{"id":8671,"date":"2024-11-15T20:01:53","date_gmt":"2024-11-15T19:01:53","guid":{"rendered":"https:\/\/bonjourseville.com\/?p=8671"},"modified":"2025-01-14T22:04:35","modified_gmt":"2025-01-14T21:04:35","slug":"diario-de-un-sevillano-en-paris-fashion-week","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bonjourseville.com\/es\/diario-de-un-sevillano-en-paris-fashion-week\/","title":{"rendered":"diario de un sevillano en Par\u00eds: Fashion Week"},"content":{"rendered":"\n<p>Hace poco tuvo lugar la Fashion Week de Par\u00eds. Idiotas de todo el planeta se re\u00fanen para asistir a los desfiles o para hacer cola en la puerta de la \u00faltima boutique <em>\u00e0 la mode<\/em>. Un circo de atuendos y actitudes sin los que el mundo ser\u00eda un lugar mucho m\u00e1s bello y decente -existe por ah\u00ed un v\u00eddeo impagable que muestra la reacci\u00f3n de los parisinos (insultos, silbidos) frente a las incomodidades que la <em>Semaine de la mode<\/em> provoca en el d\u00eda a d\u00eda de la ciudad: calles cortadas, masificaci\u00f3n, invasi\u00f3n de mamarrachos. El universo de la moda es un aut\u00e9ntico estercolero, como bien me explicaron mis amantes. Uno trabajaba en Dior, otro en Vuitton, otro en Margiela. Todos ten\u00edan (tienen, imagino) puestos en los departamentos de ventas o de comunicaci\u00f3n de tan c\u00e9lebres <em>maisons<\/em>. Con Vincent, de Givenchy, tuve un amago de relaci\u00f3n sentimental. Cada uno a su manera, me hablaron de la ausencia absoluta de inter\u00e9s por la creaci\u00f3n que rige el negocio, cuyo \u00fanico objetivo es vender mucho y r\u00e1pido, de la impudicia con que ese mismo negocio se sirve de su aura para no pagar a los becarios que lo sostienen, y que se sienten elegidos por formar parte del tinglado. En suma, de una industria t\u00f3xica pero infalible la hora de despertar ilusiones y bajos instintos (los m\u00edos, por ejemplo). <\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente durante esa semana, de camino al trabajo, reparo en una tienda de campa\u00f1a de tipo igl\u00fa reci\u00e9n plantada en una calle por la que paso todos los d\u00edas. Junto a ella, sentado en un banco, un se\u00f1or de unos 60 a\u00f1os, pulcro, jersey azul marino, mirada algo extraviada, me dice <em>bonjour<\/em> cuando me ve. Par\u00eds acoge -resulta obsceno utilizar este verbo- a una ingente poblaci\u00f3n de personas sin domicilio fijo, en diversos estados de abandono y exclusi\u00f3n. Gente tirada en la calle, inconsciente, familias durmiendo en un colch\u00f3n recubierto de pl\u00e1sticos, bajo la nieve. Mendigos sentados bajo los cajeros autom\u00e1ticos, a merced de la caridad de los clientes. Escenas dantescas (tullidos sin piernas arrastr\u00e1ndose con un vaso de cart\u00f3n entre los dientes, donde alguien les echa unas monedas), solo comparables a ciertas situaciones de pobreza extrema que uno se encuentra en India. J\u00f3venes  en la caja del supermercado, sacando del bolsillo los pocos c\u00e9ntimos que han conseguido juntar para costearse la cerveza y el vino baratos con los que aturdirse durante unas horas m\u00e1s -el alcohol, cultura y abismo de Francia. En ciertas l\u00edneas del metro, es constante el paso de gente que, haciendo uso de todas las formas de la cortes\u00eda, pide limosna a los viajeros. Son tantos, tan numerosos, que no queda m\u00e1s remedio que blindarse, mirar hacia otro lado. Un ejercicio de tes\u00f3n, casi de supervivencia, que conlleva momentos desconcertantes, como aquella vez cuando me di cuenta de que estaba admirando las piernas de un chico en pantal\u00f3n corto mientras ten\u00eda delante a alguien que suplicaba ayuda para poder comer. <em>Bonjour<\/em>, le respondo al se\u00f1or de la tienda de campa\u00f1a, y sigo mi camino hacia el trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, frente a la indiferencia generalizada (1), no son pocas las personas que se paran a charlar con estos otros habitantes de la ciudad (m\u00e1s habitantes que nosotros, los que vivimos en apartamentos. Ellos <em>viven<\/em> realmente en la ciudad). Siempre me ha sorprendido toparme con dichas escenas por la calle: hombres y mujeres en cuclillas, hablando con alguien que pide limosna sentado en el suelo, incluso entreg\u00e1ndole un bocadillo o un plato de comida envuelto en film transparente. M\u00e1s all\u00e1 