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	<title>Paseos &#8211; Bonjour Séville</title>
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	<description>Un proyecto sobre Sevilla hecho desde París</description>
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	<title>Paseos &#8211; Bonjour Séville</title>
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		<title>Un paseo con Rafael del León (III)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 May 2022 12:15:14 +0000</pubDate>
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<p><em>Viajar está sobrevalorado</em>, me dijo el otro día Auro Murciano mientras me cortaba el pelo en su salón de la calle Laraña. Cuando el viaje se ha convertido en un producto de consumo más, en un marcador social que exhibir ante los demás y en una fuente inagotable de contaminación ambiental, muchos nos replanteamos nuestra relación con el acto de pasar unos días en otro lugar. Que para viajar no es necesario moverse es una verdad no por repetida menos cierta. Es más: a menudo la realidad decepciona, mientras que la ficción colma. París nunca es tan París como en los decorados del Hollywood de los años 50; Venecia es más veneciana en los cuadros de Canaletto. Y Tánger o Nueva Orleans viven en un mito interminable. Por su parte, Sevilla me seduce mucho más desde el sofá de mi apartamento parisino, sobre todo de un tiempo a esta parte. Tengo tendencia a fantasear sobre lo que existió y no pude conocer o, directamente, sobre lo que nunca existió. Como la Sevilla de las canciones de Rafael de León, depositaria de la visión romántica de franceses e ingleses, adaptada al gusto español, infalible. Por eso, este breve paseo, de la mano del poeta, se hace por una ciudad inexistente, mitológica, y así ajena a toda crítica, como la pareja de amantes de <em>Tu ropita con la mía</em>. Ni siquiera por una ciudad: por un <em>état d&#8217;esprit</em>, como se dice en francés, por un estado de ánimo. Este paseo no necesita desplazamiento alguno.</p>



<span id="more-6034"></span>



<p>Rafael de León escribió este portento de copla, <em>Tu ropita con la mía</em>, en 1962, cuando la canción española ya estaba siendo desplazada por otras músicas. Concha Piquer se había retirado de los escenarios en 1958 pero, obligada por sus contratos, aun grabó algunas composiciones antes de dejar de cantar definitivamente. Así, <em>Tu ropita con la mía </em>es como el canto del cisne de un mundo en desaparición o, al menos, en mutación. Su letra revela el estilo depurado, pulido, de un poeta que consigue esbozar un relato con la mayor economía de recursos. Su música, compuesta por el maestro Solano, juguetea entre el alborozo y la ternura, pero deja sobre todo un regusto melancólico, casi amargo. Por último, la orquestación del maestro Cisneros eleva la melodía (ese primoroso repiqueteo de las castañuelas), la <em>sinfoniza</em>, la convierte en pieza de zarzuela o de cualquier acto de <em>Carmen.</em> La copla se sabe moribunda y quiere darlo todo, como la voz de la Piquer, que tan pronto acaricia como araña el estribillo con arrojo. <em>Tu ropita con la mía</em> es una de las perlas de un género herido de muerte (la agonía será larga). Delicada, comedida, en equilibrio prodigioso.</p>



<p>Me fui de Sevilla después de la universidad. Nunca me reconocí en su sociabilidad, en unos códigos que me resultaban incomprensibles. El sentimiento, abstracto y escurridizo, de ser diferente impregnaba mis relaciones con la ciudad. Rafael de León también dejó Sevilla y se fue a Madrid. Su sobrina, Reyes, me contó, la primera vez que me invitó a su apartamento cerca de la plaza del Salvador, que su tío no visitaba su ciudad natal con demasiada frecuencia, a pesar de hablar de ella en sus canciones sin cesar. Yo empecé a apreciar Sevilla viviendo ya en París. ¿Echaba de menos la ciudad real o la novelada desde la distancia? ¿La que conocía o la que me relataban los franceses que la habían visitado de vacaciones? Probablemente una amalgama de todas ellas. Resuelto el escollo del contacto directo, pude recrear en la imaginación (y recrearme yo mismo en) la ciudad donde había crecido. La copla, que escuchaba desde los quince años, jugó cierto papel en esta construcción. En <em>Tu ropita con la mía</em> Sevilla es un personaje ingrato, opuesto al amor de los dos protagonistas. A pie de calle, la ciudad resulta hostil, casi violenta. ¿Por qué esta virulencia hacia los amantes? ¿Qué los hace merecedores del desprecio de los sevillanos? Rafael de León no explica nada y cada oyente puede así proyectarse en la historia como lo sienta. En cambio, a esta ciudad enemiga se le superpone un plano superior y acogedor (¿el de la imaginación?), compuesto de azoteas al viento y de perspectivas a vista de pájaro. Allí arriba, en ese nivel por encima de los mentideros y de las convenciones, se consuma el relato por el roce de la ropa tendida al sol, lejos de la maledicencia de la sociedad. Por encima de la ciudad. Subido a una azotea sevillana, o desde el sofá, uno puede concederse el lujo de romantizar Sevilla en un momento de <em>rêverie</em>, de ensoñación. ¿Se dejaba llevar Rafael de León por momentos así en su casa de Madrid? Jean des Esseintes, el antihéroe de <em>A contrapelo</em> (<em>À rebours</em>), la novela de Joris-Karl Huysmans publicada en 1884, sueña con visitar Londres. Ha leído sobre la ciudad, ha admirado su arquitectura en cuadros e ilustraciones, ha frecuentado los pubs ingleses de París. El día fijado para el viaje, pocos minutos antes de coger el tren, Des Esseintes decide quedarse en tierra y vuelve con las maletas a su casa. ¿Para qué quiere él poner un pie en Londres si ya ha visitado la ciudad a través del arte, de la literatura, del decorado de los restaurantes? ¿Y si la ciudad le decepciona? ¿Sevilla vale más como idea que como realidad? No lo creo. A pesar del conflicto entre planos de la ciudad que se da en <em>Tu ropita con la mía</em>, la Sevilla mitificada, soñada, es inseparable de la de carne y hueso, modelada en gran parte en base a aquella. Ya se sabe: la vida imita al arte.</p>



