vez ese sea el secreto del artesano. </p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img loading="lazy" width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8764-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-6172" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8764-768x1024.jpeg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8764-225x300.jpeg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8764-1152x1536.jpeg 1152w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8764-1536x2048.jpeg 1536w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8764-360x480.jpeg 360w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8764-scaled.jpeg 1920w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure></div>



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		<title>Antigua Cerería del Salvador</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Dec 2021 20:12:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artesanía]]></category>
		<category><![CDATA[Centro]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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<p>Conozco a alguien en París que, al caer la noche, ilumina su apartamento únicamente con velas. La vela, ese artilugio de pasmosa simplicidad, tiene también el poder de crear, de evocar atmósferas con solo aplicarle una breve llama. En Sevilla, más que el interior de las casas, las velas alumbran el interior de los templos. El fuego se utiliza aquí para convocar y para convencer a la divinidad. Para embellecerla también. Desde hace más de 100 años, los maestros cereros de <a href="https://www.cereriadelsalvador.es">Antigua Cerería del Salvador</a> manejan como nadie este poder asombroso. Al igual que los orfebres de Seco, cuya historia relaté en<a href="https://bonjourseville.com/es/seco/"> otro post</a>, esta familia contribuye con su <em>savoir-faire</em> a insuflar vida a las imágenes de las iglesias sevillanas, esa población muda que sin embargo palpita y suspira a la luz de los cirios. La historia de esta venerable casa comienza en 1845, en una finca de Puebla del Río. La familia coloca panales en los abundantes eucaliptos y vende la miel que las abejas producen. «La cera se utilizaba para fabricar velas allí mismo, en el cortijo. Fue mi bisabuelo, o quizás mi tatarabuelo, Antonio López, quien empezó a comercializarlas. En la familia siempre hemos sido <em>Antonios</em> y <em>Manueles</em>«, me cuenta Manuel López. Esta mañana visito la tienda de la plaza del Salvador, último emplazamiento de un negocio que ha viajado por toda Sevilla. «A principios del siglo XX mi familia se trasladó al Centro. Primero a una casa en la calle Siete Revueltas, donde se fabricaban y se vendían las velas. Luego al número 8 de la plaza del Salvador, a una casa que hacía las veces de fábrica, tienda y vivienda. En las fotografías de la época se puede ver que ya se vendían objetos de decoración, como en un bazar. Esa vertiente del negocio se fue abandonando progresivamente hasta quedar circunscrita al arte sacro. En cualquier caso, las velas siempre han sido el centro de nuestra actividad». Hoy la cera se compra a una cooperativa de apicultores y las velas se fabrican en un polígono industrial de las afueras. </p>



<p>La tienda del Salvador se encuentra en la unión de las calles Álvarez Quintero y Villegas. Esa curva, recoleta y añeja, albergó hasta hace poco establecimientos que nada tenían que ver con los que ahora la afean. Siempre he querido pensar que aquellas tiendas inspiraron a Luis Cernuda uno de los textos de <em>Ocnos</em>: <em>El bazar</em>. En él, el poeta rememora la atmósfera de los viejos negocios burgueses de interior acolchado y chic (perfumerías, sombrererías, boutiques de novedades y decoración), cuyo encanto flota en el aire, <em>impersonal e indivisible, como el aroma mismo de las pieles, los polvos de arroz y el opponax, hecho ya época él mismo, leyenda e historia.</em> Yo recuerdo, en ese tramo de calle, pasar por delante de escaparates primorosos, instalados en otro momento y en otra ciudad: frascos de <em>eau de Cologne</em>, guantes y monederos de piel, sombreros de fieltro con pluma. Hoy solo Antigua Cerería mantiene esa solera que escapa al tiempo. Como en el bazar cernudiano, el aire huele aquí a cera, a incienso y a resinas. «El incienso se preparaba antiguamente en enormes mantas que extendíamos por el suelo de casa. Allí mezclábamos la mirra y las otras esencias. En función de la cosecha, cada año los ingredientes huelen diferente y la mezcla tiene su propio carácter». Manuel saca de un mueble bajo una inmensa tableta de cera virgen, cuyo olor, denso y dulzón, no es comparable con nada. «Mucha gente compra la cera pura en tacos para tratar muebles antiguos. También la buscan los restauradores y los estudiantes de bellas artes».</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="683" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/12/1BAF55AA-45D3-4933-9C55-D1549C43F32D-e1640289805552-683x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-5947" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/12/1BAF55AA-45D3-4933-9C55-D1549C43F32D-e1640289805552-683x1024.jpeg 683w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/12/1BAF55AA-45D3-4933-9C55-D1549C43F32D-e1640289805552-200x300.jpeg 200w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/12/1BAF55AA-45D3-4933-9C55-D1549C43F32D-e1640289805552-768x1152.jpeg 768w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure></div>



<p>Evidentemente, la actividad de la Cerería se acelera cuando se aproxima un culto especial en alguna iglesia de la ciudad y, sobre todo, cuando se acerca la Semana Santa. La Iglesia estipula la composición que deben tener las velas utilizadas en las misas y en otras funciones litúrgicas. «Algunas están hechas de una mezcla de cera virgen con parafina, a diferentes porcentajes. Pero, para las procesiones, la mayoría de cofradías intenta que sus pasos lleven únicamente cera virgen de abeja», explica Manuel. La priostía hace un encargo por medidas de cera y cada vela lleva un economizador o capitel en el extremo superior. Este pequeño recipiente, que recoge la cera que se va fundiendo, impide que esta chorree y se pierda. «La cera es una materia cara, hay que evitar desperdicios. Toda debe arder». Nada se deja al azar, todo es de una precisión asombrosa. Los cirios que lleva un paso, sobre todo un paso de palio, deben tener cierta flexibilidad para no romperse durante una <em>levantá</em>. Esto se consigue, además de gracias a la pureza de la materia prima, mediante el método de inmersión utilizado por los fabricantes de la Cerería. Las mechas se introducen una y otra vez en la cera fundida que, capa a capa, van conformando la vela. Así se garantizan robustez y resistencia. Maravillado por estas explicaciones, pienso en mi amigo parisino y en su ritual vespertino. Antes de salir de la tienda, compro dos velas de cera pura para llevárselas a París. A mi lado, dos chicos conversan con una de las vendedoras. Creo que se disponen a comprar alguna figura sagrada (un angelito, un santo, una virgen). Son jóvenes, casi adolescentes. Hablan de coronas, tejidos y advocaciones de vírgenes con soltura y conocimiento. Prodigios de Sevilla.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="1024" height="683" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/12/7332AF99-A029-4FB8-AAE8-92FF936AE8EA-1024x683.jpeg" alt="" class="wp-image-5951" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/12/7332AF99-A029-4FB8-AAE8-92FF936AE8EA-1024x683.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/12/7332AF99-A029-4FB8-AAE8-92FF936AE8EA-300x200.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/12/7332AF99-A029-4FB8-AAE8-92FF936AE8EA-768x512.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure></div>
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		<title>Libreros de Sevilla: La Fuga</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Oct 2021 14:51:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alameda de Hércules]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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<p>Todos fantaseamos con la idea de escapar. La fuga puede estar motivada por una urgencia amenazante, pero uno puede también fugarse solo por un momento, en un pequeño acto de rebeldía cotidiana. Una evasión que otorga perspectiva, un respiro ante las fauces del día a día. Fugas reales o imaginarias, tal vez la más espectacular de todas, y la más extendida, sea la de uno mismo. Huir, escapar son actividades sanas y necesarias. Un amigo que conozco desde hace años reivindica su derecho a vivir en la ficción, a preferirla a la realidad. En cualquier caso, fugarse constituye un acto legítimo practicado por muchos, en soledad o en grupo. La Fuga, la librería de la calle Conde de Torrejón, en el barrio de la Alameda de Hércules, está abierta a todas las formas de la huida liberadora. Luis Gallego, su creador y propietario, se propuso abrir un espacio donde ejercer el oficio de librero, a la vez que un lugar al servicio de los movimientos sociales y artísticos de Sevilla. </p>



<p>«Abrí La Fuga en noviembre de 2004. Todos estos años me han ayudado a tener una panorámica bastante completa de lo que pasa en la ciudad. Desde esa posición de observador privilegiado, puedo poner en contacto a gente que trabaja en temas afines. Ese es uno de los roles más importantes del librero: ser un puente entre las personas».</p>



<p><strong>¿Cómo ha cambiado la ciudad, y sobre todo el barrio, desde 2004?</strong></p>



<p>Yo puedo estar aquí porque en su día compré el local. Hoy me sería imposible pagar un alquiler, por pequeño que fuera, en este barrio. La Alameda ha cambiado muchísimo en 17 años, sobra decirlo. Primero se gentrificó y luego se turistificó. En 2006, publicamos <em>El Gran Pollo de la Alameda</em>, un libro que retrataba los últimos años de lucha social en el barrio cuando ya todo estaba perdido: aquel año se acometieron las obras que supusieron el desmantelamiento social de la zona. A pesar de todo, desde principios del siglo XX, la Alameda, como todo el norte del casco antiguo, ha sido el barrio de la lucha, de la contestación. También de la creación y del arte. Tiene sentido que La Fuga esté donde está.</p>



<p><strong>Frente a la ciudad del turismo y el tópico, La Fuga ofrece un espacio para la resistencia.   </strong></p>



<p>La Fuga es una librería política. No porque haya mucho ensayo (de hecho, hay mucha narrativa, además de poesía o de cómic), sino porque el enfoque es político. La política está en todas partes: en cómo cuentas una historia o en qué visión del mundo vehiculas, independientemente de tu calidad literaria. Por ejemplo, yo no tengo nada de Vargas Llosa, ni del Grupo Prisa; no voy a legitimar sus tomas de posición. Esa decisión ya es política.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="683" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/10/30EF4C6B-2A80-4897-9FB1-0D406EA56FC1-e1633099805945-683x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-5884" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/10/30EF4C6B-2A80-4897-9FB1-0D406EA56FC1-e1633099805945-683x1024.jpeg 683w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/10/30EF4C6B-2A80-4897-9FB1-0D406EA56FC1-e1633099805945-200x300.jpeg 200w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/10/30EF4C6B-2A80-4897-9FB1-0D406EA56FC1-e1633099805945-768x1152.jpeg 768w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>



<p></p>



<p><strong>¿De qué hay que fugarse?</strong></p>



<p>Encontré el nombre de la librería charlando con unos amigos poetas. Nos gustó a todos. Se puede justificar como se quiera, por ejemplo la fuga del trabajo asalariado, de la normatividad. Resulta un nombre casi misterioso. </p>



