{"id":3556,"date":"2020-08-14T16:10:30","date_gmt":"2020-08-14T14:10:30","guid":{"rendered":"https:\/\/bonjourseville.com\/?p=3556"},"modified":"2020-12-09T17:33:36","modified_gmt":"2020-12-09T16:33:36","slug":"un-paseo-con-rafael-de-leon-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bonjourseville.com\/es\/un-paseo-con-rafael-de-leon-i\/","title":{"rendered":"Un paseo con Rafael de Le\u00f3n (I)"},"content":{"rendered":"\n<p>Empec\u00e9 a escuchar copla a los quince a\u00f1os. Mi t\u00eda me pas\u00f3 una cinta de Imperio Argentina y mi prima un disco de Concha Piquer. Cuando Ana, la chica que ven\u00eda a limpiar a casa, se quedaba recogiendo la cocina, yo la acompa\u00f1aba y los dos tarare\u00e1bamos <em>Los piconeros, La ni\u00f1a de Puerta Oscura, La Parrala<\/em>&#8230; Desde el principio, intu\u00ed que estaba en terreno pantanoso, que la copla llevaba consigo un caudal de implicaciones de orden ideol\u00f3gico, social y, por supuesto, sexual. \u00bfEs normal que un hombre cante copla? Pero yo, como Juana Reina (<em>igual que Sans\u00f3n acaba con todos los filisteos<\/em>), segu\u00eda adelante: pronto descubr\u00ed a Miguel de Molina, a Roc\u00edo Jurado, a Martirio. M\u00e1s tarde me enter\u00e9 del nombre de la persona que hab\u00eda escrito la mayor\u00eda de aquellas letras: Rafael de Le\u00f3n. No me interesaba saber si se trataba de un poeta mayor o menor, si pertenec\u00eda o no a la Generaci\u00f3n del 27, si ten\u00eda convicciones franquistas. Sus canciones desplegaban ante m\u00ed un mundo sumamente visual e intenso. Con unas pocas pinceladas certeras y en tres minutos, el poeta creaba una historia perfecta a la que estaba invitado. Ese universo m\u00edtico me atrap\u00f3 desde el principio, sin remedio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Propongo una serie de tres paseos por Sevilla de la mano de Rafael de Le\u00f3n, cada uno tomando como eje una de sus coplas. El primero se inspira en la historia de <em>No te mires en el r\u00edo.&nbsp;<\/em>Recomiendo escuchar la versi\u00f3n original en la voz de Concha Piquer, as\u00ed como la de Martirio en el disco <em>Coplas de madrug\u00e1<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOCTURNO EN EL BALC\u00d3N <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Rafael de Le\u00f3n escribi\u00f3 la letra de <em>No te mires en el r\u00edo<\/em> en 1940. Manuel Quiroga se encarg\u00f3 de la m\u00fasica. Esta copla toma elementos de la mitolog\u00eda cl\u00e1sica, de la canci\u00f3n infantil e incluso del cine, para contar una historia de tintes on\u00edricos que termina en pesadilla. Una tragedia tramada por la luna, el r\u00edo y la noche. El famoso <em>travelling<\/em> del principio de la letra nos acerca a Sevilla, a esa casa, a esa ventana a la que se asoma la ni\u00f1a protagonista de la historia, caracterizada desde el inicio por una excepcional belleza envidiada por las flores. Sevilla es una ciudad de ventanas y, sobre todo, de balcones. Todos tenemos nuestras favoritas. Rafael de Le\u00f3n nos sit\u00faa frente a una de ellas. Es de noche. La luna fulge en el cielo. Como Narciso, la ni\u00f1a admira su belleza en el reflejo que le devuelve el r\u00edo. Creo que no existe en Sevilla una sola ventana que permita mirarse desde ella en las aguas del Guadalquivir. Poco importa. El oyente accede con esta copla a una dimensi\u00f3n surrealista de perspectivas alteradas. De hecho, toda la composici\u00f3n gira en torno al acto de mirar: el novio mira a la ni\u00f1a, que a su vez se mira en el agua; nosotros, como la luna y el propio r\u00edo, como tambi\u00e9n las flores, los miramos a los dos. Mirando hacia arriba, como el novio que viene a cortejar a la ni\u00f1a, el paseante descubre siempre tesoros inesperados. Nuestro paseo comienza, por supuesto de noche, en el Paseo de la O. Poco frecuentado y guarecido por los \u00e1rboles, este lugar ofrece la calma necesaria al ensimismamiento de la ni\u00f1a y a la admiraci\u00f3n del novio. El agua chapotea entre los juncos y el viento sopla en las ramas. El tr\u00e1fico y el tumulto quedan lejos. Tal vez alguien est\u00e9 asomado a su ventana contemplando las luces de la noche.