<figure class="wp-block-image"><img width="1024" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/BD128D2D-9977-4244-A689-F6EE3BF1C261-1024x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-6080" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/BD128D2D-9977-4244-A689-F6EE3BF1C261-1024x1024.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/BD128D2D-9977-4244-A689-F6EE3BF1C261-150x150.jpeg 150w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/BD128D2D-9977-4244-A689-F6EE3BF1C261-300x300.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/BD128D2D-9977-4244-A689-F6EE3BF1C261-768x768.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption><br></figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="995" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8723-1024x995.jpeg" alt="" class="wp-image-6082" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8723-1024x995.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8723-300x292.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8723-768x746.jpeg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8723.jpeg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption>Concha Piquer a la guitarra. </figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8722-768x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-6084" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8722-768x1024.jpeg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8722-225x300.jpeg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8722-360x480.jpeg 360w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2022/05/IMG_8722.jpeg 960w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>
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		<title>Un paseo con Rafael de León (II)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Oct 2020 09:37:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alameda de Hércules]]></category>
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<p><em>Tatuaje</em> es una canción de 1941. Más que una canción, es un mito. Es <em>La vie en rose</em> de la canción española. Sonó en la radio durante más de dos décadas, marcando de forma indeleble la cultura popular nacional. Narra el encuentro entre una prostituta y un marinero,&nbsp;<em>hermoso y rubio como la cerveza</em>. Sentados en la barra de un bar, él le muestra, tatuado en su brazo, el nombre de la mujer que lo abandonó, pero que él sigue amando. Tras una noche juntos, el marinero desaparece y la protagonista, completamente enamorada, termina tatuándose su nombre y buscándolo de puerto en puerto. El final se abre de esta manera a una historia en espiral, en la que el nombre de la persona deseada viajará de piel en piel en forma de tatuaje.</p>



<span id="more-3895"></span>



<p><strong>LA PROSTITUTA </strong></p>



<p>La acción se sitúa en un puerto, desde luego no el de Sevilla. Se trata de un puerto marítimo, con un trasiego incesante de barcos que hacen escala en su periplo por el mundo. Curtidos, los marineros buscan diversión en los tugurios del muelle a través del alcohol, del juego y del sexo. Saben que van a embarcarse por varios meses, así que los encuentros deben ser intensos y anónimos. Dicen que Rafael de León llevó siempre una vida apartada de las convenciones impuestas por sus raíces aristocráticas. Amante de la farándula y de la bohemia, vivió la noche de Sevilla, Madrid o Barcelona. Con toda probabilidad, frecuentó la Alameda de Hércules, ese barrio rojo sevillano que fue además universidad del cante y del baile flamencos. La relación entre copla y flamenco es indudable, aunque es verdad que, por sus arreglos, <em>Tatuaje&nbsp;</em>se acerca más al espíritu del tango argentino y del vals, al menos en la versión canónica de Concha Piquer. El flamenco floreció en los cafés-cantante del siglo XIX, amamantado en gran parte por el hambre de los artistas y por el dinero de los empresarios y señoritos. En Sevilla, existieron numerosos establecimientos de este tipo, que sobrevivieron hasta los años 30, donde flamenco, bebida y prostitución iban a menudo de la mano. Posteriormente, negocios como las tascas, los restaurantes o las ventas abonaron en sus reservados el terreno en el cual el flamenco ya había hundido sus raíces. En el centro de Sevilla, el célebre Café del Burrero, en la calle Tarifa primero y luego en Sierpes, competía con el de Silverio, situado en la calle Rosario y gestionado por el famoso cantaor Silverio Franconetti. Volviendo a la Alameda, numerosos artistas nacieron, vivieron o trabajaron y se formaron en este paseo: Manuel Torre, Pastora Pavón, <em>Niña de los Peines</em>, y su hermano Tomás, Manuel Vallejo, la Macarrona&#8230; En su autobiografía, <em>Botín de guerra</em>, Miguel de Molina, que cantaría varias composiciones de Rafael de León, evoca su etapa en Sevilla a finales de los años 20. Mucho antes de hacerse famoso, el artista se ganó la vida organizando juergas en los locales del célebre paseo: «&nbsp;Aquel barrio de la Alameda, con sus colmadillos, podía dar lugar, por el mundo que lo frecuentaba, a decenas de coloridos sainetes. En sus bares solían rondar flamencos, cantaores, bailaoras, de segundo plano, para ver si caía algún ganadero o torero rumboso y se organizaba una juerga para ganar unas pesetas.&nbsp;» Pocas son las huellas que nos quedan de ese ilustre pasado flamenco: las estatuas de Manolo Caracol y de Pastora Pavón en el extremo norte del paseo, el azulejo en la fachada de la academia de baile del maestro Realito, en el número 51 de la calle Trajano&#8230; Algo menos evidente, la intersección de las calles Amor de Dios y Conde de Torrejón acogió durante años el restaurante Las Siete Puertas, cuyos azulejos aun coronan el edificio que allí se levanta. Los reservados de este establecimiento fueron escenario de legendarias juergas, financiadas por señoritos aficionados al cante. La prostitución formaba parte de la oferta del local, que perfectamente pudo servir de decorado a la historia de <em>Tatuaje</em>. Todo eso pertenece al pasado. Hoy, la memoria flamenca de la Alameda late en la peña Torres Macarena, del otro lado de la muralla; entre recitales, espectáculos y tertulias, su equipo realiza una labor encomiable.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="683" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/476E7982-1782-4EF1-8F9B-000FA2BA1FE9-e1603101666972-683x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4064" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/476E7982-1782-4EF1-8F9B-000FA2BA1FE9-e1603101666972-683x1024.jpeg 683w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/476E7982-1782-4EF1-8F9B-000FA2BA1FE9-e1603101666972-200x300.jpeg 200w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/476E7982-1782-4EF1-8F9B-000FA2BA1FE9-e1603101666972-768x1152.jpeg 768w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure></div>



