{"id":7732,"date":"2024-02-10T16:26:34","date_gmt":"2024-02-10T15:26:34","guid":{"rendered":"https:\/\/bonjourseville.com\/?p=7732"},"modified":"2024-03-30T14:56:37","modified_gmt":"2024-03-30T13:56:37","slug":"diario-de-un-sevillano-en-paris-espana-el-pais-de-las-leganas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bonjourseville.com\/es\/diario-de-un-sevillano-en-paris-espana-el-pais-de-las-leganas\/","title":{"rendered":"diario de un sevillano en Par\u00eds: Espa\u00f1a, el pa\u00eds de las lega\u00f1as"},"content":{"rendered":"\n<p>Llegu\u00e9 a Par\u00eds con algo m\u00e1s de 20 a\u00f1os. Al poco tiempo, a trav\u00e9s de amigos en com\u00fan, conoc\u00ed a un hombre -a m\u00ed parec\u00eda muy mayor, aunque deb\u00eda de tener alrededor de 35 a\u00f1os- que era hijo de inmigrantes espa\u00f1oles. Sus padres hab\u00edan dejado Espa\u00f1a en los 60 buscando una vida mejor, imagino que huyendo de la precariedad y la escasez. Durante las comidas familiares, con otros emigrados, o cada vez que el telediario franc\u00e9s hablaba de su pa\u00eds de origen, la madre de Manuel, que as\u00ed se llamaba aquel chico, repet\u00eda la misma f\u00f3rmula: <em>Espa\u00f1a, el pa\u00eds de las lega\u00f1as<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando yo vine a Francia, no ten\u00eda conciencia aun del inmenso caudal de emigraci\u00f3n espa\u00f1ola del que pasaba a formar parte, miles de historias de b\u00fasqueda de oportunidades al otro lado de los Pirineos, cuando no de huida apresurada. Es verdad que yo no vine obligado por condiciones laborales complicadas, ni mucho menos a causa de un conflicto b\u00e9lico. A m\u00ed solo me empujaba el deseo de conocer otro pa\u00eds, adem\u00e1s de cierta atracci\u00f3n por todo lo franc\u00e9s. Ocurri\u00f3 que un d\u00eda, hablando con una se\u00f1ora -esta s\u00ed era mayor, recuerdo que estaba a punto de jubilarse- en el transcurso de una cena, ella se refiri\u00f3 con admiraci\u00f3n a la evoluci\u00f3n fulgurante de Espa\u00f1a en t\u00e9rminos de nivel de vida. Jos\u00e9 Mar\u00eda Aznar era entonces presidente del gobierno y todos los medios de comunicaci\u00f3n hablaban del milagro econ\u00f3mico espa\u00f1ol. Yo sent\u00ed un orgullo que no consegu\u00eda explicar, tan ajeno era entonces a aquellas cuestiones, pero tambi\u00e9n, al mismo tiempo y de manera m\u00e1s difusa, cierto malestar igualmente escurridizo. Hoy creo comprender mi confusa reacci\u00f3n de aquel d\u00eda. Alabando el progreso explosivo de mi pa\u00eds, aquella se\u00f1ora alud\u00eda de forma impl\u00edcita a un estado anterior, en el que Espa\u00f1a se situaba por debajo del nivel aceptable de desarrollo. Espa\u00f1a hab\u00eda estado durante a\u00f1os a la cola, y solo ahora empezaba unirse al pelot\u00f3n. Recuerdo que, m\u00e1s adelante, quiz\u00e1s con la infusi\u00f3n que en Francia suele servirse al final de las comidas, la misma se\u00f1ora habl\u00f3 de sus viajes por Andaluc\u00eda. Evoc\u00f3 trayectos por carretera a trav\u00e9s de infinitos campos de olivos, se\u00f1alando lo bien ordenados que estaban los cultivos en la regi\u00f3n, <em>aunque los franceses piensen lo contrario<\/em>, concluy\u00f3. Aquella precisi\u00f3n final, percibida como desd\u00e9n hacia mi lugar de origen, redund\u00f3 en el ambiguo estado de \u00e1nimo al que me hab\u00eda inducido la velada, te\u00f1ido de algo que no dudar\u00eda en llamar complejo de inferioridad. Por supuesto, se trataba de un sentimiento subjetivo, cuyas ra\u00edces se hund\u00edan en las profundidades de mi vida, en mi historia personal. Nadie hab\u00eda despreciado nada durante aquella cena. \u00bfO quiz\u00e1s, aun de forma involuntaria, s\u00ed? \u00bfNo hubo desprecio aquella otra vez, cuando la propietaria de un apartamento en la avenue Parmentier se neg\u00f3 a alquil\u00e1rmelo por ser espa\u00f1ol? Cuando percibi\u00f3 mi acento extranjero, y al enterarse de mi nacionalidad, cort\u00f3 cualquier posibilidad de negociaci\u00f3n con el argumento de que <em>les espagnols font top de bruit<\/em> (<em>los espa\u00f1oles hacen demasiado ruido<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>En honor a la verdad, debo decir que aquel episodio, hace ahora m\u00e1s de 20 a\u00f1os, fue el \u00fanico en que mi origen result\u00f3 ser motivo de discriminaci\u00f3n. Eran otros tiempos. Supongo que aun estaba reciente la intensa oleada de inmigraci\u00f3n de los a\u00f1os 60 y 70, cuando las porter\u00edas de Par\u00eds acog\u00edan a familias enteras de espa\u00f1oles, los padres trabajando en la construcci\u00f3n, las madres en la limpieza y el cuidado de los ni\u00f1os en las casas pudientes. Aquellas mujeres eran popularmente conocidas como las <em>conchitas<\/em>, trabajadoras concienzudas y, como bien mandaba el clich\u00e9, cat\u00f3licas y honradas. Yo descubr\u00ed aquella figura entre mito y realidad, la mujer espa\u00f1ola encargada de responder al tel\u00e9fono en los apartamentos de la burgues\u00eda, con su marcado acento y una medalla de la Virgen colgada del cuello, a trav\u00e9s de la ficci\u00f3n y el relato. Pocas quedaban ya cuando me instal\u00e9 en Francia. Ahora eran africanas o asi\u00e1ticas. El caso es que, con el tiempo, y sin perder de vista el abismo que separa su experiencia de la m\u00eda, la <em>conchita<\/em> de anta\u00f1o se ha convertido en un personaje que me gusta evocar, de cuya estirpe incluso me reivindico, sobre todo cuando mi novio, franc\u00e9s, se burla de m\u00ed por lo que percibe como una obsesi\u00f3n por la limpieza. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llegu\u00e9 a Par\u00eds con algo m\u00e1s de 20 a\u00f1os. Al poco tiempo, a trav\u00e9s de amigos en com\u00fan, conoc\u00ed a un hombre -a m\u00ed parec\u00eda muy mayor, aunque deb\u00eda de tener alrededor de 35 a\u00f1os- que era hijo de inmigrantes espa\u00f1oles. 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