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Verano en Sevilla (Tarde de agosto)

Mi madre y yo estamos sentados en un banco de la plaza del Pan. Nos hemos comprado un helado cada uno, de mango ella, yo de limón. De repente agosto se ha vuelto amigable, esta mañana ha llovido y se puede estar en la calle a las seis de la tarde. Miro hacia arriba. Había olvidado los azulejos publicitarios que coronan dos de los edificios de la plaza: ANTIGUA FERRETERIA DE LA PLAZA DEL PAN, reza uno, PEDRO ROLDAN, el otro.

-En esta plaza tenía una farmacia el abuelo de Luis Cernuda, que era de origen francés, dice mi madre. No, no era una farmacia, era una droguería.

Una señora sale de un portal en shorts y chanclas, lleva en las manos un cartón de pizza y una lata de Coca-Cola.

-Yo conocí al biógrafo de Cernuda, comento, me tomé un café con él en la calle Levíes hace tiempo, quería hacerle unas preguntas sobre la vida del poeta. Murió el año pasado.

Nos quedamos en silencio, chupando nuestros helados, mirando a los turistas que pasan con sus bolsas de shopping.

-¿Cuál es la calle Siete Revueltas?, pregunta mi madre de improvisto.

Apunto con el dedo hacia la calle en cuestión, y al hacerlo recuerdo mis noches de juerga por los bares que allí existieron. Pienso: Espero que no proponga pasar por ella cuando hayamos terminado los helados. Cada cosa en su sitio, también los recuerdos y los rincones de la ciudad.

Seguimos sentados en nuestro banco. A lo lejos se acerca un joven en calzonas y camiseta sin mangas. Lleva una bolsa de deporte al hombro. Va o viene del gimnasio, su brazo tiene el grosor de mi muslo. No puedo evitar seguirlo con la mirada, aunque no es el primer cuerpo musculoso y atrofiado, deseable a pesar de todo, que veo desde esta mañana. Ni mucho menos. La pantalla del móvil y el paseo por las calles de Sevilla me han dado mi dosis cotidiana de carne. ¿Por qué lo miro entonces? ¿No debería estar empachado a estas alturas?

Pero mi madre está junto a mí, y lo que el empacho no ha conseguido lo consigue su presencia: aparto la mirada cuando el chico y su culo pasan por delante. Cada cosa en su momento.

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