<p><strong>¿Y un librero puede ayudar en esa huida?</strong></p>



<p>Bueno, paradójicamente, el oficio de librero tiene una parte importante e invisible de trabajo administrativo, que te ata a la realidad del negocio. Es una faceta monótona y tediosa pero imprescindible para constituir un buen fondo. Tener un buen fondo, coherente y de calidad, es lo más importante. En ese sentido, me parece que Palas es la mejor librería de Sevilla. Luego está el rol de prescriptor: debes recomendar libros a tus clientes, a medida que conoces sus gustos e intereses. Eso se aprende con el tiempo. Ahí sí puedes aportar tu granito de arena en la fuga, metafórica o real, de algunos de ellos.</p>



<p><strong>¿Hay que leer mucho para desempeñar ese rol?</strong></p>



<p>Yo suelo leer una hora al día, en casa o en el autobús. Evidentemente, es imposible leerlo todo. Hay que conocer el perfil de los autores y de las editoriales, sobre todo de las independientes. Suelen tener un catálogo muy trabajado, con unas líneas muy definidas. Cuando entiendes esas líneas, el trabajo de prescripción se vuelve más claro. Hay que tener cierto olfato, porque en España se publica mucho, demasiado. El mercado editorial nacional se comporta como una burbuja que crece sin parar a base de novedades. Los clientes también me descubren cosas constantemente, incluso me hacen replantearme aspectos de la librería en los que nunca había pensado. Es como un trabajo en equipo. Realmente, hay muchas formas de apoyar un negocio, no solamente comprando. Por eso, el fuerte de La Fuga es la gente que gira alrededor, de muchas formas diferentes. Todos forman parte de la aventura.</p>



<p>Como una pantalla de cine, los grandes ventanales enmarcan la intersección de las calles Correduría y Conde de Torrejón, ese cruce señero en el barrio.  Veo gente que se dirige al trabajo, que pasea al perro, en bici. Es un día cualquiera entre semana y me sorprende ver que hasta cuatro clientes entran en la librería para preguntarle a Luis por varios títulos, que acaban comprando. Los prejuicios (Sevilla, ciudad que no lee, inculta) y el desconocimiento me pueden a menudo. </p>



<p>«Es verdad que Andalucía occidental supone una parte ínfima en las ventas de las distribuidoras. He escuchado decir a editoriales de Madrid que en Sevilla hay pocas librerías, pero lo cierto es que sobrevivimos todas&#8230; En cualquier caso, es seguro que a veces resulta difícil vender libros en esta ciudad». </p>



<p><strong>¿Qué relación tiene Sevilla con la lectura, con la cultura?</strong></p>



<p>Es complicado, no sabría qué decirte. Ademas de la imagen típica, hay otras Sevillas. Por ejemplo, el tema de la contracultura está muy olvidado aquí, mientras que en Barcelona se reivindica y se ha integrado en la historia y en el imaginario de la ciudad. Se ha capitalizado. En Sevilla parece como si nunca hubiera existido, sigue siendo subterráneo (lo que, por otro lado, es aun más contracultura). La realidad es que Barcelona miraba más a Sevilla que a Madrid en los años 70. Hay una memoria de espacios y personajes que pervive en la memoria de los que vivieron aquellos años, pero la cultura oficial nunca se ha interesado por esa vertiente, imprescindible para comprender la ciudad en toda su riqueza. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="683" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/10/91814F93-6D36-4976-BBDB-372E168DEA61-1024x683.jpeg" alt="" class="wp-image-5886" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/10/91814F93-6D36-4976-BBDB-372E168DEA61-1024x683.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/10/91814F93-6D36-4976-BBDB-372E168DEA61-300x200.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/10/91814F93-6D36-4976-BBDB-372E168DEA61-768x512.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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		<title>Historia(s) de Itaca (III)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Apr 2021 20:30:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta serie de textos nace de mis conversaciones con José Antonio Campillo, fundador y propietario de Itaca, el mítico espacio, abierto en 1979, de la calle Amor de Dios. Las primeras tuvieron lugar por teléfono, entre París y Sevilla, a lo largo de octubre de&#8230; <a class="read-more" href="https://bonjourseville.com/es/historias-de-itaca-iii/">Leer más</a></p>
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<p><em>Esta serie de textos nace de mis conversaciones con José Antonio Campillo, fundador y propietario de Itaca, el mítico espacio, abierto en 1979, de la calle Amor de Dios. Las primeras tuvieron lugar por teléfono, entre París y Sevilla, a lo largo de octubre de 2020. Luego se sucedieron otros encuentros&nbsp;cara&nbsp;a&nbsp;cara&nbsp;en&nbsp;varios&nbsp;cafés&nbsp;y&nbsp;bares&nbsp;sevillanos,&nbsp;que&nbsp;me&nbsp;permitieron&nbsp;afinar&nbsp;el&nbsp;relato&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;historia&nbsp;del&nbsp;club,&nbsp;indisociable&nbsp;del&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;vida&nbsp;de&nbsp;José&nbsp;Antonio y de la propia ciudad. Para este tercera parte, he contado además con el testimonio de otras personas que han participado en el devenir del club a lo largo de los años: Luis Yanguas, DJ entre 1988 y 2000; Mae, su sucesor hasta el día de hoy; &nbsp;Felipe&nbsp;Vivas, creador infatigable;&nbsp;Tina&nbsp;Cristal,&nbsp;artista&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;espectáculos&nbsp;de&nbsp;los&nbsp;miércoles&nbsp;de&nbsp;madrugada.</em></p>



<p><em>El Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española señala que Ítaca se pronuncia habitualmente en español como palabra esdrújula y que, por tanto, debe llevar tilde. He preferido utilizar&nbsp;la&nbsp;forma&nbsp;llana&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;misma,&nbsp;Itaca,&nbsp;tal&nbsp;vez&nbsp;incorrecta&nbsp;pero&nbsp;consagrada&nbsp;por&nbsp;las&nbsp;miles&nbsp;de&nbsp;personas&nbsp;que,&nbsp;desde&nbsp;hace&nbsp;40&nbsp;años,&nbsp;han&nbsp;frecuentado&nbsp;esta&nbsp;isla&nbsp;de&nbsp;libertad&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;centro&nbsp;de&nbsp;Sevilla.</em></p>



<span id="more-5693"></span>



<p><strong>Un chico conduce hacia Matalascañas en los años 70. Como muchos fines de semana, escapa de Sevilla buscando soledad, calma. Huye de su trabajo en la fábrica, de su puesto en el sindicato, de la represión asfixiante. Huye también de sí mismo, de la paliza que su padre le dio a los once años por mariquita. Una señal en la carretera le hace desviarse de su destino, casi sin pensar: El Rocío. Llegado a la extraña aldea, el coche levanta nubes de polvo al avanzar por calles que parecen salidas de un </strong><em><strong>western</strong></em><strong>. Finalmente, para ante la Ermita. En su interior, el chico se sienta frente al altar, sin saber muy bien qué hace ahí. Es la primera vez que visita el santuario. «Recuerdo que empecé a hablar interiormente, sin demasiado control, a sacar de mí algo que era medio confesión, medio oración. Recuerdo una mirada que encerraba una comprensión infinita, que me decía </strong><em><strong>No pasa nada.&nbsp;</strong></em><strong>Nadie&nbsp;conocía&nbsp;entonces&nbsp;mi&nbsp;homosexualidad». A raíz de ese encuentro, el chico participará puntualmente en la peregrinación que cada año realizan miles de personas, «esa comuna hippy ambulante», hacia las marismas del Guadalquivir. «El Camino es un camino de reflexión con pautas muy marcadas: unas veces se canta, otras se reza, o las dos cosas a la vez. Otras veces, muchas, se da rienda suelta a la diversión y al jolgorio que, desde mi punto de vista, para nada están reñidos con lo religioso. La convivencia hace aflorar el amor entre la gente. Hay momentos, tremendos de emotividad, en que quieres abrazar a todo el mundo. No he encontrado un sentimiento de hermandad parecido en ningún sitio». Resulta curioso cómo las palabras de José Antonio al hablar de la romería del Rocío concuerdan con las de los que vivieron la época de oro de Itaca: «Itaca unió a una generación», sentencia Luis Yanguas; «aquella sensación de fiesta y conexión es irrepetible. La gente aplaudía cuando se encendían las luces y la noche terminaba», recuerda Mae. ¿Y si la chispa que prendió el fuego de Itaca hubiera que buscarla en el Rocío? En cualquier caso, la discoteca de la calle Amor de Dios fue en sus mejores momentos un lugar de peregrinación para muchos.</strong></p>



<p>«Me considero un revolucionario del amor, como fui un revolucionario de la lucha obrera. Además, soy impulsiva y analfabeta». José Antonio tiene ganas de hablar. Está a gusto. Llevamos varios encuentros en diversos bares de la Alameda de Hércules, yo cuaderno y grabadora en mano. Él sigue desenmarañando los 40 años de historia de Itaca. A medida que me va contando, percibo en su voz, en su mirada, la sorpresa de quien toma conciencia de todo lo vivido y creado, a menudo olvidado. Tras repasar los primeros pasos del club, llegamos al momento cumbre, a esos años que forjaron el mito. Pero también noto, muy sutil, cierta decepción por la labor no reconocida, quizás también caída en el olvido («Itaca no es ni sombra de lo que fue. Los chicos de hoy no conocen su historia», me dirá Tina Cristal). Personalmente, no recuerdo la primera vez que entré en el club, pero sí la primera vez que alguien me habló de él. Fue a finales de los años 90. Me dijeron que en Amor de Dios existía un lugar, que nadie había visitado, donde se hacía intercambio de parejas. La anécdota da fe de los falsos rumores y de las leyendas que envolvían al local. El aura en torno a Itaca lucía entonces desde hacía más de diez años. Luis Yanguas rememora aquella década dorada en que el espacio, lugar de culto para toda una comunidad de incondicionales, hacía también fantasear a los no iniciados. «La gente que pasaba por delante no sabía lo que ocurría allí dentro. Itaca era un mundo, una familia compuesta por personas de toda la provincia, de toda España, de toda Europa. Aun hoy, la gente tiene mucha nostalgia de aquellos años». Esa época decisiva empieza en 1988, cuando el bar experimenta una metamorfosis total. Ya transformado en discoteca, Itaca será a partir de entonces un santuario del placer, de la fraternidad y de la libertad único en la España de entonces.</p>