<p></p>



<p><strong>EL MARINERO </strong></p>



<p>El marinero de <em>Tatuaje</em>,&nbsp;<em>más rubio que la miel</em>, no parece ser español: llega <em>en un barco de nombre extranjero</em> y se marcha <em>con rumbo ignorado</em>. Como si fuera un turista llegado en una aerolínea de bajo coste, su estancia es corta; su huella, por el contrario, es honda. Aunque siempre ha atraído a viajeros y trotamundos, Sevilla mantiene actualmente una relación problemática con el turismo. Cualquier paseo por el casco histórico revela el ingente número de hoteles y de tiendas de souvenirs que han abierto en los últimos años. Frente a un Ayuntamiento que ha decidido poner en venta la ciudad, todos nos hacemos las mismas preguntas: ¿el turismo es el único camino?, ¿dónde está el límite?, ¿qué pasará cuando Sevilla deje de figurar entre los destinos de moda? El Centro se vacía de vecinos reales y se llena de gente de paso, alojada en apartamentos turísticos. La señal con las siglas AT (Edificio completo), colocada en innombrables fachadas, forma ya parte del paisaje visual urbano, como el traqueteo de las ruedecillas de las maletas lo es del paisaje sonoro. Pero, cuando parecía que todo estaba perdido, la crisis del Covid-19 ha devuelto temporalmente Sevilla a sus habitantes. Tras el confinamiento de la primavera pasada, un idilio nuevo floreció entre la ciudad y los sevillanos, que redescubrieron lugares sacrificados desde hacía años al turismo: los jardines del Alcázar, la plaza de España, el entorno de la Catedral&#8230; Las callejuelas del barrio de Santa Cruz aparecían de repente libres de veladores y de grupos de visitantes, tal y como Rafael de León las evocó en varias de sus coplas. «&nbsp;Había borrado Santa Cruz de mis paseos&nbsp;» o «&nbsp;hacía años que no visitaba el Alcázar&nbsp;» se volvieron frases recurrentes. Mientras el Ayuntamiento, como la protagonista de <em>Tatuaje</em>, buscaba desesperadamente al turista perdido a golpe&nbsp;de campañas de promoción y de planes de urgencia, Sevilla se reencontraba consigo misma.</p>



<p><strong>HOMBRES GUAPOS </strong></p>



<p>El protagonista de <em>Tatuaje</em> es, además, superlativamente guapo. ¿Y los sevillanos? ¿Son guapos los hombres de esta ciudad? Siempre me ha parecido que sí, aunque quizás, después de tantos años en París, mi mirada sea una mirada extranjera, como la de aquellos románticos que venían buscando a Carmen. Tras leer en sus apartamentos parisinos los relatos de los viajeros que les habían precedido, llegaban a Andalucía sabiendo lo que iban, o más bien lo que querían, hallar: la mujer morena, de ojos seductores y porte altivo. <em>La andaluza</em> tal y como la concibió Europa en el siglo XIX. Tal vez yo llevo ese mismo prisma en la mirada y vengo a Sevilla predispuesto a encontrar hombres de pelo ensortijado y piel bronceada, de pelo en pecho y muslos firmes. El arquetipo del andaluz. Basta con cruzarme con un par de ellos por la calle para concluir que el sevillano es verdaderamente guapo. Uno ve lo que quiere ver. En cualquier caso, cabe preguntarse por dónde se mueven los hombres más hermosos de Sevilla: ¿atendiendo en el mercado de Triana?, ¿practicando footing por el río?, ¿conduciendo un autobús de Tussam?&#8230; Rafael de León tendría mucho que decir al respecto. Es fácil imaginárselo por la calle Sierpes, admirando bajo el ala de su sombrero la belleza de algún sevillano apuesto o buscando una mirada cómplice en el reflejo de los escaparates. Aunque los descendientes y los exégetas del poeta siguen empeñados en cubrir su vida sentimental de un pacato velo, lo cierto es que sus composiciones han conectado con varias generaciones de homosexuales. <em>Romance de la otra</em>, <em>Compuesta y sin novio</em> o <em>Madrina</em> son algunas de las coplas cuya letra da fácilmente lugar a una doble lectura en clave gay. Durante el franquismo, escuchar y tararear estas historias de pasiones prohibidas podía constituir un espejo en el que reconocer el propio deseo sexual frustrado. En este sentido, Stephanie Sieburth defiende el papel terapéutico que la copla tuvo entre los vencidos de la Guerra civil en su libro <em>Coplas para sobrevivir: Conchita Piquer, los vencidos y la represión franquista</em>. Los encuentros homosexuales estaban condenados al silencio y a los márgenes. ¿Conoció Rafael de León los urinarios públicos que había bajo la Plaza del Duque? ¿Merodeó al caer la noche por el entorno del Prado de San Sebastián? Y aun antes, ¿frecuentó el poeta el Barrio Moro construido para la Exposición del 29? Su célebre cafetín causó furor entre los homosexuales sevillanos, pues los apuestos camareros  ofrecían sus servicios a los clientes dispuestos a pagar por ellos. El propio Miguel De Molina perdió la virginidad con uno de aquellos trabajadores, aunque sin mediar dinero, según cuenta en su autobiografía. </p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="738" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/BF0BE210-BE81-4358-A657-C2CB1BABE94F-738x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-4066" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/BF0BE210-BE81-4358-A657-C2CB1BABE94F-738x1024.jpeg 738w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/BF0BE210-BE81-4358-A657-C2CB1BABE94F-216x300.jpeg 216w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/BF0BE210-BE81-4358-A657-C2CB1BABE94F-768x1066.jpeg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/BF0BE210-BE81-4358-A657-C2CB1BABE94F.jpeg 1300w" sizes="(max-width: 738px) 100vw, 738px" /><figcaption>Jean Genet fotografiado por Brassaï, París, 1950.</figcaption></figure></div>



