{"id":7291,"date":"2023-12-19T08:50:37","date_gmt":"2023-12-19T07:50:37","guid":{"rendered":"https:\/\/bonjourseville.com\/?p=7291"},"modified":"2024-03-13T23:39:37","modified_gmt":"2024-03-13T22:39:37","slug":"diario-de-un-sevillano-en-paris-cena-entre-parisinos-cena-entre-sevillanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bonjourseville.com\/es\/diario-de-un-sevillano-en-paris-cena-entre-parisinos-cena-entre-sevillanos\/","title":{"rendered":"diario de un sevillano en Par\u00eds: Cena entre parisinos, cena entre sevillanos"},"content":{"rendered":"\n<p>Durante una \u00e9poca organic\u00e9 frecuentes cenas en el apartamento de Par\u00eds donde viv\u00eda con mi novio de entonces. Casi siempre invit\u00e1bamos a sus amigos (franceses); a los m\u00edos (espa\u00f1oles) sol\u00edamos verlos en bares y fiestas. La cita era normalmente un viernes o un s\u00e1bado por la noche, rara vez entre semana. Sobre las 7 y media empezaban a llegar los invitados, trayendo consigo una botella de vino, un ramo de flores, tal vez bombones o alg\u00fan queso (hace poco escuchaba a un gur\u00fa de los buenos modales, de esos que menudean en Francia, decir que no es apropiado llevar vino cuando se est\u00e1 invitado a cenar, ya que obligamos al anfitri\u00f3n a abrir nuestra botella, desbarat\u00e1ndole as\u00ed el maridaje que \u00e9l ten\u00eda previsto). Sin embargo, lo que empez\u00f3 siendo una ocasi\u00f3n estimulante, un momento de evasi\u00f3n luego de una semana de trabajo, se volvi\u00f3, por repetido y previsible, un h\u00e1bito algo fastidioso. Y es que las cenas entre franceses, lo aprend\u00ed entonces, deben respetar una lista de pautas que nadie ha cuestionado jam\u00e1s (por este orden, aperitivo en el sof\u00e1, cena propiamente dicha alrededor de la mesa, quesos, ensalada, postre, digestivo e infusi\u00f3n de nuevo en el sof\u00e1). <\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo el cansancio producido por aquellos encuentros que me parec\u00edan formateados, interminables, cansancio sin duda aguijoneado por mi falta de costumbre (y por mi aversi\u00f3n social gen\u00e9tica), habiendo yo crecido en una sociedad m\u00e1s proclive a la improvisaci\u00f3n -o as\u00ed lo cre\u00eda entonces. Adem\u00e1s las cenas en casa se produc\u00edan con demasiada frecuencia para m\u00ed, a veces hasta tres cada mes. El caso es que el otro d\u00eda encontr\u00e9 por casualidad mi diario de entonces, en el que consign\u00e9 algunos pormenores de aquellas veladas, como el nombre de los invitados, lo que cada uno llevaba puesto, los platos servidos y, sobre todo, los temas de conversaci\u00f3n abordados. Leyendo esas p\u00e1ginas, me doy cuenta de que exist\u00edan asuntos invariablemente repetidos de una cena a otra. Y tomo conciencia tambi\u00e9n de lo poco que han cambiado \u00e9stos a lo largo del tiempo. Hoy, casi 15 a\u00f1os despu\u00e9s, escucho los mismos temas alrededor de la mesa cuando estoy invitado a alguna cena con parisinos, o cuando la organizo yo mismo en casa (cosa que sucede raramente, para solaz m\u00edo y disgusto de mi novio actual, al que le encantar\u00eda recibir con mucha m\u00e1s frecuencia de la que solemos), como si no hubiera pasado el tiempo y esta ciudad impusiera su santa voluntad a los que viven en ella. \u00bfDe qu\u00e9 hablan los parisinos cuando se re\u00fanen para cenar juntos? <\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, de la propia Par\u00eds. La ciudad es el tema central e inagotable de cualquier encuentro y da pie a varios apartados, siendo quiz\u00e1s el m\u00e1s jugoso la oposici\u00f3n entre vivir en Par\u00eds <em>intramuros<\/em>, esto es, dentro de la circunvalaci\u00f3n que delimita la ciudad y sus veinte distritos, o mudarse a las afueras. Ambas opciones cuentan con partidarios dispuestos a defender su posici\u00f3n utilizando un arsenal de razones imbatibles. Yo, que pertenezco al grupo de los que no conciben vivir en la periferia (en la <em>banlieue<\/em>, como se dice en franc\u00e9s), justifico mi postura explicando que, una vez tomada la decisi\u00f3n de venir a buscarse la vida en la capital de Francia, no tiene sentido instalarse en las afueras. <em>Para eso me voy a una ciudad de provincias, o me vuelvo a Espa\u00f1a<\/em>, se\u00f1alo. Prosigo mi alegato apelando a la inmarchitable excitaci\u00f3n, repetida cada ma\u00f1ana, de levantarme sabiendo que vivo en Par\u00eds, <em>dentro<\/em> de Par\u00eds, no en alguno de los pueblos de los alrededores. La circunvalaci\u00f3n, <em>le p\u00e9riph\u00e9rique<\/em>, constituye para m\u00ed una barrera psicol\u00f3gica que no estoy dispuesto a traspasar. Por su parte, los que han decidido irse a las afueras, a menudo empujados por el proyecto de tener hijos, subrayan la diferencia de precio del metro cuadrado a un lado y a otro de la circunvalaci\u00f3n. Se trata de un argumento indiscutible: vivir en Par\u00eds resulta m\u00e1s caro que hacerlo en la periferia. La <em>banlieue<\/em>, sostienen, ofrece lo mismo que Par\u00eds, solo que con menos muchedumbre, menos estr\u00e9s, m\u00e1s espacio. <em>Yo no podr\u00eda vivir en 60 metros cuadrados en Par\u00eds, no podr\u00eda pagarlo<\/em>.