<p><strong>Una revolución sevillana</strong></p>



<p>José Antonio frecuenta varios clubes antes de emprender la transformación de Itaca. En Mallorca, visita Ábaco: «Barroco <em>mariconil</em> tremendo en una casa-palacio llena de jarrones. Ponían Wagner y caían pétalos del cielo. Un lugar para maricas refinadas». Este espíritu abigarrado y decadente, tan sevillano por otra parte, será uno de los ingredientes del cocktail que José Antonio elaborará en la ciudad. 1988 es el año del gran cambio. Tras varios meses de obras, el nuevo Itaca abre sus puertas y Sevilla se quita un velo más, o dos. Con todas las cartas sobre la mesa, la apuesta del club es radical e inédita en la ciudad: una discoteca <em>de ambiente</em> con todas las de la ley, en pleno centro y con unos medios nunca vistos. El espacio aparece decorado con estatuas, columnas y jarrones. En las paredes, los murales de Felipe Vivas, realizados con pan de oro, despliegan una Arcadia poblada de fornidos muchachos en actitudes equívocas. Un homenaje al pasado de Sevilla, a sus palacios renacentistas y a sus ruinas de Itálica, y también un guiño a los péplums que excitaban la curiosidad de José Antonio cuando niño. Una fascinación por la Antigüedad grecolatina ineludible en cualquier maricón que se precie, al menos hasta hace una generación. «Quería combinar esas referencias con el cariz sexual y libre que el espacio había adquirido con los años, desde aquellas primeras proyecciones de cine X y aquel amago de cuarto oscuro». El club responde a un proyecto ambicioso pero bien meditado, coherente y sincero, como el discurso de su impulsor. También heterogéneo e inesperado, como la ciudad misma. Pero, más que por la puesta en escena, el nuevo Itaca supone un hito por sus dimensiones. Tras la anexión del local de una antigua ferretería, su superficie se ha duplicado y abarca dos plantas, con cine porno y cuarto oscuro. Solo en Madrid y en Barcelona existe alguna discoteca gay de esas características. El éxito es inmediato. Luis Yanguas, que empieza a trabajar como DJ en este momento, recuerda aquellas primeras noches tras la reapertura, en diciembre del 88: «Entrábamos boquiabiertos. Parecía imposible que un club así existiera en Sevilla». La gente, mucha gente, empieza a acudir: viene de los barrios, de los pueblos y, poco a poco, de otras provincias de Andalucía. El club se llena cada noche hasta el amanecer. Muchos vienen atraídos por el cuarto oscuro, que, ahora en la planta de arriba y mejor acondicionado, exorcisa la represión y la frustración de años. «Tuvimos que enseñar a los chicos a canalizar el ímpetu con el que entraban. En Barcelona se había abierto un local con cuarto oscuro que no funcionó, porque aquello era una verbena. Aquí hicimos mucha pedagogía, sobre todo en cuanto al respeto y al tacto que hay que tener en un lugar así. Hubo que educar mucho», recuerda José Antonio. En Itaca solo pueden entrar hombres. El morbo y el cotilleo quedan fuera. Frente a un mundo invadido por la heterosexualidad, el club se da el gusto de consagrar un espacio imaginario, utópico y, en aquel momento, muy necesario.</p>



<p>La gente sigue viniendo, cada vez más: chicos jóvenes y no tanto, en pareja, solteros, casados. Gente común y gente famosa. Gente del cine, de la política, del ejército. Curas. Un cardenal. Un señor del Aljarafe viene todos los fines de semana con una bolsa de plástico, de la que un par de tacones que se calza nada más entrar en el club. Subido a ellos toda la noche, por la mañana vuelve a su pueblo, y probablemente a una vida de ocultación, llevando zapato de caballero. Nadie mira a nadie, nadie hace comentarios. Todos los clientes participan de la fiesta en pie de igualdad. Y la fiesta se alimenta, se enriquece de este clima plural e inclusivo. Las luces de colores iluminan cada noche a una multitud palpitante que se revuelve como un cuerpo en libertad. Felipe Vivas evoca la heterogeneidad de la pista de baile, donde «el duque alternaba con el albañil». Itaca es, en palabras de Luis Yanguas, «una democracia perfecta», donde todos, absolutamente todos, gozan de iguales derechos. Esta política supone un corte de mangas al clasismo y a la caspa tradicionales de las discotecas de Sevilla. Itaca mira más allá. Su pista de baile y su cuarto oscuro son en estos años los lugares más cosmopolitas de la ciudad. Pronto, su notoriedad traspasa Despeñaperros y, con el tiempo, también los Pirineos: la gente viene a Sevilla, desde diversos puntos de España y de Europa, para conocer este «paraíso gay», como lo evoca Yanguas. «Itaca estaba increíblemente cargado sexualmente». El objetivo de su fundador, crear un lugar de encuentro y de diversión, seguro y diverso, queda cumplido. Su afán por integrar, por acercar, presente ya en aquel muchacho que aspiraba a borrar divisiones en su pueblo, sigue intacto. José Antonio declara: «&nbsp;Siempre, también hoy, me he resistido a encasillar Itaca: no es un club para gente mayor, ni para gente joven, ni para osos. Es un espacio acogedor y esa ha sido, creo, una de las claves del éxito. El lema no es <em>Divide y vencerás</em>, es <em>Reúne y vencerás</em>». O, como decían las madres en Villanueva del Río y Minas para restaurar la solidaridad cuando sus niños se peleaban: <em>Entre todas los parimos</em>. En aquellos años, los propios clientes acuñan el término <em>Itacasa</em>: el club es sin duda un segundo hogar para muchos.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="1024" height="647" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser14-1024x647.jpeg" alt="" class="wp-image-5706" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser14-1024x647.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser14-300x190.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser14-768x485.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption>Fiesta romana en Itaca, años 90 (todas las fotos son cortesía de José Antonio Campillo).</figcaption></figure></div>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="651" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser3-1024x651.jpeg" alt="" class="wp-image-5708" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser3-1024x651.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser3-300x191.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser3-768x488.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="658" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser9-658x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-5710" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser9-658x1024.jpeg 658w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser9-193x300.jpeg 193w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser9-768x1195.jpeg 768w" sizes="(max-width: 658px) 100vw, 658px" /></figure></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="658" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser10-658x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-5712" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser10-658x1024.jpeg 658w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser10-193x300.jpeg 193w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/Numériser10-768x1195.jpeg 768w" sizes="(max-width: 658px) 100vw, 658px" /></figure></div>



<p></p>



<p><strong>Una modernidad sevillana </strong></p>



<p>La música es uno de los pilares del proyecto. «Itaca siempre ha puesto la mejor música de Sevilla». Tras una primera etapa dominada por los sonidos comerciales del momento, el <em>house</em> hace su irrupción y se queda. Todos los años, José Antonio y Manolo, su pareja y la otra mitad de Itaca, envían a Londres a Luis Yanguas con la misión de husmear la música que se baila en los clubs de la ciudad. A su vuelta a Sevilla, el DJ se trae en la maleta estos sonidos punteros. Además, varios amigos envían vinilos con lo último desde Estados Unidos. A finales de los 80, la capital británica se sacude el yugo del thatcherismo a ritmo de <em>acid house</em> y entregándose al abrazo de la química. El Segundo Verano del Amor (<em>Second Summer of Love</em>) hace florecer <em>raves parties</em> y <em>smileys</em> por todo el país entre 1988 y 1989. Existe un documental de la BBC, realizado en aquellos años, en el que un grupo de jóvenes comparte sus experiencias con el éxtasis. Una de las chicas habla de la conexión con los otros y describe una pista de baile llena de manos elevándose hacia lo alto, hacia las luces láser, «como una escena bíblica». El Rocío no queda lejos. En sus viajes, Luis Yanguas absorbe esta cultura y se la trae a Sevilla: «Evidentemente, el éxtasis unía a la gente, pero el <em>house</em> fue el verdadero aglutinante». Yanguas señala que «la música que se bailaba en Itaca era la que se bailaba en los circuitos internacionales. La gente que llegaba de Berlín o de París flipaba». El contrapunto a este ambiente cosmopolita lo ponen las sevillanas que se intercalan en medio de la sesión: la música para y los hombres bailan en pareja por Los Romeros de la Puebla o por Ecos del Rocío. Le doy un sorbo a mi café y le pregunto a José Antonio si, en aquella época, eran conscientes de lo que habían creado. «Nos dábamos cuenta de que Itaca era un antes y un después. En Sevilla, nadie se había atrevido a plantarse con tanta valentía, a sacar la cabeza del agujero. Por otro lado, cuando viajábamos, la mayoría de la gente que nos encontrábamos había oído hablar del club». La perplejidad le invade al recordar. Itaca fue «un milagrito» que cuesta creer: «No sé cómo nos atrevimos con todo aquello, en aquella época y en esta ciudad». La historia del club, visitado de incógnito por aristócratas y por diseñadores de fama internacional, pone en entredicho la cerrazón y el inmovilismo endémicos de Sevilla, desvelando una identidad mucho más compleja y plural. La ciudad aparece como una milhoja cuyos pliegues, invisibles para la vista, contribuyen al sabor del bocado. Itaca florece porque sus raíces se hunden profundamente en la actividad creativa y contestataria de la Alameda de Hércules de los años 70 y 80. Los <em>domingos buhoneros</em>, los movimientos vecinales, los carnavales, los espectáculos del Teatro Real, en una casa okupa de la calle Joaquín Costa&#8230; Ese es el terreno que nutre el devenir del club. Híbrida y polifacética, la Sevilla del momento lo acoge y acomoda, y además le proporciona una plantilla de artistas (pintores, diseñadores, actores) que moldea su identidad.</p>