<p>Jean Genet recorrió España a pie a principios de los años 30. En Diario del ladrón (<em>Journal du voleur</em>), donde reconstruye su errático deambular por el país, el escritor francés recuerda aquel periodo como <em>l’époque de ma vie la plus misérable.</em> De Barcelona, donde malvivió robando y prostituyéndose a los marineros del puerto, Genet bajó a Cádiz. Es el verano de 1934 y el autor describe el sur de España con estas palabras: <em>L’Andalousie était belle, chaude et stérile. Je l’ai toute parcourue</em>. No sabemos si Genet escuchó <em>Tatuaje</em> alguna vez en su vida. Tal vez la copla sonó en la radio de algún café durante sus años en Tánger. En cualquier caso, un hermoso vínculo fluye entre la composición de Rafael de León y <em>Querelle de Brest</em>, la novela publicada por el escritor en 1947. Querelle es un rubio marinero, traficante de opio, cuya excepcional belleza hace vibrar los bajos fondos del famoso puerto de Bretaña. Todos sucumben a su poder de atracción, desde el teniente Seblon (como el bar del barrio del Pópulo, en Cádiz) hasta Madame Lysiane, dueña del prostíbulo más famoso de Brest, <em>La Feria</em>. Poseer a Querelle, que además es un asesino en serie, pero esa es otra historia, se convierte en una obsesión para estos personajes. En 1982, Rainer Werner Fassbinder adaptó al cine la novela de Genet. Andy Warhol creó el cartel de la película. Rodada en estudio, los decorados constituyen una vision estilizada y algo kitsch del puerto de Brest, con sus murallas ornadas de enormes penes de piedra. El film retoma la mitología en torno a la figura del marinero que Genet y Rafael de León, cada uno a su manera, ya habían evocado: alcohol, soledad, prostitución&#8230; Brad Davis, que interpreta el papel principal, bien podría haber inspirado el personaje del marinero de <em>Tatuaje</em> si Rafael de León se lo hubiera cruzado por la calle Sierpes.</p>



<p><strong>Epílogo</strong></p>



<p>La protagonista de <em>Tatuaje</em> sigue buscando. En la calle Amor de Dios, un nombre capta su atención: <em>Ítaca</em>, como la patria del marinero más famoso de todos. Tal vez el suyo haya pasado por aquí. Este club forma parte del patrimonio de la noche sevillana. Sus salas, que se han llenado y se han vaciado varias veces según las modas, son escenario de espectáculos de copla y transformismo y de encuentros sexuales anónimos. Con más de 30 años, Ítaca resiste al paso del tiempo, tal vez por mantenerse fiel a sí misma. Su espíritu ha cambiado poco a lo largo de los años. Al entrar, nuestra prostituta siente pronto el alivio que otorgan los lugares encarnados, inmunes a los años. Una penumbra reconfortante la envuelve. Sentada en la barra, esta vez sola, piensa que quizás este sea un buen lugar para descansar de su búsqueda. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="828" height="856" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/B662F70B-A4C7-42EC-A400-EA7031A0AE1D.jpeg" alt="" class="wp-image-4072" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/B662F70B-A4C7-42EC-A400-EA7031A0AE1D.jpeg 828w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/B662F70B-A4C7-42EC-A400-EA7031A0AE1D-290x300.jpeg 290w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/B662F70B-A4C7-42EC-A400-EA7031A0AE1D-768x794.jpeg 768w" sizes="(max-width: 828px) 100vw, 828px" /></figure>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="497" height="750" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/78401BDF-E14E-42C5-B750-A2A640F94989.jpeg" alt="" class="wp-image-4068" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/78401BDF-E14E-42C5-B750-A2A640F94989.jpeg 497w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/78401BDF-E14E-42C5-B750-A2A640F94989-199x300.jpeg 199w" sizes="(max-width: 497px) 100vw, 497px" /><figcaption>Brad Davis en <em>Querelle</em>, Rainer Werner Fassbinder, 1982.</figcaption></figure></div>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="359" height="466" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/A9E1FBBC-6C43-4C09-AC8F-2D93723C5B35_4_5005_c.jpeg" alt="" class="wp-image-4070" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/A9E1FBBC-6C43-4C09-AC8F-2D93723C5B35_4_5005_c.jpeg 359w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/10/A9E1FBBC-6C43-4C09-AC8F-2D93723C5B35_4_5005_c-231x300.jpeg 231w" sizes="(max-width: 359px) 100vw, 359px" /><figcaption>Concha Piquer.</figcaption></figure></div>



<p><strong>Libros</strong></p>



<p>Rafael de León, <em>Poemas y canciones</em>, Alfar, 2003. </p>



<p>Miguel de Molina, <em>Botín de guerra</em>, Almuzara, 2012.</p>



<p>Stephanie Sieburth, <em>Coplas para sobrevivir: Conchita Piquer, los vencidos y la represión franquista</em>, Cátedra, 2016.</p>



<p>Miguel A. Domínguez Pérez, José María Marchante, Francisco A. Macera Garfia, <em>Origen del movimiento LGTB en Sevilla</em>, Punto Rojo, 2019. </p>