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"574\" src=\"https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-1024x574.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3873\" srcset=\"https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-1024x574.jpg 1024w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-300x168.jpg 300w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-768x431.jpg 768w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124-1070x600.jpg 1070w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/739B3323-386F-49BB-8701-194B05931124.jpg 1287w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Emilio S\u00e1nchez Perrier, <em>Triana,&nbsp;<\/em>1888-1890, Museo de Bellas Artes de Sevilla. <\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Al otro lado del r\u00edo, en el Museo de Bellas Artes, un cuadro de Emilio S\u00e1nchez Perrier, <em>Triana<\/em>, ilustra el aspecto del paseo a finales del siglo XIX: una orilla accidentada donde se elevan precariamente las m\u00edseras construcciones que conforman el arrabal. Los peque\u00f1os embarcaderos que salpican la orilla y las redes puestas a secar recuerdan la actividad pesquera en Triana. Pero el Guadalquivir, proveedor de vida, pose\u00eda tambi\u00e9n una enorme fuerza destructora. Sus devastadoras crecidas, que anegaban por completo la ciudad, han erosionado los muros en el cuadro de S\u00e1nchez Perrier. Los vecinos han construido empalizadas para moderar la bravura de su corriente y frenar la erosi\u00f3n. En la copla de Rafael de Le\u00f3n, el r\u00edo es un personaje m\u00e1s, mudo, pero con un poder de atracci\u00f3n irresistible. Sus aguas negras, nocturnas, hipnotizan a la ni\u00f1a que, a pesar del presentimiento del novio, sucumbir\u00e1 v\u00edctima de esta oscura fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>DIOSAS Y V\u00cdRGENES<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1a se transforma en la segunda estrofa. Adornada con las joyas que el novio le ha comprado en la Feria, cuando la fiesta en el Real era un evento tanto festivo como comercial, aparece en su ventana como una diosa objeto de veneraci\u00f3n. Tradicionalmente, los joyeros de Sevilla se han agrupado en el entorno de la Plaza del Salvador. La joyer\u00eda Reyes languidece en la calle \u00c1lvarez Quintero. Guardado celosamente, su espl\u00e9ndido interior modernista, \u00fanico en Sevilla, se conserva casi intacto. Por su parte, los anticuarios de la calle Acetres exponen zarcillos de coral y peinas de carey del XIX. Sin embargo, es m\u00e1s probable que el muchachillo de <em>No te mires en el r\u00edo<\/em> se dirija a los peque\u00f1os puestos de la Plaza del Pan, con sus escaparates repletos de pulseras y medallitas de plata. La gente se sigue parando a curiosear o a buscar un regalo para un bautizo. Yo mismo compr\u00e9 recientemente all\u00ed una medalla. La ventana ya no es una ventana: es un altar. La ni\u00f1a, una figura hier\u00e1tica y virginal, se encuentra en su camar\u00edn, sus joyas brillando bajo los rayos de la luna. En Sevilla, lo sagrado asalta al paseante en cada esquina. Los santos y las v\u00edrgenes nos contemplan desde una hornacina, desde una reja, desde un azulejo. Como la ni\u00f1a en su ventana, estos habitantes mudos de la ciudad se ofrecen a la mirada, a la plegaria silenciosa. La gente sigue haci\u00e9ndoles ofrendas (flores, velas), como hace el novio en la copla de Rafael de Le\u00f3n. Primas de las v\u00edrgenes sevillanas, Atenea, Diana y Venus han abandonado sus altares y presiden las salas del Museo Arqueol\u00f3gico o los patios del Palacio de Lebrija y de la Casa de Pilatos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>OFELIA AHOGADA EN EL GUADALQUIVIR<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el poema <em>Las muertes de Sevilla<\/em>, Rafael de Le\u00f3n evoca la belleza mort\u00edfera de la ciudad, que mata