<p>En aquellos años, una parte de ese equipo artístico que gravita alrededor del club vive en los pisos de arriba. Todo el edificio parece sacado de un cómic de Nazario. Felipe Vivas recuerda: «Era un subir y bajar continuo de chicos y de amigos. La puerta principal no cerraba bien, solo había que empujarla para entrar. Algunos clientes salían de Itaca y se metían dentro, utilizando las escaleras o el ascensor para sus escarceos». Los dueños del club viven en la primera planta, donde uno de los apartamentos ha sido convertido, durante la gran transformación, en cuarto oscuro. En la segunda vive Antonia (*), <em>la Caravaca </em>, con su hija Laura, modelo punk. Sordomuda, cardado y joyas, Antonia hace el gesto de pasarse un dedo por la mejilla para preguntarles  por su orientación sexual a los camareros de Itaca, que viven en el piso de al lado. Aunque no puede oír la música que sube del club, se queja de que las paredes de su dormitorio vibran y de que la cama tiembla. La tercera planta está ocupada por Lucía Peyón, dueña de todo el edificio. En la última, doña Pepita, la farmacéutica, y sus hijas; en el apartamento de enfrente, Felipe comparte piso con Luis Yanguas, con alumnos de la facultad de Bellas Artes y «con todos los gays de Sevilla». La azotea sirve de solarium y de mentidero: «Nos subíamos en bañador, con las toallas, a tomar el sol. Aquello parecía San Francisco. También íbamos a veces de madrugada para otras cosas». Ese apartamento, «situado encima de uno de los clubs más deseados de España», asiste a un incesante trajín de visitas, llegadas de Madrid, de Barcelona o de fuera del país. Al amanecer, cuando Itaca cierra, la fiesta sigue para algunos en la cuarta planta. Pero el clímax llega el día de la fiesta romana, cuando el piso recibe a un nutrido grupo de amigos. Allí calientan, entre copas y poppers, antes de bajar disfrazados a la mítica cita.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="500" height="500" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/4593BFF5-A351-415C-8613-044F8F2F754A.jpeg" alt="" class="wp-image-5719" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/4593BFF5-A351-415C-8613-044F8F2F754A.jpeg 500w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/4593BFF5-A351-415C-8613-044F8F2F754A-150x150.jpeg 150w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/4593BFF5-A351-415C-8613-044F8F2F754A-300x300.jpeg 300w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /><figcaption><em>Smiley</em>, la sonrisa eterna del Segundo Verano del Amor. </figcaption></figure></div>



<p><strong>La fiesta romana y los shows </strong></p>



<p>José Antonio detalla: «Todo empezaba en las mercerías. Semanas antes de la fiesta, los maricones de la ciudad compraban telas y cintas para confeccionar sus disfraces». La fiesta romana ocupa un puesto de honor entre los recuerdos de todas las personas entrevistadas para la escritura de esta serie de textos. Su creación supone un golpe maestro, no solo de los dueños, sino de todo la <em>familia</em> de Itaca. «Nos envalentonamos y decidimos montar una bacanal con todas las de la ley». Esperada con ansias por muchos, esta cita anual, extravagante y excesiva, consolida el mito de Itaca. La fiesta tiene lugar en noviembre, un día entre semana, y solo es accesible para los clientes vestidos para la ocasión. El espacio se transforma en una villa romana preparada para una orgía. Quizás sea el momento en el que Itaca mejor se reconozca en sus orígenes: triclinios, bandejas cargadas de fruta, estatuas y cortinas, incienso&#8230; Un decorado kitsch y suntuoso. «La sensación de fiesta era total», recuerda Mae. «La gente reservaba aquella noche y venía de muchos lugares distintos, únicamente para estar en Itaca». Por su parte, Felipe Vivas rememora la noche en que se vistió de Cleopatra para asistir a la fiesta: «Cubierto de velos, mis amigos más fuertes me llevaron en una parihuela desde mi casa, en Conde de Torrejón. Los coches se paraban al verme pasar. Al llegar a Itaca, tuvieron que abrir las puertas de par en par para mi entrada triunfal». En una de nuestras citas, José Antonio me entrega dos sobres con fotos antiguas del evento. Veo caras ufanas que parecen sacadas del <em>Satiricón</em> de Fellini o de una aventura de Astérix. Cuerpos de hombre pre-Instagram, reales. Por supuesto, no veo ningún móvil. «Esa forma de estar en un club se ha ido perdiendo», lamenta Mae. Al terminar la fiesta, por la mañana, los romanos invaden las calles del Centro. Cogidos de la cintura, cantando, ebrios y contentos, remolonean en túnica y falda, vuelven a sus casas o se dejan llevar a casa de otro. Los taxistas que los recogen se preguntan si están rodando una película en la ciudad. Sin embargo, siendo cita ineludible, la fiesta romana no es la única: «Nos reíamos de todo. Montamos fiestas de cancán, de lagarteranas, del Descubrimiento, de vaqueros&#8230; Incluso la fiesta del apagón, cuando cada cliente llevaba una linterna y todo el bar estaba a oscuras». El dinamismo y la reinvención constantes definen el espíritu del club desde el principio. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="575" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/3D31382F-0994-41DE-A637-BB0AC45C8E4C-1024x575.jpeg" alt="" class="wp-image-5716" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/3D31382F-0994-41DE-A637-BB0AC45C8E4C-1024x575.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/3D31382F-0994-41DE-A637-BB0AC45C8E4C-300x169.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/3D31382F-0994-41DE-A637-BB0AC45C8E4C-768x432.jpeg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/3D31382F-0994-41DE-A637-BB0AC45C8E4C-1070x600.jpeg 1070w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/3D31382F-0994-41DE-A637-BB0AC45C8E4C.jpeg 1746w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption><em>Satiricón</em> (Federico Fellini, 1969). </figcaption></figure>



<p>En los primeros tiempos, Itaca organizaba una cruz de mayo. Una pequeña performance a cargo de una travesti amenizaba el evento: moviéndose por el bar y alternando, la improvisada animadora repartía bolsitas de <em>chochitos</em> entre los clientes. Con los años, este embrión de espectáculo se sofistica y se institucionaliza los miércoles de madrugada. «Todo estaba muy trabajado. Era como una obra de teatro, con una presentación, solos, números de conjunto y un final. Había un guión, un hilo conductor. Le echábamos mucha creatividad. Era un espectáculo muy sudado», señala Tina Cristal. «Tenías que amar tu trabajo y entregarte completamente. Si te tocaba hacer de folclórica, había que creérselo hasta el final, y si te tocaba ser una monja, lo mismo». La artista, imprescindible en la historia de Itaca, recuerda una época en la que el público prestaba atención a lo que sucedía sobre el escenario. A Itaca se iba, los miércoles, para asistir al show. Las redes sociales no existían. «Hoy las cosas son distintas. La gente viene sobre todo a divertirse. Quizás sería una buena idea cobrar una entrada para cambiar la percepción que se tiene de nuestro trabajo». Figura esencial en la gestación de los espectáculos de los miércoles, Félix Pardillo, conocido por todos como <em>la Abuela</em>, iba para cura. Tras dejar el seminario y su Sigüenza natal, pulula por Madrid y Torremolinos, donde comienza su transformación artística. En Sevilla trabaja en los espectáculos del Trastamara. José Antonio lo recoge, literalmente, cuando cae en una depresión y lo instala en el apartamento contiguo al suyo, encima de Itaca. «Félix era enormemente cultivado. Tenía ingenio y era muy polifacético, pasaba de lo cómico a lo patético sin pestañear. Un verdadero animal de escena, inteligente y sensible, que creó escuela: Tina Cristal o Vicky Aranda se inspiraron mucho de él». Tina Cristal confirma: «Félix y yo teníamos la misma perspicacia, las mismas salidas. Trabajamos mucho juntos, en salas de Sevilla, en galas de verano, en ferias y en <em>velás</em>. Yo me iba a su casa un poco antes para estar con él y luego bajábamos juntos a Itaca para empezar a trabajar». Como una artista del Renacimiento, <em>la Abuela</em> escribe monólogos, cose sus propios trajes y concibe números personalísimos. Todos recuerdan su interpretación de <em>I’ve written a letter to daddy</em>, la canción que Bette Davis interpreta en <em>¿Qué fue de Baby Jane? </em>Con la cara empolvada, traje de niña y tirabuzones, Félix gesticula como la mítica actriz y roza la genialidad. Nati Mistral es otra de sus especialidades. Comprensivo, sagaz, el artista es parte constituyente del ADN de Itaca. Muere de un infarto, solo y en su sillón, una noche poco antes de bajar a trabajar. Su desaparición ennegrece la<em> joie de vivre</em> y la despreocupación de aquella época. Itaca, tan barroca en su concepción, encarna en su devenir los contrastes del claroscuro del arte del siglo XVII. Sus años de esplendor corren parejos a la evolución de la epidemia del SIDA, a la aparición de bandas neofascistas y, como colofón, a la caza de brujas del caso Arny.</p>



<p><strong>Manolo </strong></p>



<p>Cuando me propuse contar la historia de Itaca, pregunté a mi alrededor por si alguien conocía a su propietario. Un amigo y las redes sociales me llevaron hasta José Antonio Campillo. Si el club de la calle Amor de Dios fuera un cuerpo, él sería la cabeza. José Antonio abrió el espacio en 1979 y lo ha modelado a lo largo de los años, haciendo de gestor y de director creativo. Sin embargo, según todos los entrevistados, el corazón del proyecto sería Manolo, su marido. «Yo siempre he sido de segundo plano, de controlar; Manolo es el animal social». Aunque nunca he hablado directamente con él, Manolo aparece en todas las charlas que he tenido con las personas que han participado en la historia de Itaca. «Él estaba todas las noches, muchas veces detrás de la barra. Escuchaba las historias de los clientes y sabía animarlos cuando lo necesitaban», señala José Antonio. «Con una infinita capacidad para la empatía, Manolo era una especie de psicólogo dentro del club». Mae recuerda cómo, durante su primera noche como DJ en Itaca, los nervios le impedían concentrarse. Manolo se acercó y lo tranquilizó con estas palabras: «Aunque esta noche haya poca gente, que se vayan contentos a casa. Lo estás haciendo muy bien». Por mi parte, una mañana de diciembre de 2020 me pasé a recoger a José Antonio en su casa del barrio de la Alameda de Hércules. Mientras me enseñaba su huerto, me sacaba libros y fotos y se interesaba por mi vida, Manolo pasó discretamente y me saludó con aire tímido. Entonces no se me ocurrió que aquel hombre callado, que se preparaba el desayuno en la cocina, tuviera algo que contarme sobre la historia del club. Gran error por mi parte. Con frecuencia, la gente que no habla tiene mucho que decir. La memoria de Itaca, bordada en la de Sevilla, vive en los recuerdos de Manolo y de tantos otros que participaron de la fiesta. Algunos de los que siguen por aquí no han querido que su nombre aparezca unido al del club. La homofobia es un invitado que, en 2021, aun vive entre nosotros.</p>



