{"id":6204,"date":"2022-07-06T21:18:14","date_gmt":"2022-07-06T19:18:14","guid":{"rendered":"https:\/\/bonjourseville.com\/?p=6204"},"modified":"2022-07-24T13:34:01","modified_gmt":"2022-07-24T11:34:01","slug":"diario-de-un-sevillano-en-paris-el-abanico-de-maria-antonieta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bonjourseville.com\/es\/diario-de-un-sevillano-en-paris-el-abanico-de-maria-antonieta\/","title":{"rendered":"diario de un sevillano en Par\u00eds:                          El abanico de Mar\u00eda Antonieta"},"content":{"rendered":"\n<p>En Par\u00eds el abanico es un objeto ex\u00f3tico, inusual. Muy pocos se ven, aun cuando el calor aprieta. Gesto cotidiano y banal en Espa\u00f1a, abanicarse constituye en esta ciudad un momento excepcional, que va m\u00e1s all\u00e1 de su utilidad. El parisino abre el abanico consciente de lo inusitado de su adem\u00e1n. Lo hace con un golpe seco, teatral, como una Mar\u00eda Antonieta enrabietada. Luego agita la mu\u00f1eca con breves espasmos de coqueter\u00eda dieciochesca. Qu\u00e9 abismo entre este dram\u00e1tico ceremonial y la indolencia de las sevillanas que se abanican en las terrazas. Por supuesto, hay algo sobreactuado en esta actitud y el parisino es perfectamente consciente de ello. En su cabeza el abanico no es solo un accesorio de cortesana versallesca, sino tambi\u00e9n, al mismo tiempo y quiz\u00e1s sobre todo, de espa\u00f1olidad. A trav\u00e9s del abanico, el parisino expresa uno de los rasgos del estereotipo espa\u00f1ol: el car\u00e1cter ardiente, impetuoso, altanero. De ah\u00ed su afectada actuaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando vive en el extranjero, uno se enfrenta a una imagen in\u00e9dita de su pa\u00eds de origen: la que tienen los habitantes del pa\u00eds de acogida. Recuerdo cuando llegu\u00e9 a Francia. Al decir que era espa\u00f1ol, la gente evocaba cosas que a m\u00ed me sonaban a chino: religiosidad y conservadurismo, fiesta y jolgorio perennes, apasionamiento, sol y calor siempre y en todas partes, playas destrozadas por el asfalto y las construcciones. <em>Debe haber sido duro crecer en Espa\u00f1a siendo homosexual<\/em>, me dec\u00edan algunos. <em>\u00bfEn las c\u00e1rceles espa\u00f1olas sigue habiendo presos pol\u00edticos?<\/em> <em>Qu\u00e9 maravilla Espa\u00f1a: \u00a1manga corta todo el a\u00f1o&#8230;!<\/em> <em>\u00bfDe qu\u00e9 pa\u00eds me est\u00e1n hablando?<\/em>, me preguntaba yo. Evidentemente, el parisino mira a Espa\u00f1a a trav\u00e9s de un prisma franc\u00e9s. Cuando uno se pone esas gafas, obtiene una visi\u00f3n poli\u00e9drica pero amable a pesar de todo, <em>simpaticona<\/em>. A veces incluso exuberante y descarada, como la que se trabajan Victoria Abril y Rossy de Palma en cada entrevista que dan por aqu\u00ed, siempre dispuestas a recordar la Movida (Francia est\u00e1 fascinada por la Movida madrile\u00f1a) y a manejar el abanico. Tambi\u00e9n una imagen cr\u00edtica: por el maltratado litoral y por la agricultura intensiva (<em>\u00a1el pl\u00e1stico de los invernaderos espa\u00f1oles se ve desde el espacio!<\/em>, exclaman los franceses). Con el tiempo se aprende que esa visi\u00f3n, gestada con los materiales m\u00e1s variopintos, no es in\u00fatil y desechable, sino que constituye una herramienta para arrojar una mirada nueva, esclarecedora y a la vez turbadora, sobre tu propio pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Por mi parte, debo reconocer que siempre me he sentido inc\u00f3modo ante la imagen que los franceses me devuelven de mi pa\u00eds de origen. No s\u00e9 gestionar esa visi\u00f3n que me ponen delante: a veces, harto de estereotipos y de desconocimiento, me enfurru\u00f1o. Quiz\u00e1s porque muy adentro s\u00e9 que esos comentarios dejan al descubierto cosas que, inconscientemente, prefiero no ver. Cuando asisto a una cena, estoy tenso, esperando el t\u00f3pico reductor que alguien lanzar\u00e1 sobre los espa\u00f1oles. Yo, completamente indiferente a las banderas, me descubro una sensibilidad sorprendente, casi paranoica, en esas circunstancias. Como si mi validaci\u00f3n social estuviera en juego. <em>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s te da? \u00bfQu\u00e9 te puede importar a ti?<\/em>, pienso. Con los a\u00f1os he dejado de prestar atenci\u00f3n, o intento hacer pedagog\u00eda y matizar los lugares comunes que escucho a mi alrededor. Tambi\u00e9n aprecio la apertura al mundo del franc\u00e9s (mayor, me parece, que la del espa\u00f1ol), su curiosidad, aunque algo reductora, por las otras culturas, su intento por comprenderlas. Otras veces, parad\u00f3jicamente, me abandono al juego de los clich\u00e9s, colaboro con el enemigo. Me comporto como se espera que haga: el m\u00e1s sevillano, el m\u00e1s flamenco. Abro mi abanico cual Carmen de pacotilla. Y entre esos extremos me desenvuelvo, en un vaiv\u00e9n algo esquizofr\u00e9nico, por momentos agotador, pero siempre refrescante. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En Par\u00eds el abanico es un objeto ex\u00f3tico, inusual. Muy pocos se ven, aun cuando el calor aprieta. Gesto cotidiano y banal en Espa\u00f1a, abanicarse constituye en esta ciudad un momento excepcional, que va m\u00e1s all\u00e1 de su utilidad. 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