<p>Jean Genet, <em>Diario del ladrón</em>, RBA, 2010.</p>



<p>Jean Genet, <em>Querelle de Brest</em>, Debolsillo, 2004. </p>
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		<title>Un paseo con Rafael de León (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 14 Aug 2020 14:10:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Paseos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Empecé a escuchar copla a los quince años. Mi tía me pasó una cinta de Imperio Argentina y mi prima un disco de Concha Piquer. Cuando Ana, la chica que venía a limpiar a casa, se quedaba recogiendo la cocina, yo la acompañaba y los&#8230; <a class="read-more" href="https://bonjourseville.com/es/un-paseo-con-rafael-de-leon-i/">Leer más</a></p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Empecé a escuchar copla a los quince años. Mi tía me pasó una cinta de Imperio Argentina y mi prima un disco de Concha Piquer. Cuando Ana, la chica que venía a limpiar a casa, se quedaba recogiendo la cocina, yo la acompañaba y los dos tarareábamos <em>Los piconeros, La niña de Puerta Oscura, La Parrala</em>&#8230; Desde el principio, intuí que estaba en terreno pantanoso, que la copla llevaba consigo un caudal de implicaciones de orden ideológico, social y, por supuesto, sexual. ¿Es normal que un hombre cante copla? Pero yo, como Juana Reina (<em>igual que Sansón acaba con todos los filisteos</em>), seguía adelante: pronto descubrí a Miguel de Molina, a Rocío Jurado, a Martirio. Más tarde me enteré del nombre de la persona que había escrito la mayoría de aquellas letras: Rafael de León. No me interesaba saber si se trataba de un poeta mayor o menor, si pertenecía o no a la Generación del 27, si tenía convicciones franquistas. Sus canciones desplegaban ante mí un mundo sumamente visual e intenso. Con unas pocas pinceladas certeras y en tres minutos, el poeta creaba una historia perfecta a la que estaba invitado. Ese universo mítico me atrapó desde el principio, sin remedio.&nbsp;</p>



<span id="more-3556"></span>



<p>Propongo una serie de tres paseos por Sevilla de la mano de Rafael de León, cada uno tomando como eje una de sus coplas. El primero se inspira en la historia de <em>No te mires en el río.&nbsp;</em>Recomiendo escuchar la versión original en la voz de Concha Piquer, así como la de Martirio en el disco <em>Coplas de madrugá</em>.</p>



<p><strong>NOCTURNO EN EL BALCÓN </strong></p>



<p>Rafael de León escribió la letra de <em>No te mires en el río</em> en 1940. Manuel Quiroga se encargó de la música. Esta copla toma elementos de la mitología clásica, de la canción infantil e incluso del cine, para contar una historia de tintes oníricos que termina en pesadilla. Una tragedia tramada por la luna, el río y la noche. El famoso <em>travelling</em> del principio de la letra nos acerca a Sevilla, a esa casa, a esa ventana a la que se asoma la niña protagonista de la historia, caracterizada desde el inicio por una excepcional belleza envidiada por las flores. Sevilla es una ciudad de ventanas y, sobre todo, de balcones. Todos tenemos nuestras favoritas. Rafael de León nos sitúa frente a una de ellas. Es de noche. La luna fulge en el cielo. Como Narciso, la niña admira su belleza en el reflejo que le devuelve el río. Creo que no existe en Sevilla una sola ventana que permita mirarse desde ella en las aguas del Guadalquivir. Poco importa. El oyente accede con esta copla a una dimensión surrealista de perspectivas alteradas. De hecho, toda la composición gira en torno al acto de mirar: el novio mira a la niña, que a su vez se mira en el agua; nosotros, como la luna y el propio río, como también las flores, los miramos a los dos. Mirando hacia arriba, como el novio que viene a cortejar a la niña, el paseante descubre siempre tesoros inesperados. Nuestro paseo comienza, por supuesto de noche, en el Paseo de la O. Poco frecuentado y guarecido por los árboles, este lugar ofrece la calma necesaria al ensimismamiento de la niña y a la admiración del novio. El agua chapotea entre los juncos y el viento sopla en las ramas. El tráfico y el tumulto quedan lejos. Tal vez alguien esté asomado a su ventana contemplando las luces de la noche.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img loading="lazy" width="1024" height="574" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-1024x574.jpg" alt="" class="wp-image-3873" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-1024x574.jpg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-300x168.jpg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-768x431.jpg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-1070x600.jpg 1070w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124.jpg 1287w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption>Emilio Sánchez Perrier, <em>Triana,&nbsp;</em>1888-1890, Museo de Bellas Artes de Sevilla. </figcaption></figure></div>



<p>Al otro lado del río, en el Museo de Bellas Artes, un cuadro de Emilio Sánchez Perrier, <em>Triana</em>, ilustra el aspecto del paseo a finales del siglo XIX: una orilla accidentada donde se elevan precariamente las míseras construcciones que conforman el arrabal. Los pequeños embarcaderos que salpican la orilla y las redes puestas a secar recuerdan la actividad pesquera en Triana. Pero el Guadalquivir, proveedor de vida, poseía también una enorme fuerza destructora. Sus devastadoras crecidas, que anegaban por completo la ciudad, han erosionado los muros en el cuadro de Sánchez Perrier. Los vecinos han construido empalizadas para moderar la bravura de su corriente y frenar la erosión. En la copla de Rafael de León, el río es un personaje más, mudo, pero con un poder de atracción irresistible. Sus aguas negras, nocturnas, hipnotizan a la niña que, a pesar del presentimiento del novio, sucumbirá víctima de esta oscura fuerza.</p>