<p>(*) Todos los nombres en este párrafo han sido cambiados.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/8B03F0A4-FE9A-411B-9E87-9D4F0167DFD9-e1619295901870-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-5723" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/8B03F0A4-FE9A-411B-9E87-9D4F0167DFD9-e1619295901870-768x1024.jpg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/8B03F0A4-FE9A-411B-9E87-9D4F0167DFD9-e1619295901870-225x300.jpg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/04/8B03F0A4-FE9A-411B-9E87-9D4F0167DFD9-e1619295901870-360x480.jpg 360w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /><figcaption>Huerto en casa de José Antonio y Manolo. Tomates, habas, calabacines, plantas aromáticas, rosales, un limonero&#8230; <br>José Antonio reparte toda la cosecha entre amigos y vecinos.  </figcaption></figure></div>
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		<title>Libreros de Sevilla: Caótica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Mar 2021 11:14:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Joaquín Sovilla es una de las caras más visibles de Caótica, la librería de la calle José Gestoso. Una cara franca, sin filtros ni rodeos. Desde detrás del mostrador o por entre los estantes de las diferentes secciones, este argentino de San Luis, «la Argentina&#8230; <a class="read-more" href="https://bonjourseville.com/es/libreros-de-sevilla-caotica/">Leer más</a></p>
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<p>Joaquín Sovilla es una de las caras más visibles de Caótica, la librería de la calle José Gestoso. Una cara franca, sin filtros ni rodeos. Desde detrás del mostrador o por entre los estantes de las diferentes secciones, este argentino de San Luis, «la Argentina profunda», reparte entre los clientes recomendaciones y anécdotas con la espontaneidad de un <em>showman:</em> «Necesito naturalidad en mi vida diaria. Si no me gusta un libro, no lo recomiendo y, si tengo que contar alguna historia personal, la suelto. Me es imposible separar mi personalidad de mi trabajo». Vehemente y expansivo, su camino ha discurrido por parajes inesperados. Durante años, se obstinó en convertirse en sacerdote, tratando de sentir una vocación inexistente. Estudió con los salesianos en la ciudad de Córdoba y trabajó como profesor de filosofía en un instituto de la orden en Tierra de Fuego. «Hoy veo que todo fue por escapar de mi pequeña ciudad de provincias. Los salesianos tenían allí un noviciado en el que descubrí una comunidad cosmopolita. Encontré una ventana hacia un mundo nuevo y decidí salir a través de ella».</p>



<span id="more-5122"></span>



<p><strong>¿Y cómo fue la experiencia? </strong></p>



<p>Llegué hasta el seminario. Afortunadamente, uno de mis maestros me dijo que, si seguía en mi empeño de hacerme cura, corría hacia el precipicio. Tenía toda la razón. Puedo ser realmente testarudo en mis decisiones. Hasta hace poco, si empezaba un libro, me obligaba a terminarlo por fuerza, aunque no me gustara. La flexibilidad es un músculo que hay que ejercitar cada día. </p>



<p><strong>¿Cómo se empieza a leer?</strong></p>



<p>Mi madre, sin ser una gran lectora, me regalaba libros porque estimaba que a los niños hay que regalarles libros. Eran títulos de Julio Verne y cosas así. A mí no me entusiasmaba la lectura, prefería la pantalla del televisor, que alimentábamos con la batería del coche. Sin embargo, por complacer, me aplicaba. Luego, en el instituto, abandoné completamente el hábito, que no retomé hasta que empecé a estudiar filosofía con los salesianos. Mis maestros me hicieron comprender que leer era parte esencial de mi formación. Y, como con la vocación, me obligué a leer.</p>



<p><strong>¿Y hoy? </strong></p>



<p>Los curas me enseñaron algo: de todo hay que sacar tajada. Cuando trabajaba como profesor de filosofía, solo leía ensayo. Leer era una actividad que debía ser necesariamente rentable y yo, erróneamente, asociaba el provecho al ensayo. La narrativa me parecía un lujo para el que no había tiempo. Creo que entonces aun no había adquirido el gusto por la lectura, que seguía siendo sobre todo algo impuesto, casi mercantil. Cuando dejé la enseñanza, cuando abandoné la comunidad salesiana, me permití leer novela, me dejé llevar en muchos aspectos. Otra vez volvemos a la idea de flexibilidad, de escapar de la disciplina sin contenido. Con el tiempo, percibí que disfrute y formación están conectados, que no hay uno sin la otra. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/C92BB8FA-2DC2-4F1B-A986-4FB0766F3CFD-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-5513" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/C92BB8FA-2DC2-4F1B-A986-4FB0766F3CFD-768x1024.jpg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/C92BB8FA-2DC2-4F1B-A986-4FB0766F3CFD-225x300.jpg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/C92BB8FA-2DC2-4F1B-A986-4FB0766F3CFD-360x480.jpg 360w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/C92BB8FA-2DC2-4F1B-A986-4FB0766F3CFD.jpg 1537w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p><strong>¿Un librero debe leer mucho?</strong></p>



<p>No necesariamente. Yo soy un lector lento, de sorbos pequeños que sin embargo cunden. Para ser librero hay que tener habilidades sociales, no para vender, sino para crear vínculo. Esa es la palabra clave y una de las bases de nuestro proyecto. En este sentido, me encanta la costumbre de los libreros franceses de colocar pequeñas fichas sobre los libros que recomiendan. En ellas, explican al cliente por qué les ha gustado el libro en cuestión. Es una forma sutil e íntima de conectar con el público.</p>



<p>Caótica abrió sus puertas en 2009, en la Alameda de Hércules. Se llamaba La extravagante y era librería especializada en libros de viajes. Al frente, Maite Aragón Navas y Claudio Sancho, ambos procedentes de grandes cadenas de distribución y con la determinación de sacar adelante un proyecto en forma de cooperativa. Desde entonces, la librería ha evolucionado sustancialmente, tanto en oferta como en espacio. «Poco a poco, empezamos a apostar por la narrativa, siempre con cierta predilección por las editoriales independientes. El cambio de local, en 2017, supuso también un cambio de nombre y una ampliación importante de la oferta. Además, pudimos cumplir un sueño largamente anhelado: tener una cafetería dentro del espacio».</p>



<p><strong>¿Y cómo ha reaccionado Sevilla?</strong></p>



<p>Sin ser doctrinarios, tenemos una orientación política clara y hemos apostado por determinado tipo de producto y de público. Se da la fortuna de que se trata de un público leal, concienciado. Sabíamos que esa parte de la ciudad estaba ahí, que existía, pero no pensábamos que estuviera tan poblada y que fuera a responder tan bien. De todas formas, el proyecto se va transformando, vamos tanteando cosas. Creo que nos hemos adaptado a la ciudad y la ciudad se ha adaptado a nosotros. Me encanta que digan que parecemos una librería de Berlín pero nosotros queremos ser una librería de Sevilla. ¿Qué es ser una librería independiente en Sevilla? Ese es el punto de partida.</p>



<p><strong>Os habrán caído críticas&#8230;</strong></p>



<p>Muchas. Por la izquierda, por entrar demasiado en el sistema; por la derecha, por razones obvias. Para los exquisitos, somos más un supermercado que una librería. Nosotros tenemos una orientación ideológica clara y hay cosas que nunca haremos. Pero no se nos caen los anillos si tenemos que vender libretas y bolsas de tela para pagar el alquiler.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/DAB3F099-905E-4FAB-8110-2872BB2DE219-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-5515" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/DAB3F099-905E-4FAB-8110-2872BB2DE219-768x1024.jpg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/DAB3F099-905E-4FAB-8110-2872BB2DE219-225x300.jpg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/DAB3F099-905E-4FAB-8110-2872BB2DE219-360x480.jpg 360w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/DAB3F099-905E-4FAB-8110-2872BB2DE219.jpg 1537w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p><strong>¿Cómo se gestiona una librería como Caótica, una cooperativa con personalidades tan dispares?</strong></p>



<p>Cada uno tiene un rol. Por ejemplo, siempre digo que Maite es la cabeza y yo soy la emoción. Curiosamente, las chicas se ocupan de la gestión del proyecto y los chicos estamos más en la venta. Como en las tiendas antiguas de telas, donde los vendedores que atienden a las clientas suelen ser hombres. </p>



<p><strong>¿Qué relación tiene Sevilla con la lectura?</strong></p>



<p>Leer no es una actividad que se viva de forma natural en España. En el cine francés se ven muchos libros. No es algo pretencioso, afectado. Simplemente están ahí, en las casas, formando parte de la vida. Salvo Almodóvar, pocas películas españolas muestran libros, porque la relación con la lectura es más tortuosa. Está impregnada de elementos de clase, de nivel social, económico y cultural. Creo que la labor debe empezar en las bibliotecas, que son el corazón de la cultura. Las bibliotecas de una ciudad tienen que estar nutridas, tener horarios amplios, dejarse ocupar por los usuarios. Sin embargo, las bibliotecas de Sevilla pecan de cierta desconexión de la realidad. Además están demasiado camufladas. En la antigua comisaría de la Gavidia, en vez de un hotel, deberían abrir una biblioteca pública como una catedral. </p>



<p><strong>Lo mismo ocurre con la cultura.</strong></p>



<p>Exacto. En Sevilla, los eventos culturales no tienen nada que ver con la vida de la ciudad. El público que va al Festival de Cine Europeo es el mismo que va a los espectáculos del Maestranza o del Central. Se hace poco por acercar la cultura a la gente, por abrirla. El CENTQUATRE, en París, es un buen ejemplo de centro cultural abierto a la participación, a la implicación de todos. Un lugar que invita a todo un barrio y que crece con las aportaciones más diversas. Cuando la cultura se desconecta de la realidad, se transforma en un producto para la élite. En Caótica, la pandemia nos obligó a cerrar la cafetería, que estaba en la planta baja del edificio. Cuando tuvimos la oportunidad de volver a abrirla, comprendimos que no tenía sentido que la librería estuviera en la planta de arriba, que había que ponerla a pie de calle. Había que renunciar a la cafetería por un tiempo para abrirnos más a la ciudad, para crear un vínculo de calidad. Cuando vuelva a abrir, se situará en el centro, habrá que atravesar estanterías llenas de libros para llegar a ella. Caótica ha pasado del libro de viaje de sus inicios al <em>libro como viaje</em>.</p>



