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Blanca y el traje de gitana

Llamo a Blanca Cabrera Benjumea desde mi apartamento en París. Ella está en su casa de San Juan de la Palma. El objetivo es charlar sobre moda, sobre Sevilla, sobre la moda y Sevilla. Sobre la Feria y el traje de gitana. Sobre Valencia y Berlín.

Blanca es una de las pocas personas en España (seguramente en el mundo) que, habiendo estudiado moda, no quiere dedicarse a ella. « Me siento ajena al lado mercantilista de la industria. Lo mío es la investigación y la enseñanza. Tengo una visión antropológica, filosófica casi, del vestir. La moda, algo propio al ser humano, refleja su historia. Creo que puede ser un buen camino para comprendernos. Esa es la vertiente que me atrae. »

La historia de Blanca refleja la dualidad de Sevilla. Su familia materna pertenece a la alta burguesía local; la paterna sufrió el exilio en carne propia. En ambas, la figura de la abuela. « Clotilde, la madre de mi madre, se ha interesado siempre por al arte. Para ella, la armonía y la belleza se encuentran en los detalles, también en el vestir. Encarnación, mi abuela paterna, me regaló mi primera máquina de coser. » La moda se impuso de forma lógica, no solo como el oficio, sino como el prisma con el que enfocar su propia historia. « He crecido rodeada de mujeres con una sensibilidad estética y con una formación muy completas. Mujeres inquietas que, inconscientemente, me han transmitido un espíritu curioso y creativo. Hay que educar el ojo. »

La abuela Clotilde.

Blanca realizó sus estudios en Valencia, « una ciudad mediterránea, barroca, de tradiciones arraigadas, pero también con una burguesía industrial potente, abierta, culta. » Luego estudió dos años en Berlín. « Las jóvenes turcas de mi barrio me recordaban a las sevillanas en su forma de arreglarse: estampados, abalorios, oro antes que plata. » Le cuento que a mí me ocurrió algo parecido durante los meses que viví en India. Las mujeres vestidas de sari, con sus colores, sus pliegues primorosamente dispuestos, sus flores adornando el cabello, me hacían a menudo pensar en flamencas camino de la Feria. « Como buena ciudad barroca, Sevilla siempre ha sido aficionada a las arquitecturas efímeras: palcos de la Semana Santa, altares del Corpus, balcones, patios… La propia Feria es un « quita y pon » arquitectónico. Igual ocurre con la moda. Existe una indumentaria efímera. Nos compramos trajes, chaquetas, zapatos o complementos para asistir a una boda, a un bautizo y, por supuesto, a la Feria, que es una experiencia estética. Durante esos días, la ciudad sale a escena y recrea estampas muy peculiares. Y no solo hablo de la mujer vestida de gitana, sino también de los hombres y la cultura del traje de chaqueta. Existe una especia de dandismo andaluz. Supongo que el clima y el estilo de vida, volcado en la calle, se reflejan en nuestra afición por mostrarnos, a veces por presumir. En el sur nos encanta adornarnos. »

La elegancia es eliminación (Cristóbal Balenciaga).

Blanca es una rara avis en la ciudad. La austeridad y la pureza tiñen su visión de la moda, más cerca de Escandinavia que de Andalucía. Menos es más. Pero, ¿y si esa exuberancia andaluza antes mencionada no fuera sino un disfraz? « Quizás el adorno sea algo impuesto. Cuando miro fotos antiguas, de mis abuelas por ejemplo, encuentro un vestir más sencillo, casi humilde, pero también más elegante. Armonía y discreción. La gente de los pueblos también tenía un sentido de la elegancia que ahora ha desaparecido, aunque tal vez esa sea una visión un poco idealizada por mi parte. Supongo que esa evolución hacia el exceso, pareja a la sociedad de consumo y al prêt-à-porter, se ha dado en todas partes, no solo aquí. Con todo, Sevilla ha cambiado mucho: la gente ha salido fuera y ha traído variedad y cierta modernidad en el vestir. »

Sin ninguna relación profesional con la moda flamenca, Blanca se ha vestido de gitana desde pequeña. « Observo algo parecido en la evolución del traje. Hoy impera la exageración, cuando antes lo hacía la gracia. Si tuviera que crear un traje de gitana, haría algo más puro y clásico. El volante como único recurso y un tejido liso. Jugaría con la silueta. » A los pocos días de nuestra conversación, me envía unos maravillosos figurines que recogen esas ideas (fotos en la cabecera y al final de este texto). «  Me gustan los trajes de una pieza, sin escote por detrás y en forma de pico por delante. Lunares pequeños, por supuesto. Un mantoncillo cogido con un broche; una flor, de tamaño prudente, en lo alto; algún peinecillo y corales. No hace falta nada más. Mis abuelas darían el visto bueno. »

Blanca y su hermana gemela en la Feria de Sevilla.

Tras diseñar para varias marcas, Blanca se dedica a la enseñanza. « Me he ido descubriendo poco a poco. Creo en la desaceleración y en lo esencial. No me van los escaparates ni las pasarelas. La moda es un lenguaje que necesita tiempo para contar su historia. Me interesa desentrañar esa historia, que al fin y al cabo es la nuestra. La enseñanza me lleva por esa senda. » Esta alquimista del vestido me deja con esta idea revoloteando por la cabeza. El nuevo mundo que se avecina debería ser de los creadores de su estirpe. « ¿Quién visita hoy el Museo del Traje en Madrid o el de Artes y Costumbres populares aquí en Sevilla? Y sin embargo, sus colecciones reflejan el devenir de la historia igual de bien que cualquier museo de historia o de Bellas Artes. »

Blanca Cabrera Benjumea.
La conversación completa.

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