de la nobleza del gesto, hay algo novelesco, cinematogr\u00e1fico, en esas estampas, como en todo lo que hace el parisino -por otro lado, \u00bfno son los vagabundos, la bohemia miserable, parte esencial del mito de Par\u00eds (2)? Y no puedo evitar pensar que el sevillano es menos proclive a agacharse en plena calle para entablar conversaci\u00f3n con un desconocido. Sea como fuere, a los pocos d\u00edas de mi encuentro con el se\u00f1or de la tienda de campa\u00f1a, decido llevarle un caf\u00e9 y un croissant comprados en una panader\u00eda cercana. \u00c9l me da las gracias y, ante el inter\u00e9s que manifiesto por su situaci\u00f3n, me habla de las dificultades para abandonar la vida en la calle, para encontrar un trabajo y un apartamento. <\/p>\n\n\n\n<p>-De todas formas, dice mirando a los transe\u00fantes con sus ojos azules, prefiero mil veces estar en Par\u00eds que en una ciudad peque\u00f1a o en un pueblo. Aqu\u00ed al menos algunas personas se paran a hablar conmigo. En provincias hay m\u00e1s desconfianza y rechazo. <\/p>\n\n\n\n<p>A partir de entonces, empiezo a saludarlo todas las ma\u00f1anas al pasar junto a su tienda, y a llevarle algo de comer a mediod\u00eda. Comienza as\u00ed una serie de breves encuentros ante la mirada de los viandantes, ni\u00f1os que van al colegio, ancianos tirando del carrito de la compra, padres de familia en traje de chaqueta, de camino a la oficina&#8230; Al hilo de nuestras conversaciones, y sin entrar en demasiados detalles, descubro en \u00e9l una postura de aceptaci\u00f3n, casi de mansedumbre ante un destino que \u00e9l mismo, seg\u00fan dice, ha contribuido a forjar a base de excesos y malas decisiones. <em>A veces resulta tentador dar el paso que me separa del abismo final<\/em>, me conf\u00eda una lluviosa tarde. Yo acabo de entregarle un plato de pasta envasado y un trozo de pan. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que comenz\u00f3 siendo una oportunidad de hacer una buena acci\u00f3n -y de a\u00f1adir algo de novedad a mi rutinaria existencia, por qu\u00e9 no decirlo- se va enmara\u00f1ando con el paso del tiempo. Las buenas intenciones se disuelven en la prisa que llevo algunas ma\u00f1anas, o en la desgana de enfrentarme a una situaci\u00f3n que resulta m\u00e1s compleja de lo que esperaba. Empiezo entonces a dar un rodeo por otras calles, para llegar al trabajo sin encontrarme con el se\u00f1or de la tienda de campa\u00f1a -cuyo nombre ignoro, me percato al escribir estas l\u00edneas. Algunos d\u00edas me decido a pasar por el lugar donde vive, esperando que su tienda habr\u00e1 desaparecido, o que \u00e9l estar\u00e1 en otro lugar a esa hora. Haga lo que haga, tanto si paso por la calle en cuesti\u00f3n como si la evito, se apodera de m\u00ed un sentimiento de inutilidad, incluso de culpa por haberme metido en esta historia. <em>\u00bfQu\u00e9 pensabas, que ibas a solucionarle la vida?<\/em>, me pregunta un compa\u00f1ero de trabajo cuando le confieso mi desaz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta ma\u00f1ana lo he visto a lo lejos, al final de la calle. No llevaba nada que ofrecerle, ni caf\u00e9 ni croissant, pero me he obligado a acercarme, con la intenci\u00f3n de charlar durante unos minutos. A medida que me iba acercando, esbozaba la mejor de mis sonrisas y pensaba en algunas palabras que intercambiar con \u00e9l. Cuando me ha visto, cuando nuestras miradas se han encontrado, se ha dado media vuelta y se ha alejado, desapareciendo por una calleja lateral. <\/p>\n\n\n\n<p>(1) C\u00f3mo olvidar la historia del fot\u00f3grafo Ren\u00e9 Robert, muerto por hipotermia en 2022 tras pasar 8 horas tirado en una calle, despu\u00e9s de haber sufrido una ca\u00edda, sin recibir ning\u00fan tipo de ayuda por parte de los viandantes.  <\/p>\n\n\n\n<p>(2) Y qu\u00e9 bien vestido suele ir el vagabundo parisino, con perd\u00f3n por la frivolidad inexcusable. En ninguna ciudad se ven personas sin domicilio fijo tan elegantes, con tal sentido de la harmon\u00eda, llevando prendas no por gastadas menos hermosas. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco tuvo lugar la Fashion Week de Par\u00eds. Idiotas de todo el planeta se re\u00fanen para asistir a los desfiles o para hacer cola en la puerta de la \u00faltima boutique \u00e0 la mode. 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