<p>«&nbsp;Yo lucho contra el olvido. No tengo familia ni hijos, no existo en el deseo de otros. Este trabajo me permite transmitir algo, acompañar la vida de los demás. Mi trabajo es mi vida social y viceversa».</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/4D013EDD-850D-4098-86C8-36022AC46D13-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-5520" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/4D013EDD-850D-4098-86C8-36022AC46D13-768x1024.jpg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/4D013EDD-850D-4098-86C8-36022AC46D13-225x300.jpg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/4D013EDD-850D-4098-86C8-36022AC46D13-360x480.jpg 360w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/4D013EDD-850D-4098-86C8-36022AC46D13.jpg 1537w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>
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		<title>Libreros de Sevilla: Palas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Mar 2021 14:52:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>A veces soy víctima de los prejuicios. Reconozco que nunca hubiera pensado que una de las librerías más antiguas de Sevilla, coherente y bien abastecida, se encontrara en el barrio de Los Remedios. Y sin embargo así es. «Este barrio es sorprendente. Hay una comunidad de lectores muy establecida y fiel. Muchos de nuestros mejores clientes son compradores compulsivos, que incluso nos descubren autores que no conocíamos». Yo, que cruzo el puente de San Telmo a regañadientes, lo hago con gusto para encontrarme con Amparo Lazo, propietaria, junto a su hermano José, de Palas. En plena calle Asunción, esta librería abrió sus puertas nada menos que en 1980. Sevilla, siempre desgarrada entre tradición y modernidad, exploraba entonces esta segunda faceta de su idiosincrasia. «Cuando abrimos, existían ya librerías de muy buena calidad: Montparnasse, especializada en libros en francés; la famosa Padilla; Vitruvio, especializada en arte; Vértice y otras librería universitarias&#8230; El panorama era quizás más rico y dinámico que hoy». </p>



<span id="more-5193"></span>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="683" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/41AEF764-04C1-433E-96B5-B60612921CE8-e1615301125518-683x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-5294" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/41AEF764-04C1-433E-96B5-B60612921CE8-e1615301125518-683x1024.jpeg 683w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/41AEF764-04C1-433E-96B5-B60612921CE8-e1615301125518-200x300.jpeg 200w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/41AEF764-04C1-433E-96B5-B60612921CE8-e1615301125518-768x1152.jpeg 768w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>



<p></p>



<p><strong>¿Cómo nació Palas?</strong></p>



<p>Mi padre, profesor de historia en la Universidad de Sevilla y diputado a Cortes, era un lector exigente. Durante sus frecuentes estancias en Madrid, y en sus viajes por Europa, visitaba las librerías del lugar. Al volver a Sevilla, se daba cuenta de que algo faltaba en la ciudad: una librería con un fondo amplio y cuidado de narrativa y ensayo. Así fue cómo decidió abrir la suya propia, moldeada a su gusto. Su idea era disponer de una librería en la que poder encerrarse, tras el cierre y los domingos, para tener los libros a su alcance. Fue un capricho que se concedió. </p>



<p><strong>Un capricho que benefició enormemente al barrio y a la ciudad.</strong></p>



<p>Claro, pero no creo que mi padre tuviera eso en mente. Él se ocupaba de la selección, estaba muy al tanto de las novedades que se publicaban. Lo importante era el disfrute. Curiosamente, ese placer que encontraba en seleccionar los libros que se venderían en Palas, ese mimo también, constituyeron desde el principio uno de los rasgos distintivos de la librería.</p>



<p><strong>¿Y tu madre?</strong></p>



<p>Ella estaba en el mostrador. Se ocupaba, junto a mi prima Gloria, de la gestión, de las compras. Nadie sabía nada de negocios, fue un proyecto al que se lanzaron de forma algo inconsciente. Lo único que estaba claro era el amor a los libros.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="683" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/5F934039-601C-4090-B62E-64F6B82F07B8-e1615301246604-683x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-5296" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/5F934039-601C-4090-B62E-64F6B82F07B8-e1615301246604-683x1024.jpeg 683w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/5F934039-601C-4090-B62E-64F6B82F07B8-e1615301246604-200x300.jpeg 200w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/5F934039-601C-4090-B62E-64F6B82F07B8-e1615301246604-768x1152.jpeg 768w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /><figcaption><br></figcaption></figure></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="683" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/430433EE-E21D-4EAA-9B04-9975DBC8687E-e1615301350137-683x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-5298" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/430433EE-E21D-4EAA-9B04-9975DBC8687E-e1615301350137-683x1024.jpeg 683w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/430433EE-E21D-4EAA-9B04-9975DBC8687E-e1615301350137-200x300.jpeg 200w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/03/430433EE-E21D-4EAA-9B04-9975DBC8687E-e1615301350137-768x1152.jpeg 768w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure></div>



<p></p>



<p><strong>¿El espíritu de Palas ha cambiado mucho con el tiempo?</strong></p>



<p>No demasiado. Siempre hemos tenido una línea coherente, que ha terminado por funcionar. Somos una librería de barrio y, sobre todo, una librería de fondo, que cuidamos con esmero. Esto es esencial en Palas: los buenos libros tienen que estar siempre disponibles. Nunca nos hemos dejado influenciar por los grandes grupos editoriales, que te ofrecen el oro y el moro por poner sus últimos lanzamientos en el escaparate. La novedad solo nos interesa cuando merece la pena. Mantener un fondo bien nutrido es costoso. Hay libros que permanecen años y años en los estantes, pero que tienen que estar ahí. Cuando finalmente se venden, da pena despedirse de ellos.</p>



<p><strong>¿Una librera debe leer mucho?</strong></p>



<p>Me encantaría tener más tiempo para leer. Desgraciadamente, el oficio tiene mucho de administrativo y de físico. En España se publica muchísimo, las editoriales parecen todas lanzadas en una huida hacia adelante por encontrar el libro que salve el año. Además, existe el fenómeno de la autoedición: hoy todo el mundo se cree escritor y publica. Todo esto crea un trasiego incesante de recepciones y de devoluciones que hay que manipular. Puede ser realmente agotador. Recuerdo que, al principio, sí había más tiempo para leer, pasaban horas sin que entrara un cliente. </p>



<p>En Palas solo hay libros. Colocados en estanterías, generosamente dispuestos sobre mesas y en expositores, sus lomos y portadas dibujan un paisaje ordenado y a la vez distendido, como la biblioteca de una casa familiar. Están ahí para ser tocados, abiertos. «El cliente debe sentirse cómodo a la hora de coger un libro y hojearlo. Las librerías antiguas tenían un mostrador que no se podía traspasar: la gente pedía el título que buscaba y el librero entraba a encontrarlo. Cuando empezamos, muchas seguían funcionando así. Nosotros abrimos el espacio para que el cliente pudiera mirar, tocar, quedarse todo el tiempo que quisiera. Curiosamente, hoy la mayoría viene a tiro hecho: ha reservado su libro por teléfono o por WhatsApp, lo paga y se marcha. Parece que se pierde el hábito de curiosear». Acogedor, el espacio lo sigue siendo. Sus dos primorosos escaparates, cuidados y libres de golpes de efecto, podrían ser los de una librería de París. Las conversaciones entre clientes y vendedores (Amparo, José, Juan&#8230;), pausadas y discretas, no interfieren en el disfrute del que viene a vagar entre libros. La sección de ensayo e historia, junto a la entrada, es tal vez la más recogida. La narrativa y la poesía constituyen la espina dorsal del espacio, que termina en la zona de los best-sellers, al fondo («no les doy protagonismo pero tampoco los voy a esconder»).   </p>



<p><strong>¿Qué cualidades debe tener una buena librera?</strong></p>



<p>Yo empiezo por preguntar qué es lo último que se ha leído y que ha gustado. Con el tiempo, se desarrolla una intuición que te hace predecir lo que el cliente va a responder. Con todo, la gente te sorprende constantemente. A menudo te recomienda libros que no conocías. Por ejemplo, muchos de nuestros mejores clientes es gente con una formación técnica o científica que, sin embargo, posee un paladar literario muy educado. Creo que el librero debe ser humilde y estar abierto a dejarse sorprender. Aprecio mucho esos momentos de charla con la gente que viene a Palas. </p>



<p><strong>¿Qué relación tiene Sevilla con la lectura?</strong></p>



<p>Sin ser Madrid o Barcelona, Sevilla es una ciudad que, aunque pudiera parecer que no, lee. Dejando de lado los <em>temas sevillanos</em>, que siempre han tenido su público, existe una base sólida de lectores, selectiva y con criterio. Se trata de una presencia discreta pero constante a través del tiempo. Por otro lado, últimamente están surgiendo editoriales independientes, como Barrett, que dinamizan el panorama literario. Como el barrio, como la gente, la ciudad no deja de sorprenderte. </p>
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		<title>Historia(s) de Itaca (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Feb 2021 08:40:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alameda de Hércules]]></category>
		<category><![CDATA[Centro]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta serie de textos nace de mis conversaciones con José Antonio Campillo, fundador y propietario de Itaca, el mítico espacio, abierto en 1979, de la calle Amor de Dios. Las primeras tuvieron lugar por teléfono, entre París y Sevilla, a lo largo de octubre de&#8230; <a class="read-more" href="https://bonjourseville.com/es/historias-de-itaca-ii/">Leer más</a></p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Esta serie de textos nace de mis conversaciones con José Antonio Campillo, fundador y propietario de Itaca, el mítico espacio, abierto en 1979, de la calle Amor de Dios. Las primeras tuvieron lugar por teléfono, entre París y Sevilla, a lo largo de octubre de 2020. Luego se sucedieron otros encuentros&nbsp;cara&nbsp;a&nbsp;cara&nbsp;en&nbsp;varios&nbsp;cafés&nbsp;y&nbsp;bares&nbsp;sevillanos,&nbsp;que&nbsp;me&nbsp;permitieron&nbsp;afinar&nbsp;el&nbsp;relato&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;historia&nbsp;del&nbsp;club,&nbsp;indisociable&nbsp;del&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;vida&nbsp;de&nbsp;José&nbsp;Antonio y de la propia ciudad. Para este segunda parte, he contado además con el testimonio de Luis Yanguas, dj en Itaca entre 1988 y 2000.&nbsp;</em></p>



<p><em>El Diccionario panhispánico de dudas de la Real Academia Española señala que Ítaca se pronuncia habitualmente en español como palabra esdrújula y que, por tanto, debe llevar tilde. He preferido utilizar&nbsp;la&nbsp;forma&nbsp;llana&nbsp;de&nbsp;la&nbsp;misma,&nbsp;Itaca,&nbsp;tal&nbsp;vez&nbsp;incorrecta&nbsp;pero&nbsp;consagrada&nbsp;por&nbsp;los&nbsp;miles&nbsp;de&nbsp;personas&nbsp;que,&nbsp;desde&nbsp;hace&nbsp;40&nbsp;años,&nbsp;han&nbsp;frecuentado&nbsp;esta&nbsp;isla&nbsp;de&nbsp;libertad&nbsp;en&nbsp;el&nbsp;centro&nbsp;de&nbsp;Sevilla.</em></p>



<p>En esta segunda entrega, la llegada de películas porno desde París supone un giro radical en la historia de Itaca, que, con entusiasmo y cierta inconsciencia, se suma a los vientos de liberación que los años 70 hacen soplar sobre España.</p>



