{"id":8074,"date":"2024-06-19T12:17:59","date_gmt":"2024-06-19T10:17:59","guid":{"rendered":"https:\/\/bonjourseville.com\/?p=8074"},"modified":"2024-06-23T17:23:56","modified_gmt":"2024-06-23T15:23:56","slug":"diario-de-un-sevillano-en-paris-la-ruptura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bonjourseville.com\/es\/diario-de-un-sevillano-en-paris-la-ruptura\/","title":{"rendered":"diario de un sevillano en Par\u00eds: La ruptura"},"content":{"rendered":"\n<p>Siempre hab\u00eda escuchado historias de parejas que se separan en Par\u00eds, y que se ven obligadas a vivir durante unos meses como compa\u00f1eros de piso en el apartamento en el que hasta entonces han vivido como novios. Esas historias se cuentan durante una cena entre amigos, o en la mesa de un caf\u00e9, casi como si fueran imposibles, de tan tremendas, leyendas que uno se resiste a creer. Se hace dif\u00edcil concebir que dos personas que se acaban de separar despu\u00e9s de una relaci\u00f3n de varios a\u00f1os tengan que convivir en un piso parisino -esto es, en una superficie que suele rondar los cuarenta metros cuadrados-, ocupando por turnos los espacios donde antes transcurr\u00eda su vida de pareja, intentando evitar una promiscuidad inevitable cuando se trata de utilizar el cuarto de ba\u00f1o o de hacerse de comer. Uno duerme en la habitaci\u00f3n, el otro en el sof\u00e1-cama del sal\u00f3n. En una ciudad donde el mercado inmobiliario no est\u00e9 en tensi\u00f3n permanente, la situaci\u00f3n se simplificar\u00e1 al encontrar con rapidez uno de los dos un nuevo apartamento al que mudarse. En Par\u00eds tal hallazgo puede llevar semanas, o incluso meses. La posibilidad de marcharse a vivir temporalmente a casa de alg\u00fan amigo es igualmente inviable, ya que nadie dispone de una habitaci\u00f3n de invitados. Cuando se es extranjero, como yo, tampoco existe la opci\u00f3n de volver con la familia, a miles de kil\u00f3metros de distancia. Estamos ante una de las pruebas, de las m\u00e1s duras, a las que esta ciudad somete a sus habitantes. As\u00ed las cosas, en ese escueto piso, los ahora ex no tienen m\u00e1s remedio que verse las caras todas las ma\u00f1anas a la hora de la ducha y el desayuno, como se miran entre ellos los animales encerrados en un corral. Despu\u00e9s, cuando uno se va al trabajo, el que se queda en casa vive un aperitivo de lo que ser\u00e1 la cotidianeidad una vez llegada la separaci\u00f3n de verdad. El v\u00e9rtigo se apodera de \u00e9l al ver el piso vac\u00edo. Si antes, cuando estaban juntos, esos momentos de soledad eran apreciados, incluso esperados, ahora suponen un abismo abierto por donde se despe\u00f1a la historia en com\u00fan. Por eso se aferra a las huellas del otro que aun persisten en el cuarto de ba\u00f1o, en la entrada y en el sal\u00f3n -el cepillo de dientes, un libro, la ropa sucia de ambos que todav\u00eda se mezcla en el cesto-, se\u00f1ales de otra vida que, aun siendo visibles, empiezan a desintegrarse, a escurrirse entre los dedos. Parecen estar ah\u00ed, pero son ya como hologramas que es imposible agarrar. Los ex viven durante un tiempo en una especie de limbo, flotando sobre las ruinas de su relaci\u00f3n, y es entonces cuando Par\u00eds, de costumbre tan hostil, se vuelve apetecible, y hasta acogedora, hogare\u00f1a, en tanto sus calles y plazas suponen una escapatoria al terreno evanescente del apartamento. Dicen que son muchos los que, tras una separaci\u00f3n, redescubren la ciudad y deciden seguir viviendo en ella, abandonando el proyecto de mudarse a las afueras, o a otra localidad, como hab\u00edan planeado al calor de su reci\u00e9n fenecida pareja. <\/p>\n\n\n\n<p>Trabajo muy cerca de casa, en el mismo barrio donde resido. El otro d\u00eda, durante la hora de la comida, decid\u00ed comprarme un sandwich y com\u00e9rmelo en un banco del parque que se extiende a los pies de nuestro apartamento. Se trata de uno de los espacios verdes m\u00e1s hermosos de Par\u00eds, concebido en el siglo XIX como un bosque frondoso y salvaje, con riachuelos, praderas y belvederes. A lo lejos, al otro lado del parque, pod\u00eda ver las tres ventanas de nuestro piso. Me parecieron diminutas e insignificantes, ahogadas en medio de las otras ventanas que, como en un enjambre, agujerean las fachadas <em>haussmanianas<\/em> t\u00edpicas de la ciudad. <em>Gran parte de tu vida transcurre detr\u00e1s de aquellos cristales cerrados, en los que nadie repara<\/em>, me dije. Iba mordisqueando mi sandwich<em> jambon fromage<\/em> sin apartar la vista de las tres ventanitas, esperando que una de ellas se abriera en aquel preciso momento. Mi novio, mi ex, aparecer\u00eda y har\u00eda un gesto con la mano, saludar\u00eda a aquel chico sentado al otro del parque, a aquel extra\u00f1o con el que horas m\u00e1s tarde, ya de noche, se cruzar\u00eda al salir del cuarto de ba\u00f1o. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre hab\u00eda escuchado historias de parejas que se separan en Par\u00eds, y que se ven obligadas a vivir durante unos meses como compa\u00f1eros de piso en el apartamento en el que hasta entonces han vivido como novios. 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