dulcemente a sus amantes: <em>En Sevilla se muere \/ con una muerte blanda y deseada, \/ y el dardo que te hiere \/ no es cuchillo ni espada, \/ que es de flor y de sol la pu\u00f1alada<\/em>. El mismo poeta se entrega a este hechizo y cae como una v\u00edctima m\u00e1s. Este sacrificio voluntario entronca con los misterios de las religiones paganas donde el reo, a veces la propia divinidad, acepta ser inmolado. Podr\u00edan escribirse varios libros sobre el v\u00ednculo entre Sevilla, la religi\u00f3n y la muerte. En el \u00faltimo acto de <em>No te mires en el r\u00edo<\/em>, una luna ominosa ba\u00f1a la escena una vez m\u00e1s. La ventana est\u00e1 vac\u00eda; la ni\u00f1a flota ahogada en el Guadalquivir, como la Ofelia de Hamlet. \u00bfSacrificio o accidente? Se trata del \u00fanico momento de la historia que Rafael de Le\u00f3n no nos permite \u00abmirar\u00bb. La ni\u00f1a-diosa-virgen ha bajado de su pedestal y yace en la superficie del Betis romano, cuya corriente la arrastra ante el novio horrorizado. Si, al inicio de la copla, un efecto de zoom nos acercaba a ella, ahora es ella la que se aleja de nosotros, llevada en volandas por el agua. Ni el novio, ni siquiera el narrador de la historia, pueden dominar el influjo del todopoderoso r\u00edo. Nuestro paseo termina en el Jard\u00edn Americano, junto al Monasterio de la Cartuja. Abandonado a su suerte desde hace a\u00f1os, son pocos los que se acercan a \u00e9l: algunos adolescentes se ba\u00f1an en el r\u00edo; los due\u00f1os de perros charlan en los senderos; hay gente que viene a correr\u2026 Sus especies ex\u00f3ticas, reflejadas en los estanques, y la soledad del lugar conforman un decorado especialmente propicio a la enso\u00f1aci\u00f3n. Por su parte, la pasarela fluvial permite al paseante acercarse al Guadalquivir, acariciarlo si quiere. Cuesta creer que este agua mansa, dome\u00f1ada a mediados del siglo pasado, pueda hacer da\u00f1o a alguien. Si uno se asoma por encima de la barandilla, puede ver su reflejo en el r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3871\" srcset=\"https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4-768x1024.jpg 768w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4-225x300.jpg 225w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4-360x480.jpg 360w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/57D4CC72-9B41-45CA-B856-6AD736FF97B4.jpg 1537w\" sizes=\"(max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" width=\"715\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/EBB27979-35C2-431D-849B-F638B3440B3B_1_201_a-715x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3889\" srcset=\"https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/EBB27979-35C2-431D-849B-F638B3440B3B_1_201_a-715x1024.jpeg 715w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/EBB27979-35C2-431D-849B-F638B3440B3B_1_201_a-210x300.jpeg 210w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/EBB27979-35C2-431D-849B-F638B3440B3B_1_201_a-768x1100.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 715px) 100vw, 715px\" \/><figcaption>Interior de la joyer\u00eda Reyes. <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"696\" src=\"https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/2B8C2265-DEF0-4F77-8B5E-66FC9531C1B7-1024x696.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3875\" srcset=\"https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/2B8C2265-DEF0-4F77-8B5E-66FC9531C1B7-1024x696.jpg 1024w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/2B8C2265-DEF0-4F77-8B5E-66FC9531C1B7-300x204.jpg 300w, https:\/\/bonjourseville.com\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/2B8C2265-DEF0-4F77-8B5E-66FC9531C1B7-768x522.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption><em>Y que el agua la llevaba&#8230;<\/em> (John Everett Millais, <em>Ophelia,&nbsp;<\/em>1851-1852, Tate Britain). <\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Empec\u00e9 a escuchar copla a los quince a\u00f1os. 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