<p><strong>«De chico, los únicos hombres medio en pelotas que veíamos eran los gladiadores de las películas o Tarzán. Luego, con los años, uno se recrea en la cultura clásica, en el arte griego y romano. Esa fascinación por la Antigüedad, y también por el Barroco, tan presentes en Sevilla, se encuentra en el origen de Itaca. Para cerrar el círculo, cuando me despidieron de la fábrica y del sindicato, llegó a mis manos el famoso poema de Cavafis, <em>Ítaca</em>, tan marica en cierto sentido y que recoge numerosos elementos del mundo clásico. Así elegimos, Antonio Morillo y yo, el nombre del pequeño bar que decidimos abrir en la calle Amor de Dios».</strong></p>



<p>Con frecuencia, lo mejor de salir de noche son los momentos previos en casa. Uno elige ropa, se ducha, se viste, se toma una primera cerveza y baila una primera canción imbuido de un sentimiento de posibilidad. El viaje ya ha empezado. En <em>Ítaca</em>, Constantino Cavafis nos insta a disfrutar de cada etapa del periplo, cualquier periplo, sin pensar demasiado en el destino final. La isla del mar Jónico que da título al poema es solo una excusa para hacerse al mar, a la vida o simplemente a la noche. «En los 70, teníamos mucha hambre de libertad, de sexo. Todo estaba por hacer. En aquella época, los maricones se ocultaban para ligar detrás de los matojos en los jardines públicos o en los servicios de las estaciones. No existían locales de sociabilidad gay. Itaca nació con vocación de servicio, con el objetivo de ser un lugar seguro de encuentro y de desarrollo». Desde su juventud en el pueblo hasta su implicación en la lucha obrera, la voluntad de aglutinar, de crear comunidad, impregna todas las etapas de la vida de José Antonio. Cargando estoicamente con el sambenito de empresario LGTB («una espina que llevo clavada»), su trayectoria lo eleva muy por encima de esta etiqueta. Su valentía y generosidad no entienden de beneficios.</p>



<p><strong>EL PRIMER ITACA </strong></p>



<p>Sevilla, 1979. Los mariquitas de la ciudad practican cada tarde la famosa <em>carrera</em>, ese paseo desde la Campana al bar Coliseo, en la Puerta de Jerez. Solos o en pequeños grupos, recorren la calle Sierpes y la avenida de la Constitución (entonces de José Antonio Primo de Rivera) buscando un respiro a la opresión cotidiana. Allí se encuentran, se ponen al día, se escuchan, socializan, se evaden. Desde hace años, la <em>carrera</em> es un verdadero ritual y también es una trampa. La policía acecha; la Ley de Peligrosidad Social se ceba en el menor ademán afeminado, en cualquier vestimenta equívoca. Es fácil acabar en el calabozo, apaleado e insultado. «En Sevilla había mucha represión, mucho dolor. Cuando empecé a frecuentar el <em>ambiente</em>, todo me pareció muy sórdido. El <em>cruising</em> se practicaba en Chapina, que entonces era más peligroso por los chaperos, por los navajeros, que por los fachas; luego en los Jardines de Murillo, un espacio algo más seguro por estar más cerca del Centro. Todo era clandestino, como no podía ser de otro modo», recuerda José Antonio. Existían algunos bares de <em>ambiente</em> por Marqués de Paradas, que cerraban temprano: Chandelier, Prisma, Tibu&#8230; «Itaca fue concebido como algo diferente; queríamos ofrecer un espacio de expresión y diálogo. Antonio y yo montamos el bar con cuatro duros en una antigua marmolería donde se fabricaban lápidas. Lo inauguramos durante la Semana Santa del 79.&nbsp;Recuerdo que al fondo de la barra había una cortina y detrás estaban mi hermana y algunos amigos haciendo bocadillos y tortillas para los clientes». Sin ser declaradamente gay, el primer local, en el número 25 de la calle Amor de Dios, bebe del espíritu libertario de la época. Itaca convoca a la gente progresista del barrio de la Alameda de Hércules, «los románticos del anarquismo»: anticuarios, actores, ceramistas y pintores que frecuentan el mercadillo de los domingos por la mañana y forman una comunidad inquieta y comprometida en la Sevilla del momento. En su barra se habla de arte, de sexo, de Concha Piquer. «La ciudad necesitaba un lugar así, un espacio donde socializarnos, donde generar corrientes de opinión y debate. Yo incentivaba el rollo cultureta y alternativo. Organizamos exposiciones de artistas como Juan Luis Aguado o Rafael Abad Mejías. También lecturas de poesía, durante las cuales estábamos todos tirados en cojines por el suelo, fumando lo que se fumaba en aquella época. La Alameda siempre ha sido el barrio señero de la contestación y creo que no se ha subrayado lo suficiente la importancia de la actividad de su gente en aquellos años. Por ejemplo, el primer intento de carnavales, prohibidos tras la Guerra Civil, fue organizado por los vecinos del barrio. Aunque con menos repercusión mediática, aquello generó más dinamita que la manifestación del 78».</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="789" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/FF23BD38-A010-4787-98B2-1EA3CA1AC681_1_201_a-789x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4947" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/FF23BD38-A010-4787-98B2-1EA3CA1AC681_1_201_a-789x1024.jpeg 789w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/FF23BD38-A010-4787-98B2-1EA3CA1AC681_1_201_a-231x300.jpeg 231w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/FF23BD38-A010-4787-98B2-1EA3CA1AC681_1_201_a-768x996.jpeg 768w" sizes="(max-width: 789px) 100vw, 789px" /><figcaption>Amor de Dios, 25: primera dirección de Itaca. </figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="696" height="403" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/FEA7D2AE-2786-472B-9C50-999ABB3B25E4.jpeg" alt="" class="wp-image-4926" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/FEA7D2AE-2786-472B-9C50-999ABB3B25E4.jpeg 696w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/FEA7D2AE-2786-472B-9C50-999ABB3B25E4-300x174.jpeg 300w" sizes="(max-width: 696px) 100vw, 696px" /><figcaption>Constantino Cavafis.</figcaption></figure>



<p><strong>LLEGA EL PORNO</strong>  </p>



<p>La dinamita, en Itaca, llega de París. Alrededor de tres años después de la apertura del bar, un amigo comienza a traer películas porno gay de la capital francesa, que, cada noche, son proyectadas a un grupo de elegidos a puerta cerrada. El sistema VHS aun no se ha extendido: los films llegan a Sevilla en forma de bobinas. El cine X de la época, que, visto hoy, resulta algo inocente y naïf, refleja sin embargo el entusiasmo, la osadía que los movimientos de liberación homosexual hicieron florecer por el mundo desde finales de los 60 y hasta la llegada del SIDA. La película <em>Knife&nbsp;+&nbsp;Heart</em> (<em>Un couteau dans le cœur</em>, 2018, Yann Gonzalez) retrata la industria francesa de producción de porno homosexual en el momento en que Itaca abre sus puertas. El personaje principal, interpretado por Vanessa Paradis, está inspirado en Anne-Marie Tensi, la misteriosa directora y productora de cine para adultos cuyas cintas, rodadas bajo seudónimo y en su mayor parte desaparecidas, son hoy obras de culto. Quién sabe si alguna de ellas fue proyectada en aquel primer Itaca. «El éxito fue inmediato. Empezamos a proyectar las películas tras el cierre del bar, entre amigos, pero enseguida se corrió la noticia y la gente se quedaba para ver lo que allí pasaba. Comenzaron a pedirme que adelantase la hora. Aquello acabó siendo un <em>totum revultum</em> de amigos, parejas, gente sola. Algunos se calentaban viendo el porno; otros simplemente se tomaban una copa y miraban. Todos lo vivíamos con naturalidad». Luis Yanguas recuerda cómo en la ciudad se comenzó a hablar de «un pub <em>hyppioso</em> en Amor de Dios donde ponían vídeos porno. Hay que tener en cuenta que, aparte de los bares de maricas antiguas, había poca oferta en Sevilla. Tan solo el Trastamara y el Metal, en Jesús del Gran Poder, tenían ciertas aspiraciones de modernidad. Itaca acabó imponiéndose a los dos». Sin embargo, la situación se vuelve complicada: cada vez más gente viene atraída por las películas X y José Antonio debe manejar varios tipos de público. Decide entonces cerrar un tiempo para reflexionar. Es en ese ínterin cuando prende la llama de Itaca, de ese espíritu libre y osado que marcará a toda una generación. «Nos dimos cuenta de que el porno, y posteriormente el cuarto oscuro, también participaban de aquella voluntad de servicio del primer momento. Queríamos liberar la represión latente que existía en la ciudad, sacar a los maricones de las sombras y los subterráneos. El éxito de aquellas proyecciones nos decidió a seguir por aquel camino y, además, nos ayudó a ser más honestos con nosotros mismos. Fue algo que se impuso por sí mismo. También queríamos, necesitábamos, pasárnoslo bien, para qué te voy a mentir», me guiña un ojo José Antonio por encima de su café. Itaca, que aun no es discoteca, reabre tras una pequeña obra: puertas pintadas de rosa, cortinas de encaje, lámparas de mimbre, alfombras, cojines y una luna y un sol en papel maché. La proyección de cine X ya forma parte de la oferta del local. «Nos atrevimos a institucionalizar aquella parte del proyecto, aunque con mucho miedo. En Sevilla se folla hasta en la sacristía pero el lema es <em>Haz lo que quieras sin que se note</em>. Fuimos muy prudentes desde el principio. La policía hacía constantes redadas en los bares de Marqués de Paradas. A pesar de todo, era evidente que la ciudad estaba preparada para un lugar como Itaca». Sin embargo, una parte de la clientela potencial del bar aun no se atreve a cruzar sus puertas. José Antonio observa a ciertos chicos que, noche tras noche, pasan por delante sin decidirse a entrar. Víctimas de una homofobia salvaje, merodean por Amor de Dios buscando el valor de dar el paso. Manolo es uno de ellos. Su aire timorato atrae la atención de José Antonio, que, con delicadeza, lo hace sentir en seguridad y le invita a entrar. Tras una serie de citas, de charlas, de evidencias, acaban haciendo el amor una noche en Itaca, cuando todos los clientes se han marchado. Manolo, «con su sonrisa eterna y su capacidad de empatía», será parte esencial del proyecto, además de compañero de vida hasta el día de hoy.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="932" height="582" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/014526DD-2292-4091-8D44-F102724AE6B4.jpeg" alt="" class="wp-image-4942" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/014526DD-2292-4091-8D44-F102724AE6B4.jpeg 932w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/014526DD-2292-4091-8D44-F102724AE6B4-300x187.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/014526DD-2292-4091-8D44-F102724AE6B4-768x480.jpeg 768w" sizes="(max-width: 932px) 100vw, 932px" /><figcaption>Vanessa Paradis en <em>Knife&nbsp;+&nbsp;Heart</em> (<em>Un couteau dans le cœur</em>, 2018, Yann Gonzalez).</figcaption></figure>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="14176" height="19008" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2021/02/Numériser-10.jpeg" alt="" class="wp-image-4937"/><figcaption>Fiesta romana en Itaca, años 90 (fotografía José Antonio Campillo). </figcaption></figure></div>