<em> Adem\u00e1s, con el tren me planto en 30 minutos en el centro de la ciudad<\/em>, concluyen. La conversaci\u00f3n ha derivado as\u00ed, de forma natural, hacia otro gran centro de inter\u00e9s del parisino: el precio de la vivienda en la ciudad y alrededores. En un lugar sometido a una presi\u00f3n demogr\u00e1fica excepcional (Par\u00eds es la ciudad con mayor densidad de poblaci\u00f3n de toda Europa), se trata de un tema que nunca deja de estar en el candelero. \u00bfCu\u00e1les son los distritos m\u00e1s baratos para alquilar o comprar un apartamento? \u00bfCu\u00e1les son las previsiones en lo que respecta al mercado inmobiliario? La ley del dinero se cuela y recorre las charlas de manera inevitable. A medida que voy leyendo mi antiguo diario -sorprendido, como dije antes, por lo poco que la conversaci\u00f3n entre parisinos ha cambiado desde entonces-, no puedo evitar hacer una comparaci\u00f3n con Sevilla. Partiendo del hecho de que all\u00ed es mucho menos frecuente organizar cenas en casa, siendo la calle el lugar de encuentro por excelencia, sorprende que la ciudad no ocupe m\u00e1s tiempo como tema de conversaci\u00f3n. Qu\u00e9 poco hablan de Sevilla los sevillanos, a pesar de los t\u00f3picos que nos pintan empavonados respecto a nuestra ciudad, me digo -es verdad que, de un tiempo a esta parte, la mutaci\u00f3n de la ciudad provocada por el impacto del turismo hace que cada vez hablemos m\u00e1s de ella. Por su parte, el parisino te recibe en casa, pero se muestra m\u00e1s inclinado a mirar hacia afuera, a hablar de la urbe que palpita del otro lado de la ventana. <\/p>\n\n\n\n<p>Otro asunto recurrente en las conversaciones entre parisinos es el tema del trabajo, insoslayable en cualquier reuni\u00f3n, proveedor de largas conversaciones durante las veladas. Si mal no recuerdo, hasta hace poco la pregunta <em>\u00bfEn qu\u00e9 trabajas?<\/em> no formaba parte del repertorio usual de la sociabilidad andaluza -hoy se escucha cada vez m\u00e1s: el signo de los tiempos. La vertiente laboral y econ\u00f3mica de la vida no entraba en las charlas mantenidas durante los momentos de asueto, como si se tratara de algo pesado e impuro (en este sentido, recuerdo, durante mis primeros a\u00f1os en Francia, c\u00f3mo me sorprend\u00eda que me preguntaran por el tejido industrial de Sevilla, o por el nivel de vida de sus habitantes: <em>\u00bfDe qu\u00e9 vive la gente all\u00ed?, \u00bfcu\u00e1les son los sectores principales?<\/em>). Por el contrario, <em>\u00bfC\u00f3mo est\u00e1n tus padres?<\/em> es una f\u00f3rmula repetida con frecuencia entre sevillanos. Tal vez los l\u00edmites de la intimidad ocupan diferentes posiciones en cada pa\u00eds, y lo que es p\u00fablico (el trabajo) se considera aburrido en Sevilla, mientras que lo \u00edntimo (la familia) resulta delicado en Francia. Sea como fuere, el mundo laboral, con su inmensa dosis de estr\u00e9s y de frustraci\u00f3n en Par\u00eds, desemboca a menudo en otro tema de peso: las vacaciones. El parisino tiene constantemente la vista puesta en la pr\u00f3xima escapada, en ese momento cuando podr\u00e1 abandonar la ciudad por unos d\u00edas, o unas semanas. En las charlas se da por supuesto que todos vamos a irnos de viaje pr\u00f3ximamente -o lo hemos hecho recientemente-, aunque solo sea durante un <em>weekend<\/em>. <em>\u00bfD\u00f3nde has estado estos \u00faltimos tiempos?<\/em>, te preguntan. Sin duda el franc\u00e9s siempre ha viajado m\u00e1s que espa\u00f1ol, por cuestiones de orden econ\u00f3mico, y tambi\u00e9n cultural, y esa querencia por el viaje se acent\u00faa en Par\u00eds, donde unas condiciones de vida particularmente estresantes hacen necesario escapar de la ciudad tan a menudo como sea posible para respirar un poco. Por su parte, el sevillano no siente esa necesidad de salir de Sevilla (\u00bfo no puede permit\u00edrsela?). <\/p>\n\n\n\n<p>Estas pinceladas recogidas al azar no tienen en cuenta la que tal vez sea la diferencia m\u00e1s importante entre las conversaciones entre parisinos y sevillanos: la forma de hablar, de gestionar una conversaci\u00f3n, de participar en ella. M\u00e1s all\u00e1 de los temas abordados, es la manera de regular el fluir de una charla la que distingue las interacciones sociales a ambos lados de los Pirineos. Pero ese an\u00e1lisis requiere una agudeza de la que este sevillano carece, al menos por el momento. Quiz\u00e1s al leer este texto dentro de 15 a\u00f1os me sienta capaz de avanzar alguna hip\u00f3tesis a ese respecto. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante una \u00e9poca organic\u00e9 frecuentes cenas en el apartamento de Par\u00eds donde viv\u00eda con mi novio de entonces. 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