<p><strong>DIOSAS Y VÍRGENES</strong></p>



<p>La niña se transforma en la segunda estrofa. Adornada con las joyas que el novio le ha comprado en la Feria, cuando la fiesta en el Real era un evento tanto festivo como comercial, aparece en su ventana como una diosa objeto de veneración. Tradicionalmente, los joyeros de Sevilla se han agrupado en el entorno de la Plaza del Salvador. La joyería Reyes languidece en la calle Álvarez Quintero. Guardado celosamente, su espléndido interior modernista, único en Sevilla, se conserva casi intacto. Por su parte, los anticuarios de la calle Acetres exponen zarcillos de coral y peinas de carey del XIX. Sin embargo, es más probable que el muchachillo de <em>No te mires en el río</em> se dirija a los pequeños puestos de la Plaza del Pan, con sus escaparates repletos de pulseras y medallitas de plata. La gente se sigue parando a curiosear o a buscar un regalo para un bautizo. Yo mismo compré recientemente allí una medalla. La ventana ya no es una ventana: es un altar. La niña, una figura hierática y virginal, se encuentra en su camarín, sus joyas brillando bajo los rayos de la luna. En Sevilla, lo sagrado asalta al paseante en cada esquina. Los santos y las vírgenes nos contemplan desde una hornacina, desde una reja, desde un azulejo. Como la niña en su ventana, estos habitantes mudos de la ciudad se ofrecen a la mirada, a la plegaria silenciosa. La gente sigue haciéndoles ofrendas (flores, velas), como hace el novio en la copla de Rafael de León. Primas de las vírgenes sevillanas, Atenea, Diana y Venus han abandonado sus altares y presiden las salas del Museo Arqueológico o los patios del Palacio de Lebrija y de la Casa de Pilatos.</p>



<p><strong>OFELIA AHOGADA EN EL GUADALQUIVIR</strong></p>



<p>En el poema <em>Las muertes de Sevilla</em>, Rafael de León evoca la belleza mortífera de la ciudad, que mata dulcemente a sus amantes: <em>En Sevilla se muere / con una muerte blanda y deseada, / y el dardo que te hiere / no es cuchillo ni espada, / que es de flor y de sol la puñalada</em>. El mismo poeta se entrega a este hechizo y cae como una víctima más. Este sacrificio voluntario entronca con los misterios de las religiones paganas donde el reo, a veces la propia divinidad, acepta ser inmolado. Podrían escribirse varios libros sobre el vínculo entre Sevilla, la religión y la muerte. En el último acto de <em>No te mires en el río</em>, una luna ominosa baña la escena una vez más. La ventana está vacía; la niña flota ahogada en el Guadalquivir, como la Ofelia de Hamlet. ¿Sacrificio o accidente? Se trata del único momento de la historia que Rafael de León no nos permite «mirar». La niña-diosa-virgen ha bajado de su pedestal y yace en la superficie del Betis romano, cuya corriente la arrastra ante el novio horrorizado. Si, al inicio de la copla, un efecto de zoom nos acercaba a ella, ahora es ella la que se aleja de nosotros, llevada en volandas por el agua. Ni el novio, ni siquiera el narrador de la historia, pueden dominar el influjo del todopoderoso río. Nuestro paseo termina en el Jardín Americano, junto al Monasterio de la Cartuja. Abandonado a su suerte desde hace años, son pocos los que se acercan a él: algunos adolescentes se bañan en el río; los dueños de perros charlan en los senderos; hay gente que viene a correr… Sus especies exóticas, reflejadas en los estanques, y la soledad del lugar conforman un decorado especialmente propicio a la ensoñación. Por su parte, la pasarela fluvial permite al paseante acercarse al Guadalquivir, acariciarlo si quiere. Cuesta creer que este agua mansa, domeñada a mediados del siglo pasado, pueda hacer daño a alguien. Si uno se asoma por encima de la barandilla, puede ver su reflejo en el río.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="768" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-3871" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4-768x1024.jpg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4-225x300.jpg 225w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4-360x480.jpg 360w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4.jpg 1537w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="715" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/EBB27979-35C2-431D-849B-F638B3440B3B_1_201_a-715x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-3889" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/EBB27979-35C2-431D-849B-F638B3440B3B_1_201_a-715x1024.jpeg 715w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/EBB27979-35C2-431D-849B-F638B3440B3B_1_201_a-210x300.jpeg 210w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/EBB27979-35C2-431D-849B-F638B3440B3B_1_201_a-768x1100.jpeg 768w" sizes="(max-width: 715px) 100vw, 715px" /><figcaption>Interior de la joyería Reyes. </figcaption></figure>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="696" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/2B8C2265-DEF0-4F77-8B5E-66FC9531C1B7-1024x696.jpg" alt="" class="wp-image-3875" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/2B8C2265-DEF0-4F77-8B5E-66FC9531C1B7-1024x696.jpg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/2B8C2265-DEF0-4F77-8B5E-66FC9531C1B7-300x204.jpg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/08/2B8C2265-DEF0-4F77-8B5E-66FC9531C1B7-768x522.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption><em>Y que el agua la llevaba&#8230;</em> (John Everett Millais, <em>Ophelia,&nbsp;</em>1851-1852, Tate Britain). </figcaption></figure>



<p></p>
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		<title>Un paseo con Cernuda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Mar 2020 12:55:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Paseos]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fui un adolescente retraído y algo romántico que daba largos paseos por Sevilla. Siempre huyendo de la muchedumbre, buscaba los rincones menos transitados. Hoy sigo cultivando esta afición por el paseo sin rumbo que los franceses llaman flânerie. En aquella época aun no lo sabía&#8230; <a class="read-more" href="https://bonjourseville.com/es/un-paseo-con-cernuda/">Leer más</a></p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Fui un adolescente retraído y algo romántico que daba largos paseos por Sevilla. Siempre huyendo de la muchedumbre, buscaba los rincones menos transitados. Hoy sigo cultivando esta afición por el paseo sin rumbo que los franceses llaman <em>flânerie</em>. En aquella época aun no lo sabía pero, muchos años antes, Luis Cernuda había evocado esa Sevilla recogida e íntima, lejos de la fiesta y el ruido, quizás más real que la Sevilla jaranera de las películas y el turismo. Lejos de la algarabía, el paseante, o <em>flâneur</em>, cernudiano busca la plenitud en el recogimiento y el silencio. Y Sevilla, por ahora, se sigue prestando a este tipo de deambular. En <em>Ocnos</em> y en otros textos, Cernuda rememora una ciudad moldeada por el sonido del agua, por la luz del ocaso, por las estaciones que traen aromas y pregones por las calles del centro histórico. Estímulos que enmarcan su niñez y juventud, su descubrimiento de las cosas, de los otros y de sí mismo. También su despertar poético. </p>