<p>Esta nueva etapa de Itaca asiste al nacimiento de uno de sus elementos distintivos, indisociable del aura de subversión y leyenda que el espacio irá adquiriendo con los años. Al fondo del bar, junto a los servicios, se encuentra el almacén, un pequeño espacio lleno de cajas con botellas. Una noche, José Antonio decide dejarlo abierto, con la luz apagada. «A la salida del servicio, algunos chicos empezaron a meterse dentro de forma espontánea. Aquel fue el primer cuarto oscuro de Itaca. Llegó un punto en el que algunos iban del servicio al almacén sin guardarse la churra. Era todo muy evidente pero, como ocurrió con las proyecciones, a nadie parecía chocarle». En este momento, ciudad y hombre se escuchan y se comprenden cada vez mejor: Sevilla pide diversión y libertad y José Antonio le ofrece un espacio donde cultivarlas y, al mismo tiempo, donde exorcizar sus propios demonios. El proyecto hace encajar lo personal y lo social con fluidez. Sin embargo, la época de oro de Itaca aun está por llegar. Esa que verá a Cleopatra entrar en su fiesta romana cubierta de velos y portada en su trono; la que hará de la discoteca de la calle Amor de Dios un lugar de peregrinación para los homosexuales de España y de Europa, que vendrán a Sevilla para visitar el Alcázar, la Catedral y su pista de baile.</p>



<p><em><strong>Alameda bonita </strong></em></p>



<p>El documental <em>La</em> <em>Alameda</em>, rodado en 1978 por Juan Sebastián Bollaín, recorre el barrio y el momento en los que Itaca aparece en escena. Objeto de deseo maltratado, profanado, el paseo aparece en las imágenes en blanco y negro devorado por los coches y la mugre. El enorme boquete de las obras del metro perfora su centro como una herida abierta. Las casas tradicionales, medio en ruinas, conviven con nuevas construcciones, hijas del desmán inmobiliario que el documental denuncia. Poco queda en aquella época del lugar de esparcimiento, con sus quioscos, fuentes, teatrillos y cines de verano que el barrio fue hasta la Guerra Civil. También la ilustre huella flamenca ha desaparecido. La Alameda ya no es <em>universidad del cante</em>. El tiempo se ha llevado por delante locales míticos como Los Majarones o Las Siete Puertas. El barrio es, en los 70, un cuerpo aquejado de innumerables males: miseria, delincuencia, especulación&#8230; Pero también es un organismo muy vivo. La protesta y la creatividad impregnan sus calles y el mercadillo de los domingos es un ágora de libertad. El Carnaval renace de sus cenizas a finales de la década de la mano de Ocaña y de un vecindario activo e implicado. Tiene sentido que Itaca se estableciera en esta zona de la ciudad donde placer y reivindicación, cultura y libertad, han ido siempre de la mano. Un barrio donde, como canta El Pali en una de sus sevillanas, hasta <em>los Hércules </em>bailan por bulerías.</p>



<p><strong>Libros</strong></p>



<p>Constantino Cavafis, <em>Poesía completa</em>, Visor, 2003. </p>



<p>Miguel A. Domínguez Pérez, José María Marchante, Francisco A. Macera Garfia, <em>Origen del movimiento LGTB en Sevilla</em>, Punto Rojo, 2019. </p>



<p>Jordi Costa, <em>Cómo acabar con la contracultura</em>, Taurus, 2018.</p>



<p>Juan Ramon Barbancho, Pablo Morterero, <em>Lo personal es politico. Historia del activismo homosexual en Andalucia,&nbsp;</em>Diputación de Cadiz, 2019.</p>



<p><strong>Películas</strong></p>



<p><em>Knife&nbsp;+&nbsp;Heart</em> (<em>Un couteau dans le cœur)</em>, Yann Gonzalez, 2018.</p>



<p><em>La Alameda</em>, Juan Sebastián Bollaín, 1978. </p>



<p><br></p>
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		<title>Ramitos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Jan 2021 16:31:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Centro]]></category>
		<category><![CDATA[Compras]]></category>
		<category><![CDATA[La ciudad]]></category>
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<p>Sevilla es una ciudad de flores aunque la gente no tiene costumbre de llevarlas a casa. Las flores adornan los jardines, los balcones y los altares de las iglesias. También se encuentran en las metáforas y en las canciones dedicadas a la ciudad. El sevillano gasta poco dinero en flor. Quizás no entiende pagar por algo bello pero destinado a marchitarse en poco tiempo. A lo mejor tiene bastante con la explosión de la primavera y la Semana Santa. Este compleja relación flor-ciudad tiene su reflejo en la historia de Ramitos. «Ahora se vende más que antes, sin llegar al volumen que se factura en otros países de Europa. La gente ha viajado y se ha traído hábitos que ya existían en otros lugares. Antes la flor cortada era un artículo de lujo, solo al alcance de las familias pudientes, de los hoteles, de las hermandades. En Sevilla, las flores iban en maceta, que se compraban en los viveros y se colgaban en los patios y en los balcones. Eso sí ha existido siempre». Manuel Ramos es el penúltimo eslabón de esta saga de floristas que lleva obrando en el entorno de la Encarnación desde los años 20. Su hija, María, ya ha aceptado el testigo y atiende en el pequeño local que la familia regenta en la esquina de José Gestoso con Misericordia.</p>



<p>El abuelo Manuel llegó a Sevilla, de la provincia de Cádiz, no se sabe cuándo. Personaje misterioso, su espíritu alegre y emprendedor ha quedado sin embargo en las crónicas del antiguo mercado de la Encarnación, donde cogió un puesto de flores en 1920. Su hijo se hizo cargo del negocio, y del apodo <em>Ramitos</em>, a los 19 años. «Mi abuelo se abastecía en las huertas de la ciudad; los viveros no existían en aquella época. La Macarena, por ejemplo, fue hasta hace un siglo barrio de hortelanos y jardines. Mi padre ya conoció la producción que llegaba de fuera: primero de Barcelona y Granada; luego de Almería. La oferta era bastante limitada, sujeta a las temporadas: clavellinas y claveles, rosas, gladiolos, crisantemos, anémonas. Después llegó Chipiona y se hizo con el mercado». A principios de los 70, la familia se instala en un kiosco detrás del mercado, que aun sigue ahí. «Mi padre vivía entregado a su trabajo. Llegó a ocuparse de 25 hermandades. Se pasaba el día entero recorriendo las iglesias de la ciudad, haciendo las entregas. Le llevábamos el almuerzo y se lo comía de pie, en una tabla que colocaba encima de un contenedor. Con todo, entonces el trabajo tenía un cariz más humano, más próximo a la gente. Yo me pasaba muchas horas en el kiosco y recuerdo, por ejemplo, las charlas con los tenderos del mercado. Hoy no hay tiempo para esos momentos».</p>



<p>En un reportaje publicado en el diario <em>Ahora</em> en 1935, Manuel Cháves Nogales escribe: «En Sevilla no hay más que dos o tres floreros que sean capaces de poner como es debido la canastilla de un paso. Uno de ellos es el jardinero del hospital de la Caridad. Estos artistas de la flor se hacen cargo del paso la madrugada anterior a la salida de la cofradía. (&#8230;) Con el ramo de flores en la mano, y a veces con un minúsculo capullito de azahar entre el pulgar y el índice, el artista de la flor, frente al paso, mira y remira, se acerca, se retira, ladea la cabeza, guiña los ojos, sube, baja y se abstrae, como un iluminado, antes de poner la breve pincelada de una flor». ¿Es el florista un artista? En Francia se les considera artesanos (<em>artisan&nbsp;fleuriste</em>). «No es igual vender flores que hacer creaciones florales. Vestir un paso, una iglesia o simplemente un salón requiere sensibilidad y creatividad. Mi abuelo y mi padre fueron autodidactas, se formaron a base de observación y de criterio. Mi hija y yo ya estudiamos en la Escuela de Arte Floral de Madrid y en la de Bollullos. El oficio de florista ha evolucionado, se ha sofisticado con el tiempo. Antes era mucho más duro, más físico». Levantar el monte de flores de un paso de Semana Santa era antaño un trabajo de Titanes. Las flores se clavaban en un amasijo hecho con pasto de cerezas, esto es, con las ramas, tallos y hojas que guardaban la frescura de esta fruta durante su transporte en verano y que, para primavera, habían tenido tiempo de secarse. Bien compactada, esta materia vegetal se moldeaba y se retenía al paso pasándole por encima varias filas de alambres. Este era el soporte del monte, en el que se hincaban los claveles. Cada flor iba atada a un trozo de caña con un poco de alambre, que se obtenía quemando colchones viejos y sacándoles los muelles. El extremo de la caña se afilaba para obtener una especie de flor-puñal que, clavadas una a una, iban cubriendo la superficie. Todo se aprovechaba. Un verdadero ejemplo de ingenio, artesanía y reciclaje. Un paso de Cristo lleva 250 docenas de claveles.</p>



<p>Tras la construcción de las Setas, Ramitos abandona la cooperativa del mercado y se instala en el local que ocupa todavía hoy. De allí sale toda la decoración floral, primorosamente seleccionada y compuesta, para la Catedral y para la Macarena. El grueso del negocio sigue estando destinado a las hermandades y el momento de mayor actividad sigue siendo la Semana Santa. «Mi abuelo y mi padre tenían que emplear a personal extra durante esa semana. Todo era mucho más laborioso. En los 80 apareció la esponja, que permite clavar la flor directamente, y todo se volvió más sencillo. Desde la nostalgia por el pasado, aquello era bonito, el ambiente y los lazos que se creaban durante la decoración del paso. Pero también era una auténtica paliza». ¿Y el sevillano? ¿Qué compra el cliente particular? Mucho nardo en temporada y margaritas todo el año. «&nbsp;El sevillano sigue comprando más plantas que flor cortada porque quiere que le dure para siempre. Eso, evidentemente, es bastante irrealista», bromea Manuel cortando unos claveles blancos. </p>



<p>Ramitos, calle Misericordia 2. </p>
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