{"id":7654,"date":"2024-03-14T22:12:09","date_gmt":"2024-03-14T21:12:09","guid":{"rendered":"https:\/\/bonjourseville.com\/?p=7654"},"modified":"2024-09-03T21:05:44","modified_gmt":"2024-09-03T19:05:44","slug":"diario-de-un-sevillano-en-paris-en-la-sauna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bonjourseville.com\/es\/diario-de-un-sevillano-en-paris-en-la-sauna\/","title":{"rendered":"diario de un sevillano en Par\u00eds: En la sauna"},"content":{"rendered":"\n<p>Hace poco, el azar quiso que visitara en una misma semana una sauna en Sevilla y otra en Lyon. Conozco bien la ciudad francesa por haber vivido en ella como estudiante Erasmus durante un a\u00f1o y por haberla visitado con frecuencia desde entonces. Curiosamente, en el imaginario franc\u00e9s, Lyon tiene rasgos parecidos a los que caracterizan a Sevilla en el espa\u00f1ol: una ciudad dominada por un tradicionalismo que defiende a capa y espada una clase dirigente enmohecida y recalcitrante. Lyon es cat\u00f3lica, burguesa y conservadora. Con tal expediente, no puede extra\u00f1ar la antipat\u00eda que suele despertar entre los que no la conocen. <\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>En la sauna lyonesa que visito no sirven alcohol, solo bebidas azucaradas y energ\u00e9ticas. El silencio reina en la taquilla de la entrada y en los vestuarios, donde un grupo no despreciable de clientes se desviste con el pudor que suelen manifestar los franceses en tales situaciones, esto es, enroll\u00e1ndose una toalla alrededor de la cintura antes de quitarse los pantalones y los calzoncillos -precauci\u00f3n tal vez comprensible en un gimnasio, pero del todo absurda sabiendo que, minutos m\u00e1s tarde, habr\u00e1 que desnudarse por completo para entrar en el jacuzzi o en el ba\u00f1o de vapor. Las saunas son madrigueras por las que uno cae en pl\u00e1cida ingravidez, libre de preocupaciones y del paso de las horas, una brecha en el tiempo, un c\u00e1lido \u00fatero m\u00e1s all\u00e1 de las inclemencias de la vida. Sin embargo, sobre esta de Lyon pesa un ambiente circunspecto y moroso, no solo por los escr\u00fapulos que muestran los clientes a la hora de circular por los estrechos pasillos y recovecos, poniendo extremo cuidado en ni siquiera rozar la piel de los otros usuarios, gesto que podr\u00eda interpretarse como una se\u00f1al de inter\u00e9s -es curioso, me digo, c\u00f3mo estos lugares, saunas y otros espacios de intercambio sexual, obligan a gestionar la desnudez y los movimientos del cuerpo para no caer en equ\u00edvocos-, sino por el n\u00famero de hombres que rondan como cazadores solitarios entre las cabinas y la sala de proyecciones, merodeadores, ermita\u00f1os a merced de la generosidad -de la piedad- de los otros. <\/p>\n\n\n\n<p>Por eso unos d\u00edas despu\u00e9s, cuando visite la sauna sevillana, me sorprender\u00e1 encontrarme con aut\u00e9nticas cuadrillas de chicos que, a torso descubierto, cotorrean alegremente por el bar y en el fumadero. Un esp\u00edritu festivo y despreocupado, lejos de la densidad y la soledad de Lyon, impregna el lugar. Y me viene a la mente la teor\u00eda de Chaves Nogales, seg\u00fan la cual el sevillano es un ni\u00f1o eterno, un ser que llega a viejo sin ser adulto. Tal vez sea en su relaci\u00f3n con el sexo donde esta inmadurez se manifieste de forma m\u00e1s clara, prosigo, como si la \u00fanica forma de practicarlo fuera envolvi\u00e9ndolo de cierta guasa e inocencia &#8211;<em>los espa\u00f1oles follan como cr\u00edos en el patio del colegio<\/em>, me dijo alguien una vez, de forma mucho m\u00e1s gr\u00e1fica. Sin duda, el peso de la religi\u00f3n ha jugado un papel determinante al respecto. \u00bfEs entonces la sexualidad del norte de Europa m\u00e1s consciente y madura, m\u00e1s seria y solitaria tambi\u00e9n? Siempre lo he sospechado, aunque, parad\u00f3jicamente, conozco a muchos m\u00e1s homosexuales que han sufrido alg\u00fan tipo de rechazo o discriminaci\u00f3n en Francia que en Espa\u00f1a. De todos modos, concluyo al ver a tres efebos encerrarse en una cabina, estas consideraciones cada vez tienen menos sentido en un mundo sometido por igual al desbarajuste de las aplicaciones y el <em>chemsex<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s tarde, tomando algo en el bar -aqu\u00ed s\u00ed sirven alcohol- con los amigos con quien he venido, al mirar alrededor me invade la sensaci\u00f3n de estar rodeado de clones, o m\u00e1s bien de gladiadores. La avalancha de pectorales, de b\u00edceps y de abdominales sospechosamente inflados e insolentemente depilados empieza a abrumarme, a nublar mi capacidad de atenci\u00f3n. No s\u00e9 hacia d\u00f3nde mirar, perdido como estoy en una sobreabundancia que me cuesta digerir a estas alturas de la noche. En este punto recuerdo con a\u00f1oranza la otra sauna, en Francia, donde la delgadez no ha muerto aun bajo los estragos de la obsesi\u00f3n por el m\u00fasculo. Pero es ya muy tarde, ahora doy vueltas como un h\u00e1mster en su rueda, sin decidirme a salir, sin saber qu\u00e9 hora es -debe de haber amanecido. S\u00e9 que deber\u00eda vestirme, pagar y marcharme, pero sigo buscando a mis amigos, que han desaparecido, llam\u00e1ndolos por los pasillos, por todas las cabinas. De ser un pa\u00eds encantado, la sauna se ha convertido en el escenario de un thriller. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco, el azar quiso que visitara en una misma semana una sauna en Sevilla y otra en Lyon. Conozco bien la ciudad francesa por haber vivido en ella como estudiante Erasmus durante un a\u00f1o y por haberla visitado con frecuencia desde entonces. 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