<span id="more-2742"></span>



<p>¿Queda algo de la Sevilla de Cernuda? En tiempos de apartamento turístico, de tienda de souvenirs, de mapping navideño y de centro comercial, ¿dónde está esa ciudad pudorosa, interior, vibrante, que el poeta evocó? Paseando por el Centro, parece casi imposible que este sea el lugar que inspiró poemas como <em>Primavera vieja</em> o <em>Tierra nativa</em>. Entre patinetes eléctricos y paquetes de Amazon, el <em>flâneur</em> se pregunta si todo está perdido y quiere creer que no.</p>



<p>Existen dos Sevillas cernudianas. Por un lado, los lugares ligados a la biografía del poeta: las casas, las calles, las iglesias sobre las que Cernuda escribió y que siguen ahí; por otro, la ciudad abstracta, bosquejada a través de sensaciones y estados de ánimo. Cernuda ofrece pocos nombres concretos al hablar de Sevilla: la Plaza del Pan, la iglesia de la Encarnación, entonces capilla de la Universidad, la Catedral, el río… La ciudad es un escenario anónimo favorable a la introspección. Tal vez cualquier otra le hubiera servido de estímulo poético.</p>



<p>La siguiente <em>flânerie</em> combina estas dos Sevillas: la biográfica, con algunos de los lugares unidos a la vida de Cernuda, y la poetizada. Esta última recorre calles, jardines y conventos que, sin aparecer en sus textos, encarnan la sensibilidad cernudiana. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="795" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f0e-1024x795.jpeg" alt="" class="wp-image-2653" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f0e-1024x795.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f0e-300x233.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f0e-768x596.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p style="text-align:right">« Recuerdo aquel rincón del patio en la casa natal, yo a solas y sentado en el primer peldaño de la escalera de mármol. » (<em>El tiempo</em>, <em>Ocnos</em>)</p>



<p>Al principio está la casa natal de la calle Acetres. Desde hace muchos años acoge una cristalería. El Ayuntamiento acaba de comprarla y tiene previsto abrir un museo en memoria del poeta (y de toda la Generación del 27). El proyecto estará dirigido por Antonio Rivero Taravillo, profesor y biógrafo de Cernuda. Por el momento, si uno se asoma, se encuentra con el patio en el que el poeta pasó horas enteras durante su infancia. En <em>La Ciudad</em>, Chaves Nogales dice que el patio sevillano es eminentemente triste, propicio a la melancolía y al anhelo. También a la introspección. Un mundo cerrado sobre sí mismo donde el niño Cernuda descubre la eternidad en lo efímero: el agua y los peces de la fuente, las plantas, el toldo que protege del calor del verano y que se descorre en invierno… Buena metáfora de Sevilla: los ritmos y los ritos como forma de escapar al tiempo. La eternidad se encuentra en lo perecedero. Los pregones que marcan el paso de las estaciones convencen al niño de la permanencia de ciertas cosas. Cualquier <em>flâneur</em> que pasee por el centro de Sevilla encontrará a su paso numerosos patios que admirar desde el zaguán. No en todos, pero en muchos de ellos pervive ese tiempo suspendido que experimentó Cernuda en el patio de la calle Acetres. Otros son accesibles, como el patio de la Casa de los Pinelo o el del Hospital de la Caridad, ambos poco frecuentados. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="682" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f14-1024x682.jpeg" alt="" class="wp-image-2675" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f14-1024x682.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f14-300x200.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f14-768x512.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p style="text-align:right">« Sueño de un dios sin tiempo » (<em>Jardín antiguo, Las Nubes</em>)</p>



<p>Luego están los jardines y las fuentes. La observación de las plantas permite al poeta, una vez más, acceder a lo eterno. Cernuda dedica muchos versos a la naturaleza. Sevilla es una ciudad-jardín donde la vegetación se integra de forma espontánea en la arquitectura, donde los ciclos de floración marcan el ritmo con sus aromas y colores. Además de los patios, los jardines, y por encima de todos los del Alcázar, permiten al poeta desprenderse del tiempo. El <em>acorde</em> es para Cernuda ese sentirse vivo, ese goce atemporal ante la belleza. El parque de María Luisa, con sus senderos frondosos, alberga el monumento a Bécquer, tan admirado por Cernuda. Pero el <em>flâneur</em> debe seguir su camino hasta los jardines de las Delicias, los más románticos de la ciudad, dormidos entre estatuas neoclásicas y especies exóticas. Allí, apoyado en la taza de algunas de sus fuentes, imagina al poeta embelesado por el recogimiento del lugar, el mismo que describe en numerosos textos. Otro día, tal vez, el paseante se encuentre vagando por los senderos solitarios de los jardines del Monasterio de la Cartuja, plantados de limoneros, naranjos y pomelos. Año tras año, cernudianamente, sus flores se abren en primavera. Este vergel urbano se perfuma entonces generosamente, en soledad, como el magnolio del que Cernuda habla en <em>Ocnos</em>. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="768" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_b1-1024x768.jpeg" alt="" class="wp-image-2659" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_b1-1024x768.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_b1-300x225.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_b1-768x576.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="765" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1069-1024x765.jpg" alt="" class="wp-image-2668" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1069-1024x765.jpg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1069-300x224.jpg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1069-768x574.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p style="text-align:right">« Y con la visión de esa hermosura oculta se deslizaba agudamente en su alma, clavándose en ella, un sentimiento de soledad hasta entonces por él desconocido » (<em>Belleza oculta, Ocnos</em>). </p>



<p>Hay una Sevilla solitaria. Una ciudad silenciosa e íntima, delicada y recoleta, convive con el tópico del bullicio y la gracia. La calle Aire, donde Cernuda vivió, sigue conservando esta calma. Pero el paseante sabe que debe alejarse del centro. El barrio de San Vicente, de conventos y casonas románticas, tiene algo de parisino. Sus calles elegantes se estiran paralelas, como si las hubiera diseñado el barón Haussmann. Chaves Nogales, una vez más, recuerda que la ciudad que más se parece a París es Sevilla. El <em>flâneur</em> deambula por este barrio becqueriano como lo haría el propio Cernuda: solo, apreciando el silencio y el recogimiento, la armonía de las calles. Un paseo que lo lleva al convento de Santa Clara y su claustro, uno de los más bellos de la ciudad. Tal vez antes haya comprado dulces en San Clemente, como el poeta hace, a las monjas de un convento anónimo, en uno de sus poemas en prosa. Cernuda habla a menudo del sufrimiento que produce la belleza, del aislamiento al que le aboca su sensibilidad. Aquí, en el claustro de Santa Clara, el paseante intuye ese <em>acorde</em> del poeta. Esta Sevilla recatada, casi mística, es la entrada, en solitario, a un tiempo sin tiempo. Como el niño que está sentado en la penumbra del patio de la casa familiar o el joven que habita en los jardines de la ciudad. Como cualquier lector que se sumerja en los textos de Ocnos. </p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="765" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f12-1024x765.jpeg" alt="" class="wp-image-2665" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f12-1024x765.jpeg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f12-300x224.jpeg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/fullsizeoutput_2f12-768x574.jpeg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" width="1024" height="1024" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1993-e1584273779270-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-2673" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1993-e1584273779270-1024x1024.jpg 1024w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1993-e1584273779270-150x150.jpg 150w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1993-e1584273779270-300x300.jpg 300w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2020/03/IMG_1993-e1584273779270-768x768.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p style="text-align:right">« Raíz del tronco verde, ¿quién la arranca? / Aquel amor primero, ¿quién lo vence? / Tu sueño y tu recuerdo, ¿quién lo olvida, / Tierra nativa, más mía cuanto más lejana? » (<em>Tierra Nativa, Como quien espera el alba</em>)</p>



<p>Quizás la Sevilla de Cernuda no exista. Es una ciudad imaginaria, solo visitable desde los textos del poeta, escritos durante su errático exilio en Escocia, Estados Unidos y México. Tal vez solo desde la distancia se pueda entrar en ella. Sin embargo, el <em>flâneur</em> cernudiano sigue su deambular. Se para delante del escaparate de Maquedano, en Sierpes, tienda que el poeta probablemente conoció. ¿Qué sombrero habría elegido Cernuda, al que todos recuerdan como un auténtico dandy? Al caer la tarde, el <em>flâneur</em> se sienta en el bar Europa, con su elegante decoración de azulejos y espejos. A través del gran ventanal puede ver el ir y venir de la gente por la Plaza del Pan, donde el abuelo de Cernuda, de origen francés, tuvo una droguería.</p>



<p><br></p>
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		<title>Jardines de las Delicias: entre Rome et La Havane</title>
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		<dc:creator><![CDATA[alex]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Nov 2016 12:03:13 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; Beaucoup moins connus que le Parque de María Luisa, ces petits jardins gardent tout l&#8217;esprit de la Séville romantique. En effet, même si leur origine se situe au 18ème siècle, c&#8217;est au siècle suivant, en pleine période romantique, qu&#8217;ils ont été façonnés tels qu&#8217;on&#8230; <a class="read-more" href="https://bonjourseville.com/es/jardines-las-delicias-rome-et-la-havane/">Leer más</a></p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Beaucoup moins connus que le Parque de María Luisa, ces petits jardins gardent tout l&#8217;esprit de la Séville romantique. En effet, même si leur origine se situe au 18ème siècle, c&#8217;est au siècle suivant, en pleine période romantique, qu&#8217;ils ont été façonnés tels qu&#8217;on les connaît aujord&#8217;hui. L&#8217;agencement de l&#8217;espace tend à créer un effet théâtral, en accord avec le goût de l&#8217;époque: sculptures sur piédestal de divinités romaines (Vénus, Cupidon), sentiers recouverts de verdure débouchant sur des petites places cachées&#8230;</p>
<p>Côté verdure, des espèces autochtones telles que le jasmin, l&#8217;oranger ou le jacaranda se mêlent à des exemplaires venus d&#8217;Amérique du Sud, ce qui contribue à l&#8217;exotisme d&#8217;un espace qui, par moments, pourrait se trouver aussi bien à Rome qu&#8217;à La Havane. Un véritable jardin secret.</p>
<p>Les <em>Jardines</em> se trouvent juste en face de la Plaza de América du parc de María Luisa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2016/11/FullSizeRender-5.jpg"><img loading="lazy" class="aligncenter wp-image-478 size-full" src="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2016/11/FullSizeRender-5.jpg" alt="fullsizerender-5" width="1936" height="2592" srcset="https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2016/11/FullSizeRender-5.jpg 1936w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2016/11/FullSizeRender-5-224x300.jpg 224w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2016/11/FullSizeRender-5-768x1028.jpg 768w, https://bonjourseville.com/wp-content/uploads/2016/11/FullSizeRender-5-765x1024.jpg 765w" sizes="(max-width: 1936px) 100vw, 1936px" /></a></p>
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